Autor: Peces-Barba Martínez, Gregorio. 
   La Constitución como reglas del juego     
 
 El País.    06/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

EL PAIS, martes 6 de diciembre de 1977

OPINIÓN

TRIBUNA LIBRE

GREGORIO PECES-BARBA MARTÍNEZ

El momento español, como sustitución del régimen autoritario del general Franco

por una organización política democrática, sobre todo tras las elecciones

generales del 15 de junio, está suponiendo una, constante puesta en actualidad

de la Constitución co-mo principio organizador de la convivencia y como

fundamento de los valores y de los principios generales del Ordenamiento

jurídico que se quiere configurar. La reciente revelación del primer borrador

confeccionado por la ponencia constitucional ha popularizado aún mas el

problema, abriendo, quizás prematuramente y sobre un texto todavía inmaduro, una

polémica política y científica sobre el tema. A esta polémica no podemos estar

ajenos los socialistas, aunque esta primera intervención la hago todavía más

como profesor que como diputado y miembro de la ponencia redactora del texto,

aunque ambas condiciones estén entrelazadas y sean difícilmente separables en mi

persona.

El proceso de secularización y de racionalización del mundo moderno tiene en el

aspecto jurídico-polítíco su manifesta-¡ción en el Constitucionalismo como lo

tiene en el ámbito jurídico privado en la Codificación. A través de un

movimiento que se asume sistemáticamente a partir de las revoluciones americanas

y francesa la idea de sistema, de organización total de los poderes del Estado y

de los derechos de los ciudadanos en, una norma suprema que se llama

Constitución se abre paso progresivamente. La ideología liberal inspirará estas

primeras etapas del Constitucionalismo y a partir, sobre todo, de 1848 éste se

enriquecerá con la aportación marxista a través del socialismo democrático.

Precisamente por su carácter de norma de organización, de cauce para la

participación de los ciudadanos y de garantía de los derechos individuales, se

propugna su aprobación con el mayor consenso posible. Es producto de un pacto de

los poderes reales, que por su cauce aceptan el compromiso de respetar sus

reglas. El juego de la vida social se encauza asi a través de la Constitución.

Todos pueden obtener sus fines o al menos intentarlo a través de los

procedimientos de organización de la libertad en que consiste la Constitución.

Esta es la clave de la filosofía del Constitucionalismo, que supone la

integración, la exclusión de la ruptura de las reglas de juego, porque su propio

planteamiento incluye vías para cambiarlas. Hoy en Europa está generalmente

aceptado este camino para la ordenación de los conflictos y de las luchas,

aunque ha costado muchos años hacer comprender a unos y a otros la ventaja de la

seguridad y del saber a qué atenerse que este planteamiento supone. En esta

peculiar etapa española, quizá la primera toma de conciencia seria es la de este

compromiso de aceptación y de renuncia que supone la democracia constitucional.

Lo quiero todo, aquí y ahora, ilusión de los que tienen una prisa histórica

total, es imposible si se acepta la idea de Constitución como reglas del juego,

pero todos saben que pueden esperar alcanzar sus metas, o parte de ellas, si no

se rompe el compromiso y su verdad tiene atractivo para convencer a la mayoría.

Y este compromiso no supone relegar las críticas que se hicieron desde el

marxismo a1 formalismo y a la insuficiencia de un cierto Constitucionalismo

liberal, sino intentar modificarlo incorporándolas a otro más actual. Sí supone,

sin embargo, abandonar algunas perspectivas que gozaron de un cierto

predicamento en el marxismo de signo leninista, como la idea de dictadura del

proletariado o la ilusión, hoy históricamente indemostrable, de que podíamos, en

el reino de la libertad, donde manasen a chorro los manantiales de la riqueza

colectiva, acabar con el Estado, y consiguientemente con la Constitución, para

alcanzar la autonomía total.

Desde la perspectiva del socialismo democrático que encarna el Partido

Socialista Obrero Español hay que entender y hacer entender a nuestros hombres

que cuando el movimiento socialista se embarcó en la vía de la democracia

política éste era un camino sin retorno. Desde dentro, los socialistas podemos

construir unas reglas de juego constitucionales de democracia avanzada, en vez

de democracia clásica de signo liberal formal, y pensar desde esa plataforma

construir en el futuro la sociedad socialista. También muchas veces tendremos

que cerrar filas con demócratas no socialistas para defender sin más el cauce,

el camino en que consiste la Constitución, con la convicción de que lo peor para

nosotros, mucho peor que andar despacio, es perder el camino y volver a la

oscuridad del autoritarismo o del totalitarismo.

