Autor: Ciordia, Camino. 
 Entrevista con el Ex ministro Señor Fernández de la Mora. 
 "Mis posiciones doctrinales y políticas no han cambiado en nada sustantivo"     
 
 Sábado Gráfico.    21/03/1974.  Página: 30-31. Páginas: 2. Párrafos: 58. 

ENTREVISTA CON EL EX MINISTRO SEÑOR FERNÁNDEZ DE LA MORA

«MIS POSICIONES DOCTRINALES Y POLÍTICAS NO HAN CAMBIADO EN NADA SUSTANTIVO

«Ahora tengo un conocimiento más empírico y realista de nuestro país».

«Yo no he pertenecido a la Falange, pero suscribiría el discurso de José Antonio en la Comedia».

«Mientras tuve responsabilidades de Gobierno sólo firmé dos artículos en "ABC"».

«"Diego Ramírez" ha hecho amplio y lícito uso de ideas expuestas por mí».

«Me hubiera hecho ilusión inaugurar las Avenidas de la Paz y del Manzanares».

GONZALO Fernández de la Mora es un hombre que, a pesar de su juventud, cuenta en su haber con un intenso y muy amplio «curriculum» que abarca una serie de campos diversos, pero igualmente interesantes.

Reconocido articulista en los medios periodísticos, esta es una actividad en la que había cesado durante su mandato como ministro de Obras Públicas idebido —quiero pensarlo—a un lógico pudor ético. Sin embargo, tal y como anuncia en esta entrevista, la de articulista y colaborador periodístico es una labor que piensa reanudar en breve.

Como escritor, sus libros han tenido siempre una excelente acogida entre el sector de público interesado en los temas que, siguiendo su línea ideológica y su óptica del mundo, Fernández de la Mora ha sabido tratar de forma acertada. De todos ellos, «El crepúsculo de las ideologías» ha sido el que mayor resonancia y aceptación ha tenido, hasta el punto de encontrarse agotada en España la quinta edición y estar a punto de salir la sexta, que se publicará en Bogotá.

En cuanto a su faceta de hombre político, aunque es indudable que nunca llueve a gusto de todos, hay que recordar que durante.su mandato como ministro de Obras Públicas hizo y comenzó una serle de obras —algunas de ellas no se pudieron finalizar— de indudable interés, como el Plan Nacional de Autopistas, por citar una de ellas. Diplomáticamente es un hombre preparado, interesante, aunque sus actividades están ceñidas en estos últimos tiempos a su cargo de Director de la Escuela Diplomática.

Pero, probablemente, por encima de todo esto lo más sobresaliente de Gonzalo Fernández de la Mora es su extensa cultura. Sin hacer de menos sus otras facetas, me atrevería a señalar ésta de hombre culto por encima de todas las demás. Quizá porque la cultura será una constante en su personalidad, mientras que los cargos o los trabajos son algo, sin duda alguna, mucho más efímero.

En esta entrevista, la única que Gonzalo Fernández de la Mora ha concedido desde poco antes de cesar como ministro de Obras Públicas, se han tocado una serie de temas que, en estos momentos, pueden revestir gran interés, como sus actividades literarias, la Falange, la política y un ligero repaso a su etapa de ministro.

Gonzalo Fernández de la Mora nos recibe en su despacho de la Escuela Diplomática, en la Ciudad Universitaria de Madrid.

¿Desde cuándo está usted en esta Casa?

—Desde mi toma de posesión a finales de enero.

—¿Contento?

—Mucho.

—Al reincorporarse al servicio activo en su carrera, ¿no hubiera preferido una misión en el extranjero?

—Ahora, no.

—Este es un puesto desempeñado habitualmente 30 por diplomáticos que han llegado a la suprema categoría del escalafón: la de Embajadores de España. ¿Es este su caso?

—Así es. Ascendí al grado superior de mi carrera en diciembre del pasado año, días antes del magnicidio.

—¿Piensa modificar el Plan de Estudios?

—Todavía no tengo un esquema completo; pero ya lie introducido algunos retoques y me propongo seguir una línea perfectiva, aunque dentro de la continuidad. Soy, por principio, contrario a los cambios bruscos, a los seísmos, aunque sean sólo administrativos.

