"Deseamos una evolución de las actuales estructuras, pero no una sustitución"  :   
 Declaraciones del vicepresidente tercero del Gobierno y ministro de Trabajo, recogidas por Radio France. 
 ABC.    21/05/1975.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

ABC, MIÉRCOLES 21 DE MAYO DE 1073. PAG. 91

«DESEAMOS UNA EVOLUCIÓN DE LAS ACTUALES ESTRUCTURAS, PERO NO UNA SUSTITUCIÓN»

Declaraciones del vicepresidente tercero del Gobierno y ministro de Trabajo, recogidas por Radio France

París, 20. (Efe.) La radio nacional francesa Radio France ha difundido en sus emisiones en castellano una entrevista con el vicepresidente del Gobierno español y ministro de Trabajo, don Fernando Suárez.

recogida en Bruselas,

El texto de la entrevista difundida por Radio France es el siguiente, en sus as-pectos más Interesantes:

—Señor ministro, coincide su llegada a Bruselas con un momento de singular expectación europea ante la evolución político-social española. Me atrevería a pedirle que trazara una relación, siquiera esquemática, de los cambios básicos que hacen creíble esa transformación en marcha.

—Bueno, lo primero que debo decir es que el momento de expectación que se aprecia en Europa es, naturalmente, un momento de expectación también en España. Es claro que estamos en un momento de evolución política y social. No creo que nadie lo pueda discutir, al margen de los deseos de unos y de otros. La sociedad española ha crecido de una manera extraordinaria en estos años, ha perfeccionado su infraestructura social y por consiguiente es absolutamente necesario que se produzca una actualización, una evidente modernización de algunas estructuras, que han servido en otra época, pero que realmente, pues, de cara al futuro pueden y deben ser modernizadas. Deseamos, efectivamente, una evolución desde las actuales estructuras, pero de ninguna manera una sustitución.

LA REGULACIÓN DE LA HUELGA

—Hace apenas una semana fue aprobado en Consejo de Ministros el proyectó de ley que reconoce, al fin, el derecho de huelga en España. Quedaba asi borrado un anacronismo regresivo, sin equivalente alguno en cualquier democracia europea. Sin embargo, varios comentaristas. Incluso dentro de España, han señalado en seguida que ese proyecto dista mucho de ser tranquilizador. Por ejemplo, se prohibe la huelga en el centro, de trabajo, la decisión de emprender una huelga ha de obtenerse por votación secreta y con la participación del sesenta por ciento del personal, es preceptivo un preavlso de cinco .días, las huelgas de solidaridad serán Ilegales, el Gobierno puede poner fin a las huelgas Ilimitadas, etc. Ante tal cúmulo de excepciones ligadas al Derecho, Imagino que no se sorprenderá cuando ahora le pregunte si eso responde a lo esperado por usted y por los propios trabajadores españoles.

—Bueno, en conjunto, a mi me parece realmente que no es muy justo dejar de reconocer la importancia que tiene el decreto en función de esas matizaciones que usted establece y que son no diré limitaciones, pero sí condicionamientos al ejercicio de un derecho. Todos los derechos, todas las posibilidades legales tienen siempre un marco de ejercicio, tienen siempre una limitación. No hay ninguna autono-

mía más que en el marco de una regulación legal, entonces, naturalmente, reconocer el recurso en España llevaba aparejada la necesidad de establecer unos ciertos cauces para su ejercicio. Como usted sabe, en este momento, todas las mayores libertades y concesiones se están utilizando desde el propio Gobierno español. Hay algunos sectores que tratan de hacer imposible la propia evolución que el Gobierno propone, y que, por consiguiente, van a tratar de utilizar, como lo han hecho ya en otras materias, cualquier resquicio no para -hacer -uso a derechas, si se me entiende bien, sino para crear mayores dificultades y para, en definitiva, imposibilitar que sea el propio Gobierno quien encabece la evolución que deseamos hacer. Nosotros, naturalmente, tenemos que pedir que los trabajadores no se dejen llevar por ninguna minoría de ningún tipo. Realmente, si deciden acudir a la huelga como último recurso en un conflicto laboral, que lo hagan con uso pleno de su libertad y, por lo tanto, por decisión mayoritaria. Lo verdaderamente democrático es que en la decisión participe la mayor parte, de los trabajadores afectados. Hemos puesto un 60 por 100 —en Alemania, por ejemplo, es el 73 por 100 en determinadas ocasiones— porque la decisión es muy importante y la mayoría debe ser cualificada, debe obedecer realmente al des«o de una amplia mayoría del personal. El preaviso de cinco días al empresario nos parece absolutamente lógico, porque no se trata de hacer daño por el daño, sino de ejercer una presión para que el empresario pueda o deba reconocer unas determinadas reivindicaciones, pero no de que no se pueda, en el momento en que se quiera recuperar o reabrir la empresa, no se pueda hacer inmediatamente; para eso; el empresario tiene que tomar unas mínimas garantías que permitan reabrir el establecimiento.

