Autor: Rojas y Ordóñez, Eduardo de (CONDE DE MONTARCO). 
   La participación     
 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 9. 

ABC

LA PARTICIPACIÓN

SE ha dicho cumplidamente que «la apertura» no quiere decir nada si no se refiere a «qué» y a «quiénes» se va a abrir la acción política. No parece que haya dudas acerca de cuál es el fin, o qué es el objetivo, puesto que se refiere a la participación. En cambio, muy poco se concreta respecto a ´quiénes van a participar.

Hasta ahora la participación política de los españoles quedaba reducida a votar en los referéndum, con toda clase de facilidades, y sólo unos cuantos —los cabeza de familia—, en elecciones restringidas a los cupos familiares. Existen otras elecciones de carácter profesional —sindicales—, de segundo y tercer grado —a través de mandatarios—, cuya complejidad se presta a posibles manipulaciones de la voluntad, del mandato, de la base. Otras formas de participar lo son tan minoritarias, y reducidas a ciertos estamentos, que no pueden considerarse a escala nacional.

Se ha de suponer, por tanto, que abrir la participación de los españoles en la acción política será algo más que unos pequeños retoques a la ya existente, porque de no ser así nada se adelantará. Significaría seguir como unos menores sometidos a tutela. Sería dejar subsistente el criterio peyorativo de que somos un pueblo incapaz de asumir responsabilidades y sin posible madurez, condenado para siempre a un infantilismo, en virtud de ese círculo vicioso que no se atreven a romper los paternalistas.

Pero si, afortunadamente, se entiende que la participación es actuar en la política española exponiendo las distintas opciones —dentro del marco constitucional vigente— que esta política puede tener, aparece, en seguida, Ja cuestión de quiénes van a actuar exponiendo sus opiniones y cómo las van a hacer prevalecer.

Porque si sólo se trata de exponer opciones, más o menos brillantemente, bastaría con habilitar, para los exponentes, la Academia de Ciencias Morales y Políticas.

Está claro que si se abrjs una participación política será para que los políticos puedan aspirar —con la aquiescencia de una base popular -y por mandato de ésta— a llevar una opción política a la gobernación del país. Así se cumpliría el postulado democrático que ahora está faltando. Y también aparece con claridad que las distintas opciones políticas, para el país, no pueden estar representadas por las individuales opiniones de todos los españoles capaces de representarlas (puesto que se originaría un multipluripart.i-dismo infernal), sino por agrupaciones de ancha base nacional partidarias de una opción solvente, contrastada y legal.

Desde 1939, al terminar la guerra civil, la acción política se ha ejercido, mediante designación de Franco, por los grupos o personas integrados en F. E. T. y de las J. O. N. S., primero, y en el Movimiento, después. Como es natural, los partidos de izquierda que acaudillaron el campo republicano durante la guerra quedaron excluidos a la hora del triunfo contrario. De modo que, a lo largo de estos treinta y cinco años, no han actuado en la política española nada más que personalidades procedentes de antiguos partidos ubicados en la derecha b el centro, y personas independientes con propio relieve técnico o moral.

Hay que reconocer que ésta no es una situación normal. Pudo ser natural, durante unos años, que la izquierda vencida tuviera que aceptar unas formulaciones políticas en el país conforme a la opinión ´de los vencedores (de haber vencido las izquierdas hubieran hecho lo mismo o aún de peor manera). Pero, a lo largo de todos estos años, aunque han desaparecido muchos de los que en 1936 creían en las fórmulas socialistas, han sido reemplazados por muchos jóvenes que también creen en modernas formas del socialismo y no entienden ni aceptan la mar-ginación de sus ideas. Ahora son una parte considerable del país,llevados por las tendencias socialistas contemporáneas y como lógica reacción contra una tan larga gobernación de las derechas. Aunque a éstas no les haya faltado un hondo sentido social y el logro de tina innegable prosperidad y elevación general del nivel de vida.

Si se observa «1 .panorama político mundial no es fácil encontrar un país de política normalizada sin una fuerza socialista integrada en el sistema, exceptuando a los Estados Unidos. Por no existir en España, desde hace ya años, una izquierda auténtica tolerada, han intentado suplantarla muchos, pero sin reunir las condiciones necesarias. Ni tenían base popular ni reunían las condiciones de dirigentes de masas obreras. Acaso ha sido un error del Régimen, en estos últimos tiempos, no haber dejado que se hicieran y consolidaran unos verdaderos dirigentes socialistas, dejándoles actuar dentro del sistema en vez de perseguirles. Hoy sería ese socialismo auténtico una fuerza —además de las de derecha y centro— para equilibrar la política española con varias opciones. Hace ya diez años, en un li-brito titulado «25 años de paz», exponía estas mismas ideas.

La apertura a una nueva participación no puede hacerse pensando en el pasado, sino en el futuro. Y si, mientras ha durado una mentalidad política heredada de la guerra, ha podido mantenerse al margen de toda participación a las izquierdas, no podemos dejar fuera de juego a una gran - parte de españoles para cuando el Príncipe se convierta en Rey. Comprendo, por propia experiencia, que les sea difícil desprenderse de esa mentalidad a aquellos que, tras cruenta lucha, hicieron triunfar sus ideales, pero hemos de pensar en adaptar las ideas a las circunstancias y a los habitantes de esta España actual, tan distintos, unas y otros, de los de 1939.

El conde de MONTARCO

 

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