Autor: Areilza y Martínez-Rodas, José María de. 
   La prueba del fuego     
 
 Blanco y Negro.     Página: 25. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LA PRUEBA DEL FUEGO

LA economía de occidente ha atravesado ya la mitad del camino de la prueba de fuego. Cuando hace dos arios se desencadenó la brutal subida del precio del petróleo, con motivo o pretexto de la guerra del Kippur, muchos comentaristas, enemigos d e I sistema económico de occidente, ento-n a r o n anticipados cánticos funerales al neo-capitaüsmo y a la tecnología industrial más avanzada, pronosticando su próxima e inevitable ruina. Algún día se sabrá por quién y por qué se organizó esta alza inesperada y repentina que inició el ciclo de la crisis económica actual. Yo tengo mi opinión personal sobre esta extraña y sorpresiva operación, protagonizada por unos, y quién sabe si inspirada por otros. El caso es que una inmensa conmoción agitó los cimientos sociales de la Europa no comunista, de Norteamérica y del Japón, en proporciones y rapidez inimaginables. Los saldos en divisas de petróleo se acumularon en forma gigantesca en las cuentas de los países vendedores y los países compradores, con alguna excepción —Alemania, por su fortaleza; Estados Unidos, por su relativamente pequeño porcentaje de petróleo importado—, vieron disminuir sus reservas en forma notable. Los agoreros´ se frotaban las manos. Esta vez sf que st. La economía del mercado; la estructura empresarial; la libre iniciativa; el sistema multinacional, en fin, todo eso que constituye la esencia del mundo neocapitalista se vendría abajo de una tacada. Y con ello las democracias políticas, símbolo y necesidad de aquellas formas económicas y sociales para organizar la vida pública en esas naciones.

Pues resulta que no. Que al reunirse los países vendedores hace unos días y tirarle otro viaje a las economías de los países compradores, aumentando el precio de los crudos en un 10 por 100, para ver si las desbaratan definitivamente, lo que se ha visto es que, pese a la situación difícil y grave en muchos casos, con alto nivel de desempleo, inflación mal controlada, desorden monetario y alta tensión social, las naciones de la Europa democrática, los Estados Unidos y el Japón, han hecho frente a la tremenda crisis con gran eficacia y flexibilidad, y están dispuestos a enjugar ese nuevo porcentaje sin que se alteren los supuestos fundamentales del mecanismo económico. Al cabo de dos años de crisis se observa que el sistema neocapitalista ha funcionado con resultados sorprendentes para los propios Gobiernos, cuyas medidas, por si solas, no hubiesen logrado encauzar la formidable catástrofe que se avecinaba y que los socialismos europeos tampoco hubieran digerido de no haber existido una infraestructura empresarial que salvó, esencialmente, la situación.

Los grandes y dramáticos perdedores de esta crisis han sido los países no desarrollados, sin petróleo en el subsuelo, el cuarto mundo, como ahora se le llama. A ellos les ha caldo, como plaga bíblica, la maldición del encarecimiento, cuyas consecuencias trágicas futuras —hambre, penuria, revoluciones, desesperación— no se pueden sino intuir. El alza del petróleo habrá servido para hacer mucho más pobres a los que ya lo eran, empujándolos a situaciones limites.

La prueba del fuego durará un par de años todavía, pero ya se ha visto que el navio de la economía occidental es sólido y aguanta los temporales sin necesidad de campos de concentración, de minas de sal ni de amordazar a los escritores, ni de privar a los ciudadanos de las libertades públicas, ni de archipiélagos del Gulag. NI tampoco de acudir a los libróles de Marx para analizar los fenómenos singulares y novedosos de la economía y de la sociedad desarrollados a fines del siglo XX.

José María de Areilza

 

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