Autor: Cortés-Cavanillas, Julián (ARGOS). 
 ¿Hablamos claro?. 
 El General Don Manuel Díez-Alegría     
 
 ABC.    30/05/1975.  Páginas: 3. Párrafos: 144. 

¿HABLAMOS CLARO?

EL GENERAL DON MANUEL DIEZ-ALEGRIA

Cuando se alcanza el supremo puesto de jefe del Alto Estado Mayor del Ejército no ofrece duda que esa cumbre quiere decir que hay abundante y acreditada ciencia militar y aun civil en la mochila de un teniente general. El caso de don Manuel Díez-Alegría, que ahora está en trance de doctorarse en Leyes, es ejemplar y elocuente por su modestia y por la elegancia con que aceptó su retiro tras un viaje oficioso a Rumania. El coloquio presente con un hombre de la cultura y cordialidad de quien entre tantos títulos, que no gusta exhibir, ostenta el de académico de la Rea! de Ciencias Morales y Políticas, creo refleja muy exactamente una escala de valores y matices del más alto interés, aunque casi siempre al margen de la profesionalídad militar y política de mi interlocutor.

—Como punto de arranque, mi general, ¿me quiere dar su nombre y apellidos?

—Manuel Díez-Alegría Gutiérrez.

—¿Es compuesto su primer apellido?

—SI.

—¿Cuál fue la fecha, el año y la hora de su nacimiento?

—El 25 de julio, día de Santiago, Patrón de España, del año 1906, creo que por la tarde.

—Lugar.

—Bien dicho lo de lugar, porque nací en Buelna, aldea del Concejo de Llanes, un lugar estupendo del maravilloso principado de Asturias.

—¿En qué parroquia fue bautizado?

—¿Parroquia? ¡Qué va! Una simple Iglesia, la de Santa María de Buelna, filial de la de San Acisclo de Pendueles.

—¿Sabe usted, mi general, quién fue San Acisclo?

—Más o menos, sí. Un mártir romano, con la consabida coraza y la palma, que parece fue soldado en una de las famosas Legiones.

EN MI FAMILIA NO HABÍA PRECEDENTES MILITARES

—Hay como una premonición militar en usted. Nació el día de Santiago, el batallador,.por no llamarle «Matamoros»; le bautizaron en un templo dependiente de una parroquia bajo la advocación de un legionario romano...

—Bueno y nada más, ya que en mi familia no había precedentes militares. Yo fui el primero que me consagré al Ejército y luego sólo mi hermano Luís, ya que los dos hijos que tengo son abogados y mi hermano está sin descendencia.

—¿Qué nombres le dieron en el bautismo?

—Manuel, Santiago y Félix.

—¿Quién fue su padre?

—Un empleado bancario que llegó a ser director de varias sucursales del Banco de España y, finalmente, pasó a dirigir el Banco de Gijón.

—¿Existe este Banco?

—Si, desde luego, y creo que es muy próspero, aunque no tengo intereses en él.

—¿Cómo se llamaban sus padres?

—Manuel y María. No pueden ser más reglamentarios.

—León es su signo del horóscopo, ¿le gusta?

—No soy horoscópico». Ese león me trae sin cuidado.

—¿Dónde cursó el bachillerato?

—En el Instituto Jovellanos de Gíjón. Terminé a los quince años.

—¿Surgió entonces su vocación militar?

—No. Entonces me mandaron mis padres a pasar unos

meses en Francia para perfeccionar mi conocimiento de la lengua, con el propósito, que se frustró, de continuar un año en Inglaterra con análoga finalidad. Era el año 1921 y alguien nos habló de una carrera brillante, la de ingeniero militar, con mucho porvenir.

—¿Y qué hizo?

—Pues al terminar mis estudios anteriores prepararme e Ingresar, ya en el año 1923, en la Academia de Ingenieros de Guadala¡ara.

—¿Qué recuerdos tiene de aquella época?

—Entre otros, el de reunir-nos un grupo de alumnos con nuestros compañeros los Infantes don José Eugenio y don Luis Alfonso de Baviera y Borbón, a cuya casa acudíamos a oír tocar el piano al primero, incluso interpretando piezas wagnerianas.

LA JURA DE BANDERA ANTE SU MAJESTAD EL REY DON ALFONSO XIII

«LA FUNCIÓN SUSTANCIAL DE LAS FUERZAS ARMADAS ES LA DISUASIVA Y HA DE FUNDARSE EN LA CREDIBILIDAD DE SU POSIBLE EMPLEO. LA DIRECCIÓN DE LA DEFENSA ESCAPA CADA VEZ MAS AL CAMPO TÉCNICO PARA INCLINARSE HACIA EL POLÍTICO»

—Permítame, mi general, que le diga que también me honré yo con la amistad de don José Eugenio y siempre había algún motivo para t.j-car a su antecesor Luis de Gaviera, el Rey Loco enamorado de la música. ¿Y cuándo juró bandera?