¿Qué queremos decir cuando hablamos de la Constitución como reglas de juego?

¿Qué contel nido tiene hoy esa idea? Evidentemente no tiene el mismo sentido que

en el siglo XIX. Precisamente por la influencia del socialismo democrático que

ha entrado en el interior del proceso, abandonando la estéril critica exterior

que no puede enderezar los errores o las insuficiencias liberales, la

Constitución puede ser hoy cauce de construcción de una democracia avanzada, a

partir de la cual, y sin renunciar a la libertad política, se puede alcanzar la

sociedad socialista.

Con estas premisas podemos entender mejor las funciones que puede hoy cumplir la

Constitu-ción como reglas de juego y que son positivas y exigen un apoyo

decidido de la izquierda real en España.

En el estudio preliminar a su recopilación de Constituciones española y

extranjeras (Madrid, Taurus, 1977) Jorge de Esteban señala las funciones

legitimadora, organizativa, jurídica, política y transformadora.

Por mi parte, prefiero hablar de las funciones legitimadora, de seguridad, de

autonomía y participación y de justicia, como principales perspectivas que la

Constitución como reglas de juego debe abrir hoy a los ciudadanos en nuestro

país.

A través de la función legitimadora, la Constitución cumple su misión de

justificación y acredita que el régimen político es un régimen moderno de

libertad y de igualdad y homologa al país en el contexto de los demás países

democráticos. Naturalmente que esta función depende de la realidad de las tres

posteriores, por-que también el Constitucionalismo puede ser la hoja de parra

que intente cubrir las vergüenzas autoritarias en muchos países. Si la

Constitución, como desgraciadamente ocurre con frecuencia, no facilita la

realización de las funciones de seguridad, de autonomía y participación y de

justicia no es más que pura retórica que tampoco realizará la función de

legitimación.

La función de seguridad es la más tradicional de las funciones constitucionales

y se comparte en las puramente liberales y en las que pretenden construir una

democracia avanzada. A su través se crea el orden, los ciudadanos saben a qué

atenerse y se construye un Ordenamiento jurídico escalonado en el que la

Constitución cumple la función de norma superior o de reconocimiento, como dice

Hart, organizando todas las normas inferiores como poderes para crear a otras y

como deberes de cumplir las superiores. El Estado de Derecho entendido como

Ordenamiento informado por los principios de unidad, de coherencia y de

plenitud, es un efecto de esta función aseguradora de la Constitución.

La función constitucional de autonomía y de participación es el camino para el

desarrollo de los individuos y de los grupos en que éste desarrolle su

personalidad, creando esferas de libertad autonomía en las que ningún poder debe

interferir al individuo y esferas de libertad participación donde los poderes se

abren a la inserción y a la voluntad de los individuos y de los grupos en su

seno. A traves de la participación -cuya forma más generalizada es el sufragio

universal, aunque no la única ni excluyente de otras formas más directas- los

ciudadanos dejan de ser súbditos y se convierten en elementos del poder al mismo

tiempo que destinatarios de las normas.

La función de justicia es la que permite a la Constitución dejar de ser

totalmente neutra y convertirse en cauce para la construcción de la democracia

avanzada, para la transformación de las estructuras y para convertir a lo formal

en real. La Justicia material no es hoy sino la libertad y la igualdad, los dos

grandes valores complementarios del mundo moderno. Una Constitución de nuestro

tiempo debe incorporar a sus reglas de juego la realización de los valores

libertad e igualdad, a través de la consideraciónn fiscal de la acción económica

de los poderes públicos, de los meros derechos fundamentales, de la

participación de los sindicatos de trabajador, de un reconocimiento estructural

del derecho a la autonomía y al autigobierno de las nacionalidades y regiones y

otros aspectos igualmente imprescindibles para la construcción de la democracia

avanzada.

Si una Constitución quiere ser realmente de consenso en nuestro país,

incorporandoi el socialismo democrático a sus filas, debe comprender

inexorablemente esta función de justicia. Sin ella no será regla de juego, ni

tendrá consenso, ni podrá realmente durar. Habremos perdido otra ocasión.

Vivimos un momento apasionante en España que conducirá a una Constitución como

reglas de juego en el sentido que aquí hemos descrito. Todos los sectores

sociales amantes de la libertad, todas las ideologías deben participar en su

construcción. A partir de ahí, sabiendo todos a qué atenernos, cada cual deberá

hacer lo posible por aportar su modelo para la sociedad del futuro. Los

socialistas estaremos presentes con la máxima intensidad y dinamismo porque

creemos en la virtualidad de nuestra solución.

 

< Volver