Autor: Fernández de la Mora y Mon, Gonzalo. 
   Gonzalo Fernández de la Mora escribe a "Madrid" sobre la oposición     
 
 Madrid.    29/02/1968.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

GONZALO FERNANDEZ DE LA MORA escribe a ((MADRID» sobre la oposición

Con el ruego de su publicación, hemos recibido ayer la carta de don Gonzalo Fernández de la Mora qué reproducimos a continuación:

"Madrid, 24 de febrero de 1968.

Señor director del diario MADRID.

Mi querido amigo:

Con el significativo título "sorprendentes declaraciones sobre la oposición", veo reproducido en el periódico de su digna dirección un comentario sobre unas manifestaciones mías publicadas hace varias semanas. Mi anónimo y espontáneo interlocutor me pregunta: "¿Pero hay una oposición política? ¿Dónde está? ¿Quiénes la forman? En países como España, donde la oposición no existe legalmente, ¿cómo van a manifestarse las personas concretas sobre los partidos políticos? (prohibidos por la ley), el sufragio universal (expresamente condenado) y el parlamentarismo (vituperado sistemáticamente)?"

Vamos por partes. ¿Hay una oposición? Todo el mundo sabe que si. Forman parte de ella cuantos no se sienten solidarios del Estado nacido el 18 de julio. También quienes disienten de la acción del Gobierno, en la medida de su disensión. Si estas gentes no existieran, incurriría en contradicción mi objetante, pues todo su párrafo citado carecería de sentido. ¿Dónde está esa oposición? Una parte, fuera de España; otra, en el interior. ¿Quién la forma? Supongo que no se me pedirá una lista exhaustiva. La componen gentes que van desde La Pasionaria hasta Salvador de Madariaga, pasando por José LUIS López Aranguren.

supone mi objetante que donde no hay oposición legalmente reconocida no se pueden plantear los problemas políticos. ¿Dónde está demostrado tan gratuito postulado? La "oposición legal" es una institución del Estado demoliberal del siglo XIX.

¿Significa esto que antes de la Revolución francesa no hubo ni oposición a los Gobiernos ni modo dé suscitar los problemas relativos a la comunidad? En modo alguno. Desde los orígenes de la Historia hasta la legalización de la oposición no ha cesado de haber polémicas políticas.

Mi objetante se lamenta dé que no se pueda hacer manifestaciones sobre los partidos poli-ticos, el sufragio universal y el parlamentarismo. No es exacto. Un sufragio universal existe para la elección de los representantes del tercio familiar, y las Cortes son un Parlamento. ¿Cómo no van a poder defenderse Instituciones qué existen? Distinto es, entre otros, el caso de los partidos políticos, qué están prohibidos por las leyes fundamentales. Ahora bien; ésta no Es una situación particular de España: en todos los países del mundo existen limitaciones para discutir los preceptos constitucionales. Dé lo contrario seria el cuento de nunca acabar. Cualquier institucionalización de la convivencia supone unas reglas del juego inviolables: lo mismo en los Estados Unidos que en la U. R. S. S.

Pero es que mi interlocutor cae precisamente en lo que a mí me parece menos eficaz desde el punto de vista político: centrar ia polémica sobre las cuestiones dé principio y fie procedimiento. Nuestro país se enfrenta, como todos, con una serie de problemas determinados. El Gobierno tiene sus fórmulas de solución. .¿Por qué no centrar la critica sobre lo concreto, en vez de remontarse a las generalidades ideológicas? Partidos políticos, sufragio, parlamentarismo, Son expedientes procesales que unas veces han servido y otras no a la consecución del orden, el desarrollo y la justicia, que es lo verdaderamente interés ante. ¿Dónde se quiebra el orden y cómo podría restaurarse? ¿Dónde están los fallos dé nuestra política económica y cómo cabria subsanarlos? ¿Dónde se ha denegado la justicia o se ha Incurrido en iniquidad y cómo se podría reparar? Estos son los temas de fondo,. En la política, como en e! deporte, lo eficaz y lo difícil no es cambiar el reglamento, sino jugar bien.

En la raíz de toda la cuestión me parece adivinar la constante suposición de que lo recomendable es el Estado demoliberal. Esto supone, por cierto, una oposición total al Estado nacido el 18 de julio. Yo no creo qué el de-moliberalismo sea ni bueno ni malo en si mismo. Todo depende de laja personas que lo encarnen y de la sociedad que lo sustente. Ya lo tuvimos desde la calda de Primo de Rivera hasta el Alzamiento. Parece que no dio muy buen resultado. Del Estada actual, con todas sus limitaciones, no podemos decir lo mismo, Afortunadamente.

Agradeciéndole la publicación dé ésta carta, le «aluda con la mayor cordialidad.

GONZALO FERNANDEZ DE LA MORA"

 

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