Autor: Sáenz-Díez, Margarita. 
 El general Díez Alegría, en Barcelona. 
 "La reforma constitucional es preferible al "todo o nada"     
 
 Informaciones.    27/05/1975.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

EL GENERAL DIEZ-ALEGRIA, EN BARCELONA:

«LA REFORMA CONSTITUCIONAL ES PREFERIBLE AL "TODO O NADA"»

BARCELONA, 27. (INFORMACIONES, por Margarita Sáenz Diez.)—«Creo que las leyes constitucionales dan cauces para una reforma constitucional, que en cualquier caso es preferible al "todo o nada". Es mucho mejor reformar un edificio que derrumbarle sin saber lo que se va a construir después allí. Y ello creo que estará de acuerdo con los criterios expuestos por el Gobierno.»

Estas declaraciones del teniente general Díez-Alegría —que publica esta mañana «La. Vanguardia»— puntualizan quizá con más claridad que nunca la posición política del prestigioso y polémico militar: «La Monarquía —continúa—, además de ser la solución legal, me parece la más adecuada para el momento actual. Asimismo no puedo olvidar que he vivido bajo la Monarquía, he servido a la Monarquía —el Bey presidió mi jura de bandera— y recuerdo este tiempo con afecto y respeto.»

Don Manuel Díez-Alegría ha venido a la Ciudad Condal para dar una conferencia sobre «El papel del Ejército en la sociedad moderna». La importancia y trascendencia de su visita no estriba precisamente en el contenido de su disertación, que no se diferencia fundamentalmente de las teorías defendidas en su libro. Lo inaudito y estimulante de la visita del teniente general fue que en el diálogo que siguió a la conferencia, además de dar una vez más la medida de su talla personal, aceptó con talante abierto y enorme comprensión una serie de preguntas que bastantes hubieran evitado.

AGOTADAS LAS INVITACIONES

El salón de actos de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales —«otras puertas se nos habían cerrar do», diría el presidente de la Asociación Profesional de Universitarios Españoles, organizadora de la conferencia— estaba a rebosar. La petición de invitaciones para asistir al parlamento rebasó con mucho la capacidad del local. Bastantes quedaron sin verle ni oírle. Desde muy de mañana, en la puerta de la sata de la Asociación colgaba un cartelito que rezaba así: «Agotadas las invitaciones de la conferencia del general Díez-Alegría.»

Entre los afortunados predominaban los nacidos después del 39. También estaban presentes algunas personalidades de las que se les -vincula con la denominada Oposición Democrática Catalana y un grupo de los «que hicieron la guerra». La ausencia de corbatas era casi una constante en la audiencia, salvo algunas excepciones. Los aplausos que acompañaron o estuvieron ausentes tras afirmaciones de algunos de Jos asistentes o del propio conferenciante matizaban prácticamente las actitudes de unos y otros ante Jas realidades pasadas y presentes.

Actitudes que no corresponderían forzosamente a referencias cronológicas. Según se comunicó a los primeros en llegar, las dos filas delanteras estaban destinadas a las autoridades. En ellas tomaron asiento solamente el rector de la Universidad Politécnica, doctor Ferratei, y el director de la Escuela de Ingenieros. El resto de los asientos acabó llenándose por varios de los que se apretujaban en los pasillos laterales. Así, pues, la aséptica -disertación de don Manuel Díez-Alegría fue prácticamente el preludio de un vivo debate, durante el cual el general del Alto Estado Mayor debió recordar varias veces que estaba en activo.

Las preguntas fueron los temas que están en la calle, que se discuten en los cenáculos políticos y que preocupan a muchos.

«EL EJERCITO NO ESTA PREPARADO PARA HACERSE CARGO DEL PODER»

El conferenciante sorteó con habilidad de malabarista las cuestiones más directas.

Una de las intervenciones más aplaudidas fue la de un «hincha» del general, calificativo que se otorgó el propio asistente. El acérrimo lector de cuanto ha escrito el general Díez-Alegría quería saber, con los debidos respetos para quien hubiere lugar, cuándo «don Manuel» ocuparía altos cargos de responsabilidad civil. «Creía que tenia usted buenos sentimientos hacia mí», respondió el general esbozando una amplia sonrisa.

Cuando otro de los asistentes le encareció que definiera al enemigo Interior, el conferenciante dijo: -«Eso es una definición política que corresponde al Estado.»

En otro momento del coloquio, interrumpido por las sonrisas y los aplauso. de los asistentes, afirmó: «Creo que el Ejército no está preparado para hacerse cargo del Poder.» Y cuando fue requerida su opinión acerca de los Tribunales militares que juzgan a los civiles, manifestó: «Esa es una cuestión pura y absolutamente política.»

A las preguntas sobre el papel del Ejército en una sociedad en la que sus dirigentes intentarán establecer unas determinadas formas autoritarias o sobre las posibles incidencias de actitudes graves por parte de Ejércitos de países vecinos, el general respondió en los siguientes términos: «Se sale del tema. El Ejército hará lo que convenga en cada caso; el Ejército está al servicio del Estado.»

También son de destacar las declaraciones de don Manuel Díez-Alegría a «Diario de Barcelona». A las preguntas del entrevistador acerca de la necesidad .de un Ministerio de Defensa, el general significó: «Creo que el Ministerio de Defensa es una de las soluciones más sencillas de las posibles para coordinar a los tres Ejércitos. Pueden idearse otras soluciones para esta coordinación.»

En cuanto a la conferencia, el teniente general se refirió ampliamente a las características y misión del Ejército y a la crisis por la que atraviesa respecto a esa misión. Crisis que afecta igualmente a la sociedad actual. Diferenció a continuación la exaltación de los valores morales nacionales, de la politización de las fuerzas armadas: «Una cosa no tiene nada que ver con las otras.» La licitud o ilicitud de la guerra fue asimismo estudiada por el general, que hizo abundantes referencias u textos del Concilio Vaticano II: «Acabar con la guerra —dijo en otro momento de su disertación— es un imperativo que la Humanidad debe tratar por todos los medios de cumplir, pero la guerra, con la actual organización de la sociedad, y posiblemente también con cualquier otra, es un hecho ante el que no podemos cerrar ios ojos.»

 

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