—Fue un día emocionante, en el Paseo de la Concordia de Guadalajara, ante Su Majestad el Rey Don Alfonso XIII y ¡a Real Familia. El general Primo de Rivera nos dirigió una alocución.

—¿Le gustaba ser ingeniero militar?

—Al principio trataba de ser ingeniero, pero progresivamente fue interesándome lo militar. Entonces es cuando nació y se desarrolló en mi la vocación por las armas.

—¿Cuál es su estatura y su peso?

—Hace pocos años que me volvieron a tallar en los Estados Unidos, cuando, en misión, tuve que hacer una visita a un centro castrense. El resultado fue una talla pequeña: cinco pies y siete pulgadas de alto. Peso sesenta kilos en canal, es decir en pijama.

—En su niñez, ¿fue tranquilo o revoltoso?

—Más bien tímido y ca- liado.

—¿Tiene en la mente su „ primer recuerdo en la vida?

—Algo absurdo. No tendría más de tres años cuando vi una especie de tela metálica y detrás muchos pavos reales.

—¿Tuvo muchas novias de jovenzuelo?

—Pocas, porque no atinaba en la elección. Cuando me gustaba una chica y me inclinaba a declararme, resultaba que llegaba tarde. Acerté, eso sí, y contentísimo, con la que es mi mujer.

—¿Cuándo se casó?

—Después de nuestra guerra, en el mismo 1939, contraje matrimonio con Concepción Frax Arias, madrileña, aunque la conocí en Pamplona.

—Con permiso de doña Concha, ¿cómo prefiere las mujeres, guapas o inteligentes?

—Mire, yo, a mis hijos, les aconsejaba, en plan humorístico, que cuando buscasen una chica fuera, ante todo, buena. Después, discreta e inteligente. Luego, guapa. Y, posteriormente, todo lo demás. Sólo eso.

—¿Tiene usted buen carácter?

—Habría que preguntárselo a otros que realmente me conozcan.

«SOY REALISTA Y HOMBRE QUE SE SIENTE PREOCUPADO»

—¿Qué predomina en usted, el optimismo o e! pesimismo?

—Soy. realista y hombre que se siente preocupado.

—No le pregunto el porqué de esa preocupación.

—Más vale.

—¿Cómo sueña más, dormido o despierto?

—Normalmente sueño poco dormido y despierto.

—¿Ha cultivado o cultiva mucho el deporte?

—La verdad es que no me puedo considerar un deportista. Era muy malo montando a caballo. Nadaba bastante y hoy sólo un poco. No juego al golf porque carezco de tiempo. No cazo, no pesco. En fin, soy un ser anacrónico.

—¿Le gusta ir al fútbol?

—Nunca fui muy aficionado. Pero me corté la coleta definitivamente en Rio de Janeiro, cuando se disputó allí la Copa del Mundo.

—Y, a propósito de coleta, ¿le apasionan los toros?

—Debo decirle que de chico dudaba entre ser cura o torero. Lo de torero fue influido por una tía mía, granadina, muy guapa, amiga de Gallito y que sabía más de toros que El Guerra. Luego mi afición se despertó ante Ignacio Sánchez Mejías, al que conocí, entusiasmándome su toreo.

—¿Va mucho al teatro y al cine?

—Más al primero que al segundo. Pero desearla tener tiempo para frecuentar a los dos.

—¿Qué actriz de cine es su preferida?

—Debora Kerr, quizás porque la conocí personalmente después de admirarla en la pantalla.

«LEER ES MI VICIO»

—¿Lee mucho, mi general?

—Ese es mi vicio. Hasta mi mujer se enfada porque devoro todos los libros que puedo. Y el que leo siempre es la Biblia.

—¿Qué temas prefiere?

—La Historia, sobre todo. Además, trato de escribir...

—¿Quizás sus memorias?

—Bueno, esas están en marcha por petición del editor Lara. Pero antes quisiera publicar un libro que tengo muy pensado y estudiado, y que se refiere al 98. La culpa, sin duda, la ha tenido "Blanco y Negro*, cuya entera colección, sobre todo de los postreros años del XIX y de los primeros del XX, me adentré a fondo desde muy ¡oven.