—¿Piensa usted dictar algunas lecciones?

—Sí; probablemente dentro del curso de Historia de la Cultura Española.

—¿´Ha variado su visión de España en el tiempo transcurrido desde que desempeñó usted la Subdirección General de Relaciones Culturales?

—De eso nace bastantes años. Después fui Subsecretario de Asuntos Exteriores y luego Ministro de Obras Públicas. Ha sido una etapa muy Importante en mi vida. Ahora tengo un conocimiento más empírico y realista de nuestro país. Pero mis posiciones doctrinales y políticas no han cambiado en nada sustantivo. ´Debo mi interpretación de nuestro pasado a Menéndez Pelayo y a los hombres que, con Maeztu, se integraron en el grupo de «Acción Española». Ninguna de sus verdades ha perdido actualidad. Antes al contrario, creo que hoy la tienen mucho más que en cualquier otro momento de 4a década de los años sesenta.

—Se remite usted al sector que podríamos llamar tradicional. ¿Qué opina de la Falange?

—Yo no he pertenecido a la Falange. Pero el discurso de José Antonio Primo de Rivera en el Teatro de la Comedia es, a mi opinión, uno de los textos políticos españoles más importantes del siglo. Hoy mismo lo suscribiría prácticamente en su integridad.

—Hablemos de su libro más famoso y comentado, «El crepúsculo de las ideologías». Si tuviera que reeditarlo, ¿qué es lo que modificaría?

—Nada. A finales del pasado año apareció la versión portuguesa, que es traducción literal de le quinta edición castellana, impresa en mil nove cientos setenta y uno. Ahora está en prensa li sexta edición española, que se publicará en Bo gota. No pienso modificar ni una línea, pero er el capítulo cuarto me propongo añadir un nueve apartado, recogiendo la reciente tesis de Gal braith sobre 1a tecnoestructura, que, con posteridad a mi libro, confirma mi diagnóstico de la convergencia de las ideologías.

—¿Se propone escribir una segunda parte?

—En cierto modo lo estoy haciendo. Mi discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, titulado «Del Estado Ideal al Estado de razón», fue el principio de dicha segunda parte. Estos días he comenzado a redactor el resto. Me gustaría poner el punto final dentro de este año.

«El asesinato de Carrero Blanco es una operación inteligentísima.

No pudo asestarse un golpe más duro contra la continuidad del Estado del 18 de Julio».

«Carrero Blanco hubiera sido el franquismo después de Franco».

—Usted ha escrito muchos artículos en los periódicos, pero hace años que ya no. colabora en la prensa. ¿Por qué?

—Mientras tuve responsabilidades de Gobierno sólo firmé dos artículos en «ABC». Las razones son obvias. Pero ahora me propongo reanudar la colaboración.

-—¿Con los artículos de crítica de libros de pensamiento que protagonizaban su polémica sección?

—No. Aquellos trabajos, que están recogidos en siete volúmenes que totalizan casi tres mil páginas, fueron una operación de filantropía intelectual, es decir, de tiempo dedicado a difundir los valores de los demás. Ahora quisiera concentrarme en mis propios planteamientos. Acabo de terminar un artículo titulado «Maeztu, razón de la victoria», que servirá de introducción a un número extraordinario de «ABC» sobre don Ramiro con motivo del centenario de su nacimiento. Ahora tengo un par de artículos más «in mente».

—En cierta ocasión usted dijo que no era «Diego Ramírez», porque mucha gente le atribuía tal seudónimo. ¿Qué opina de él?

—Me interesa extraordinariamente el fenómeno «Diego Ramírez». Si no recuerdo mal, escribió sólo tres o cuatro artículos, y con ellos conquistó un puesto de primera fila en el periodismo político español. No conozco precedentes de tal hazaña.

—Pero, ¿coincide con las ideas de «Diego Ramírez»?

—Yo más bien diría que «Diego Ramírez» ha hecho amplio y lícito uso de ideas expuestas por mí a lo largo de muchos años en diez libros y varios centenares de artículos. ¿Cómo no voy a estar de acuerdo?

