Prensa. 
 Guárdeme el secreto     
 
 Gaceta Ilustrada.     Página: 22. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

PRENSA

GUÁRDEME EL SECRETO

Si aquel parlamentario británico dijo a su enemigo: «Me da asco su opinión, pero daría mi vida por conseguir que usted la expusiera», ningún español sensato podría sentirse satisfecho por la agresión que don César Esquivias, colaborador del conocido semanario madrileño «Fuerza Nueva», sufrió a la puerta de su Redacción, en Madrid. Un desconocido —según informó la agencia Cifra— le golpeó con un objeto contundente y el señor Esquivas quedó sin conocimiento. Si el inspirador de la revista ha repetido en muchas ocasiones que es preciso utilizar la fuerza, nadie, y menos la clase periodística, debería secundar tal idea si se quiere que el periodismo nacional —el reflejo del país, en definitiva— circule por las civilizadas carreteras de la buena educación. Sin embargo, la elemental propuesta sufre serios contratiempos.

EN UN MES. — Cuando un centenar de periodistas se reunió en la Asociación de la Prensa de Madrid durante cuatro horas, se plantearon como primera realidad que cinco periodistas habían sido procesados en treinta días. Los señores García Herrera, Velasco, Costa, Outeriño y Vela habían tenido que acudir a los tribunales para defenderse de acusaciones diversas; los señores Oneto, Pi, Suárez, Villagrán, Echarri y ocho redactores de distintos medios de comunicación catalanes, debieron acudir a declarar ante el juez. Ha habido otros detenidos, otros despedidos por sus empresas; se produjeron secuestros de seis publicaciones y tres revistas han sufrido expediente. Todo esto en un mes. Pero, ¿es esto todo? Parece que no.

El rumor del cese del Delegado Nacional de Prensa del Movimiento y e! cese del director de

«Arriba», de Madrid —periódico que no recordó el aniversario "del 12 de febrero—; la carta de técnicos de TVE preguntando a qué se deben ¡as extremas medidas de seguridad que rigen en Prado del Rey, y los constantes apremios a que se ven sometidos los profesionales del periodismo, provocan sin duda una ansiedad entre ellos. ¿No se puede informar de lo que pasa?; ¿es delito asistir a reuniones políticas?; ¿fotografiar un lugar público lleno de gente es un desacato a la autoridad?; ¿sólo se debe reproducir la frase brillante de un ministro...? La Asociación de la Prensa de Madrid ha solicitado al Consejo General de la Abogacía un dictamen sobre el secreto profesional de los periodistas porque necesitan saber cuál es la situación legislativa y qué reformas son aconsejables.

Si el artículo V de los Principios Generales de la Profesión Periodística dice: El periodista tiene e! deber de mantener el secreto profesional, salvo en los casos de obligada cooperación con (la justicia, al servicio del bien común», ¿por qué el Tribunal Supremo dictaminó sobre que una persona no tiene el. deber de auto-acusarse? El Presidente del Gobierno dijo recientemente que profesaba un gran respeto a la profesión, pero otras autoridades suponen que un periodista debe colaborar con ellas a nivel policíaco. E! Comité Español deInstituto Internacional de Prensa siente inquietud ante los problemas de libertad de información y se acaba de reunir para tratar el asunto.

ENTRE AMIGOS. — Pero tampoco es buena la situación en las relaciones entre compañeros. Si e) ataque personal sufrido por un colaborador de «´Fuerza Nueva» es despreciable, un suceso singular se ha producido con motivo del trabajo de un redactor gráfico de «Informaciones», de ´Madrid, durante el proceso «1.001». El periodista don Diego Segura —según informa «Nuevo ´Diario»— denunció a la fuerza pública a don Rafael Blanco «por no tener carnet de periodista» y no poder, por lo tanto, trabajar en aquel lugar.

El diario madrileño apostilla así la noticia: «Afortunadamente el buen sencido de los servidores del orden público evitó que a la vejación personal se sumara alguna otra. La falta de compañerismo, que denunciamos con toda energía, ha sido la única secuela de este triste incidente». Los expedientes, las condenas y los secuestros dé periódicos preocupan con razón; pero las querellas entre profesionales sola pueden ayudar a enrarecer el ambiente ya establecido. Además de producir pena.

 

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