—¿Cuál es el personaje histérico militar que más admira?

—Federico el Grande. Y aunque parezca raro, Napoleón no me apasiona, quizás por su extraordinaria dimensión.

—Entre los personajes de máximo relieve que ha conocido, ¿cuáles le han llamado más la atención por su personalidad o inteligencia?

—Tras una vida ya larga, con un servicio muy activo, he tenido la suerte de conocer a un gran número de personalidades destacadas, cuya memoria completa resultaría enojosa por lo larga y expuesta a ¡sensibles omisiones. Prescindiendo de las figuras españolas para las que son aún más agudas esas circunstancias citaré de las extranjeras sólo algunas. No necesariamente las más importantes o las de mayor brillo, sino aquellas que por diversas razones, entre ellas un contacto más inmediato, causaron en mi un mayor impacto humano.

—¿Y quiénes son?

—Entre los jefes de Estado, el Sha de Persia, hombre de conceptos claros, orientación decidida y voluntad firme. El que fue presidente argentino, general Lanusse, gran fortaleza de ánimo, empeño en rebasar una situación difícil e impavidez al realizarlo. EI presidente chileno Allende, compleja figura en la que no siempre las ideas se correspondían con su etiqueta política, fuertemente atraído en todo momento por España.

—¿Y de personalidades políticas?

—Ollveira Salazar, Impresionante por su competencia y austeridad, ganaba verdadero respeto. Lord Carrington, ministro británico de la Defensa, un civil que mostraba ¡extraordinaria competencia en asuntos políticos estratégicos. A pesar de todo, Kissínger, a quien conocí antes de la ascensión a la Secretaria de Estado norteamericana, mente lúcida, pragmático, buen receptor de las tesis españolas. Y Burguiba hijoi, a quien escuché en Túnez" el

sobre el problema del próximo Oriente.

—¿Qué militares que conozca le han interesado?

—Pues el general alemán Speidel, intelectual de alta valia, modelo de virtudes castrenses, una ejemplar e histórica vida. El general Burchinal, de la Fuerza Aérea Americana, cuya carrera resultó tal vez menoscabada por su lealtad en sus tratos con nosotros. Y entre los que fueron mis homólogos, jefes de Estado Mayor de la Defensa, el aviador francés genera! Fourquet y el americano almirante Moore. ambos modelos de competencia, equilibrio y cortesía. El almirante británico Hill-Norton. primero en proponer allí una idea hacedera encaminada a la solución del problema de Gibraltar, y el griego general Anghelis. que sacrificó sus adhesiones personales a la idea, equivocada o no. del deber.

«ADMIRO A LA INGLATERRA CONVENCIONAL POR SU CONTINUIDAD HISTÓRICA Y

SU PRAGMATISMO»

—Mi general, ¿qué país extranjero es su favorito?

—Admiro en conjunto a la Inglaterra convencional por su continuidad histórica y su pragmatismo. Su *perfidia* sólo es egoísmo nacional. Bien podría ser imitado.

—En grado extraordinario, ¿qué le ha impresionado más profundamente en ta vida?

—La abnegación del simple soldado.

—No hemos hablado de pintura ni de música. ¿Qué me dice?

—Pues que para mi, de las Bellas Artes, la primera es la pintura, aunque del impresionismo a hoy no llegue a comprender todo lo que quisiera. En cuanto a la música, mis favoritos son Beethoven y Chopin.

—¿Es usted vanidoso?

—Creo que no.

«ME SIENTO MILITAR POR ENCIMA DE TODO»

—¿Qué se siente usted fundamentalmente?

—Militar por encima de todo. Yo reprocho a los civiles que no se interesen como deben por las cuestiones de defensa, y a los militares que no se compenetren más con la sociedad civil.

—¿Le espanta la muerte?

—Lo inevitable no produce espanto.

—¿Se atrevería a redactar su propio epitafio?

—En un cementerio antiguo de Madrid leí éste: Aquí yace un pecador. Rogad a Dios por él. Me gustó.

—¿A qué llamaría felicidad?

—Al «áurea mediocritas». Sencillamente, vivir tranquilo, ni envidiado ni envidioso.

—¿Prefiere algún animal?

—Siempre y cuando no viviera en un piso, me gustaría la compañía de un perro.

—¿Cuál es el lema de su vida?

—Podría ser el del Principe de Gales: *lch dienst». Es decir: *Yo sirvo*. O el del Gran Estado Mayor germánico: "Ser más que parecer».

—¿Qué tópico le fastidia a fondo?

—Cualquiera que refleje triunfalismo.

—¿Es supersticioso?