—Como usted comprenderá, y como ministro de Trabajo, no deseo en absoluto que haya huelgas, ni que se fomenten, ni que se multipliquen, deseo que los trabajadores puedan recurriría ese último procedimiento si no han tenido otro recurso hábil para obtener mejoras que en muchos casos han de ser y son legítimas.

ASOCIACIONES Y SINDICATOS

—El presidente Arias Navarro ha hecho a menudo hincapié en la necesidad ur-

gente de que se consoliden las asociaciones políticas; usted mismo se declara partidario de un sindicalismo auténtico, representativo y autónomo. Sin embargo, las asociaciones, al menos hasta el presente, no parecen sino subrayar la existencia de fuerzas políticas, que siempre han desempeñado un papel Importante en el interior del Régimen, quedando marginadas las mismas que hasta ahora lo estuvieron, en lo que al problema sindical se refiere, resulta chocante la contradicción que parece alzarse entre sus deseos y el análisis. de un sindicalismo no más heterodoxo que el habitual en cualquier otro país europeo. ¿Dónde se sitúa, pues, el freno?, ¿quién aviva ese desajuste entre las Intenciones y la realidad?

—Son dos temas distintos los que usted me plantea: el que se refiere a las asociaciones políticas, ciertamente las primeras manifestaciones del movimiento asociativo, pues, responden a fuerzas o sectores que, de alguna manera, han jugado un papel en el seno del Regimen.

Pero de lo que se trata no es de que sean las fuerzas actuales, las pasadas o las que pueda haber en el futuro, sino que de lo que se trata realmente es de que el tradicional mecanismo de adhesión a los que mandan, es decir, de que la suprema confianza estaba depositada en el • Jefe del Estado y ´a partir de ahí cada autoridad tenía un papel reflejo al del Jefe del Estado, se convierta en un movimiento auténticamente de participación.

Es cierto que no hay ninguna fuerza política de las que hasta ahora ha estado fuera del Régimen que éste decida a integrarse. Pero a mí me parece que es extraordinariamente importante el hecho de que se demuestre con la realidad que es perfectamente posible opinar de distinta manera sin ser por ello ponerse excluido de la concurrencia política. Naturalmente, lo primero que hay que exigir es el respeto a la Constitución, esa es la razón por la cual algunas fuerzas políticas no quieren integrarse, porque empiezan por poner en tela de juicio la Constitución.

Y yo estoy absolutamente convencido de que ningún país del mundo cambia su Constitución si no es por los procedimentos previstos en la misma. Y, por consiguiente, lo primero que tengo que pedir a quien desee hacer una propuesta de reforma de Constitución es que la haga desde el lugar institucionahnente apto, no desde la calle o desde la marginacíón.

Los trabajadores españoles, hablando, por supuesto, en grandes mayorías y en líneas generales, desean que el sindicalismo sea verdaderamente representativo, es decir, que sea auténtico y responda a las necesidades y a las intenciones de la llamada base.

Nuestra operación tiene que consistir en conservar la unidad sindical y entender la libertad no como pluralismo de Sindicatos, sino como la libertad de esa Organización Sindical respecto del Gobierno o respecto de los empresarios; en esa linea se avanza y yo estoy convencido de que, en la medida en QU:I el sindicalismo sea autónomo, representativo y democrático, la necesidad de que haya varios Sindicatos ésa la sentirán mucho menos y la sienten mucho menos los trabajadores españoles de lo que puede parecer.

 

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