Autor: Sender, Ramón J. . 
   La idiotez terrorista     
 
 Blanco y Negro.     Página: 22. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

LA IDIOTEZ TERRORISTA

SEGÚN Santo Tomás, en la Summa famosa. Dios prefiere él pecador inteligente al tonto virtuoso. SI es asi, I o s terroristas de un campo u otro están perdidos, porque no h a y gente más estúpida en el universo. Y lo digo yo, que he conocido a alguno de ellos en mi juventud.

Desde luego, es más fácil disparar un tiro que escribir un libro o componer un poema o una sinfonía. Más fácil matar al vecino de enfrente que construir una casa, descubrir un nuevo elemento químico e incluso mucho más fácil que preparar un buen almuerzo o bañar a un bebé. Disparar un tiro es la cosa «ñas fácil del mundo. Sólo es necesario encontrar un blanco o, como se dice en la guerra, un «banco de tiro». Góering dijo en Munich cuando le preguntaron por qué destruyó Guemica que «por el momento no tenían otro campo de tiro».

Se comprende, ¿verdad? Matar es muy fácil. Morir, también. Lo difícil es vivir de un modo inteligente. Disparar un tiro es más fácil que discutir con un discrepante sobre materias sociales, morales o religiosas. Se aprieta el gatillo y ya está. Sólo que, como decía mi abuelo campesino, «la sangre llama a la sangre». Y una vez comenzada la tarea puede ser el cuento de nunca acabar y la nación entera convertirse en un cementerio. En nombre de la libertad, de la dignidad, de la ortodoxia, de la heterodoxia, de un «slogan» de Lenin. de Stalin, de Mussolini o de Hitter. En nombre de Torquemada o de Lulero o de Miguel Servet o del moro Moza.

Claro es que el campo de tiro trae consecuencias. Unos fueron ahorcados y otros se suicidaron. Pero eso es en tiempos de guerra, donde se enfrentan dos naciones y funciona un código de justicia umversalmente aceptado según los derechos a la supervivencia. Cuando se trata del terror dentro de un país, y por razones sociales o políticas, por encima de la justicia debe estar (según todas las religiones, especialmente la católica) la piedad, es decir, la caridad, es decir, la persuasión por el diálogo. Esto tiene también raíces oivHes en la Idea largos siglos sostenida de que el delincuente es producto de la sociedad en la que nació y creció.

Es decir, que la sociedad dominante tiene la obligación de crear bastantes escuelas, tener bastí antes maestros, abrir bastantes bibliotecas públicas para que el joven ciudadano se forme y sea útil al grupo social y a la patria. Claro es que resulta más fácil andar a tiros que fundar Instituciones en las que se estudien las culturas galaicoportuguesa, catalana, vasca, arábigo-andaluza, semítico levantina, ibérica o céltica. España podría ser un maravilloso laboratorio en ese sentido y un ejemplo a seguir para otros países. Por algo de Tarsis (más tarde, Cádiz) salían barcos que tenían en la proa una cabeza de caballo y que navegaban ya más allá del cabo de Buena Esperanza mil años antes de nuestra era. De esos barcos de Tarsis con proa de caballo habla ya Hornero.

La patria es cuestión de tolerancia, amistad, cultura y trabajo. El terrorista es un idiota, cualquiera que sea su bandera y su campo. Un atrasado mental que sólo sabe matar y morir.

|Vaya una gracia! Todos nosotros sabemos matar y morir. Lo interesante comienza fuera de esas dos aptitudes que tienen los animales más grandes, como los elefantes, o los infusorios. sólo visibles con microscopio. Y no se diga que hay razones, motivos y disculpas.

Uno recuerda con melancolía las últimas palabras de Julio César antes de morir asesinado (según la tragedia de Shakespeare). «¿Por qué no hemos de ser todos amigos?».

Pero también eso supone ?:-guna inteligencia.

Ramón J. Sender

 

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