Autor: Castro Zafra, Antonio. 
   Cuando la Iglesia pide     
 
 Arriba.    11/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

CUANDO LA IGLESIA PIDE

Al parecer, no bastan los Pactos de la Mondad, y habría que negar a otro, ahora

entre la Iglesia católica y el Estado, según puede desprenderse de la última

carta del cardenal Tarancón. «La iglesia no pide privilegios -escribe el

arzobispo de Madrid-, sino que el Estado sencillamente acepte su colaboración

para cooperar con todas sus fuerzas -que no son pocas- al bien común de esta

sociedad en la que esté inmersa.»

Para «cooperar» hace falta todo este tumulto? La cooperación comienzo

automáticamente desde que se ofrece. Pero si lo que se pide es que la oferta sea

tenida en cuenta, la cooperación es injerencia.

El cardenal Tarancón continúo, pues, lo batalla que desencadenó previamente con

su discurso o la asamblea de obispos, en el que no tañaban matices inquietantes

-aviso de que la convivencia entre los españoles no seria factible sin escuchar

o la Iglesia- y que alcanzó todo su despliegue cinco días más tarde con el

documento firmado por tos obispos sobre el futuro texto constitucional.

Quiera o no el cardenal Tarancón, su carta no es uns justificación que quite

hierro a las posibles tergiversaciones del documento de los obispos, sino que

aporta más metralla o más luz -es lo mismo- a este obietivo que deben haberse

propuesto los obispos que se tenga en cuenta a la tajeeia católica. Hoce unos

dios heaios celebrado en el diario ARRIBA una especie de «cumbre de religiones»,

a la que asistieron representantes de las principales confesiones. Pues bien,

todos los no católicos, absolutamente todos, expresaron sus recelos ante el

documento de tos obispos sobre la Constitución «La iglessia católica quiere

perpetuar sus privilegios», ero lo conclusión generot. «Para que un privilegio

no lo sea -apostilló el lesufta Corral, por los católicos- cuando se pido algo

debe pedirse para todos.»

La «cumbre» de ARRtBA demostró tres cosas que debería tener en cuenta la

jerarquia católica:

1.º Que existe une decidida voluntad de cooperación entre las confesiones

religiosas: todos estarían dispuestos o sentarse en torno a una mesa con la

Iglesia católica para abordar, por ejemplo, un tema de interés común como puede

ser el tratamiento que hay que dar al hecho religioso en la Constitución

española.

2.º Que coexisten con la Iglesia católica una serie de minorías religiosas a las

que no se les reconoció voz hasta ahora. La Iglesia católica, que aprovecha

cualquier oportunidad para recordar ahora al país que desde los últimos seis o

siete años jugó a la contra y criticó la dictadura franquista -el cardenal

recuerda hoy el riesgo de ciertas afirmaciones de independencia eclesiásticas-

debería tener en cuento a estos miles de cristianos -por ejemplo, ios creyentes

protestantes- vapuleados y humillados durante treinta años. (Si queremos

condecorar la independencia religioso ante el Estado, no les van a caber las

medallas en el pecho a tos protestantes y a los judios.) Como católico me duele

profundamente que la jerarquía católica ignore la voz de estas minorías (todavía

oigo las quejas del pastor Monroy en la «cumbre»: «me gustaría que siquiera por

una vez la Iglesia católica se acordara de mi que no soy católico, y defendiera

mis derechos de creyente»).

3.º El escaso, por no decir nulo, espíritu humanístico de la iglesia católica

española. La abnegada tarea que realiza un grupo de valientes curas,

capitaneados por un obispo de talla adecuada, Antonio Briva (sus declaraciones

aparecen hoy en «ARRIBA dominical») es sistemáticamente ignorada. Algún día

habrá que contar la aventura secreta de estos hombres y los oscuros intereses

que torpedean sus trabajos. La carta del cardenal Taroncón era una espléndido

oportunidad para acoger la inquietud y la ansiedad expresadas públicamente por

esas minorías religiosos Pero lo oportunidad se ha perdido.

Todo el panorama político español es hoy un espléndido cuadro de convergencias,

de unidad y de pactos. No hsy excepciones, en la política. Pero esta lección no

ha sido aceptado por la jerarquía católica, que sólo parece dispuesta a tender

su msno hacia los no católicos desde las alturas del paternalismo.

Paradójicamente, recogiendo la voz de las minorías no católicas, la jerarquía

católica española podría hablar con más fuerza al país. Pero ya no sería con su

voz exclusiva.

Mientras que lo jerarquía católica española habla en nombre propio y no asuma

responsablemente su papel de mayoría religiosa, será inevitable que sus

peticiones sean interpretadas invariablemente como injerencias y afán de

privilegios. A nadie va a convencer de lo contrario. Antonio CASTRO ZAFRA

Demingo 11 dicbre. 1977

 

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