—Nada en absoluto. Ya puede usted colocar los sombreros que quiera sobre una cama.

—A su juicio, ¿en qué consiste el éxito de un hombre?

—Yo le definiría con una frase de las Ordenanzas Militares: *La satisfacción del deber cumplido.

—¿Cuál es su color preferido?

—El azul, cromáticamente considerado.

—¿Y su flor?

—La camelia.

—¿Su piedra preciosa?

—La esmeralda.

—¿Qué tonos le gustan en el vestir?

—Grises, corbatas de tonos azules, camisas blancas y zapatos negros. Pero todo ello ecléctico y sin rigideces.

—Con uniforme de gala, ¿qué le gusta?

—Me gustaba, y sigo recordándolo siempre con macho cariño, el que llevé de ¡oven oficial del Cuerpo de Ingenieros del Ejército.

—¿Cuántas condecoraciones posee?

—Demasiadas.

—¿Qué fenómeno de la naturaleza le atrae apasionadamente?

—El mar.

—¿Qué es lo que más le asombra del progreso humano?

—El conseguido en Medicina y Cirugía.

—En orden a la gastronomía, ¿es usted muy refinado?

—¡Qué va! Soy un ordinario. Me encantan las judias con chorizo, los callos a la madrileña, la fabada asturiana, los huevos fritos... Y todo bien regado.

—Mi general, ¿cómo ve el futuro inmediato del mundo?

—Qué más quisiera que poder imaginarlo.

—¿Qué batalla es, a su juicio, modelo en la Historia?

—La de Austerlitz.

—¿Qué rey de España admira más?

—A una reina como doña María Cristina de Habsburgo-Lorena, modelo de sumisión a la Ley, discreta para sus biógrafos, * Doña Virtudes» para sus contrarios.

—¿Qué general español es su favorito?

—Gonzalo de Córdoba, eficaz, humano, discreto y modelo en la desgracia.

—¿Qué político de este siglo español le fia impresionado más?

—Don Francisco Silvela, al que comprendo, aunque no siempre coincida con su ideario.

«ESPAÑA SERA LO QUE QUIERAN SUS HIJOS»

—¿Cómo ve el futuro de España?

—No tengo vocación de profeta. España será lo que quieran sus hijos. Anhelo y confio que, superando los posibles obstáculos, ha de continuar lo que constituye la esencia de su apasionante y apasionada historia.

—¿Me podría decir algo, mi .general, acerca del futuro técnico de los Ejércitos?

—tos Ejércitos atraviesan actualmente una crisis de adaptación a las circunstancias de la cambiante sociedad de hoy. Técnicamente veo al de Tierra, los otros son cada vez más matematistas, con un núcleo reducido, altamente calificado, dotado y consagrado, que sirva de punta de lanza y una fuerza de defensa, tipo milicia, que asegure el suelo natal. La función sustancial de las Fuerzas Armadas es la disuasiva y ha de fundarse en la credibilidad de su posible empleo. La dirección de la Defensa escapa cada vez más del campo técnico para inclinarse hacia el político.

—¿Qué juicio le merece el Ejército?

—Es muy difícil juzgar con objetividad algo que se ama desmedidamente y a lo que se ha dedicado con exclusivismo toda una vida. Los Ejércitos españoles de hoy mantienen su espíritu ancestral y su preparación supera la que correspondería a los medios de que disponen. Habrán de continuar su evolución doctrinal. Desde luego el soldado español no tiene par.

—¿Ve usted buenas perspectivas de paz?

—Las guerras grandes, las guerras chicas, las guerras frías, en las que vivimos inmersos, no permiten excesivos optimismos. Sólo un concierto universal de voluntades estatales permitiría conservar la perspectiva de una verdadera paz. pero, tristemente, ello hoy es pura utopia.

—Bueno, mi general, no le molesto con más interrogatorio. La última pregunta. ¿Tiene mucho sentido del humor?

—Bastante. Me decía e/ general Wheeler que en Estados Unidos los generales necesitan tener un gran sentido del humor para sobrevivir.

Don Manuel Diez - Alegría y yo hemos reído. Después pasé unos momentos a saludar a su esposa, que, como buena secretaria del general, escribía en una vieja máquina copiando un manuscrito de caligrafía muy clara y cuidada sobre algunos problemas jurídicos de la guerra hispanoamericana de 1898. tesis que prepara el ex jefe del Alto Estado Mayor de España para alcanzar el doctorado en Derecho, y por el cual anticipadamente le felicitamos.

Julián CORTES-CAVANILLAS

Fotos: A. CARCHENILLA

 

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