¿Se considera políticamente en activo? .—Sí; desde luego.

—¿De qué empresa o programa se siente usted más satisfecho como Ministro de Obras Públicas?

—Me resulta difícil elegir. Permítame que cite entre mis predilectos el Plan Nacional de Autopistas, los Planes Regionales de Carreteras, como el de Accesos a Galicia, el Trasvase del Ebro, el Plan de Infraestructura del Mediterráneo y el Superpuerto de Bilbao. Todos ellos son hitos en la historia de la infraestructura de España.

—¿Cuál es la gran obra que no pudo hacer?

—Preferiría hablar de las grandes obras que no he podido terminar totalmente, que son todas las anteriores. Me hubiera hecho ilusión inaugurar la Avenida de la Paz y la del Manzanares de Madrid,

que he dejado muy avanzadas, y el acceso a Galicia por el Valle del Sil.

—Pese a su juventud, dispone usted de una larga e intensa experiencia política. ¿Se propone transmitirla a los demás en algún libro de memorias?

—Desearía que la muerte se me acercara con la lentitud suficiente como para permitirme redactar un libro autobiográfico. Ya tengo el título: «Río arriba». Pero me parece que mi experiencia política ocupará sólo una pequeña parte de la obra. Creo que la vida en general, y desde luego la mía, es mucho más ancha de la política.

—¿Hay una nota despectiva en este juicio?

—No exactamente. En mi libro «El crepúsculo de las ideologías» hay un apartado que se titula «Del poder a la autoridad» en el que escribo algo de lo que pienso sobre la cuestión.

—¿Defraudado de la política?

—En absoluto. Haber trabajado por España cerca de Franco es un privilegio histórico.

—Como diplomático, ¿cuál es su diagnóstico del panorama internacional?

—Continúa el proceso de distensión entre los Estados Unidos y la URSS. Es un dato positivo. Pero . la crisis energética ensombrece el horizonte a corto plazo.

—Y como político, ¿qué diría usted sobre la nueva etapa?

—Considero que el asesinato del Presidente Carrero Blanco es una operación inteligentísima. No pudo asestarse un golpe más duro contra la continuidad del Estado del dieciocho de Julio. Deseo muy firmemente que el nuevo Gobierno, en el que figura algún hombre al que profeso gran admiración, cumpla con realismo y prudencia la gran operación histórica que, sin duda, hubiera llevado a feliz término el Almirante.

—¿Cuál es, exactamente, esa operación?

—Mantener, después de cumplidas las previsiones sucesorias, el sistema de instituciones que nos ha proporcionado el período de más orden, más justicia y más desarrollo de la historia de España. La humilde grandeza de Carrero consistía en ser una prolongación, más joven, de Franco. Por eso nadie mejor que él para realizar lo que, en más. de una ocasión, se ha llamado «el franquismo después de Franco».

—¿Cree usted que eso es históricamente viable?

—Algo análogo se ha hecho muchas veces en el pasado. Sólo citaré dos ejemplos actuales y próximos:. Pompidou es el gaullismo después de De Gaulle, y Caetano el salazarismo después de Salazar. Carrero Blanco hubiese sido el franquismo después de Franco.

—¿La continuidad le parece, pues, un valor capital?

—En este caso sí, porque es continuidad de lo mejor, no de lo peor. Y ese es también el espíritu del discurso del Príncipe de España en el momento de la jura. En Don Juan Carlos coinciden las dos ramas dinásticas y la legitimidad del dieciocho de Julio. Es, por tanto, firme apoyo institucional de la continuidad política.

Hubiera seguido con la charla, pero Gonzalo Fernández de la Mora tiene su tiempo contado. Se hace tarde. En su despacho, sobre la biblioteca, hay una fotografía dedicada por el Jefe del Estado que lleva la fecha de 10 de enero. Hay otras, también dedicadas, del Príncipe de España y de Carrero Blanco. Fuera, los alumnos de la Escuela Diplomática esperan en la antesala. Gonzalo Fernández de la Mora recibe todos los días a tres de ellos, con los que charla largamente.

CAMINO CIORDIA.

 

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