Autor: Barrio Gabriel, Tomás. 
   Libertad religiosa y Constitución     
 
 Arriba.    18/12/1977.  Página: 16. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

LIBERTAD RELIGIOSA Y CONSTITUCIÓN

El día 29 del pasado mes da noviembre tuve la oportunidad de asistir a un cambio

de impresiones con representantes de diversas creencias religiosas (véase

ARRIBA del día 6 de diciembre) con el fin de expresar opiniones en relación con

el proyecto de Constitución política que en la actualidad se está redactando.

Como soy poco dado a la oratoria, quizá por carecer de condiciones para ello y

considerar sumamente peligrosos a los buenos oradores, expresé mi opinión como

musulmán en forma escueta: libertad de opinión y cultos y no intromisión del

Estado en éstos ni de éstos en la función estatal. Pero, ahora, aprovecho el

amable ofrecimiento del director de este periódico. para ampliar y razonar,

también en forma breve, aquellas pocas palabras que entonces pronuncié.

En España y fuera de ella, por la experiencia que recogí en más de treinta años

de viajes y residencias en diversos países, no sólo es conveniente, sino

necesario, desligar totalmente las funciones religiosas de las estatales,

provin-ciales o municipales. La razón es sencilla: si los componentes de un país

tenemos derechos y deberes como tales y debemos obediencia y respeto al régimen

legalmente constituido, no es justo llevar o la vida pública aquello que

solamente pertenece a la vida privada, nuestras opiniones creencias o no

creencias religiosas y, por el contrario, la autoridad civil tampoco debe tratar

de imponerse en forma directa o indirecta la aceptación o rechazo de una opinión

o creencia. La vida publica es de todos; las creencias, manifestadas o no, son

personales y, precisamente ahora, tanto en España como fuera da ella, existe una

intensa corriente favorable a que al ser humano hay que darle libertad para

pensar y poder expresar libremente esos pensamientos dentro de la mayor

corrección, pero sin presiones externas de ninguna clase. Bastantes males se han

causado durante muchos siglos, en todos los países, por tratar de coartar esa

libertad de expresión del pensamiento y pretender llevar éste por un de-

terminado cauce. Esa intolerancia del pasado llevo en todos los países a

violencias y odios y, las consecuencias que de ello se derivaron. aún se están

pagando por unos y otros a muy alto precio.

Por otro parte, y como base de esa tolerancia, el Estado, la Provincia o el

Municipio deben, en lo que a instrucción se refiere, abstenerse de propiciar u

obstaculizar cualesquiera clase de ideas religiosas. La escuela debe ser

arreligiosa pero también debe permitir que a ella, en horas y clases especiales

y ya sin intervención de las autoridades educativas, asistan representantes de

aquellas religiones que lo deseen con el fin de instruir a los alumnos que lo

soliciten, mas absteniéndose de la pretensión de hacerlo o quienes no deseen

recibir instrucción religiosa alguna o deseen otra diferente.

Aunque considero que las religiones, la Historia e incluso algunas otras

materias sólo pueden estudiarse y comprenderse cuando el individuo se halla en

pleno desarrollo de sus facultades mentales, no veo tampoco un grave problema en

que, si los padres lo piden, se den esas enseñanzas religiosas a aquellos niños

cuyos familias lo solicitaron expresamente La misión de la escuela en estos

casos se limitaría a prestar los locales, siempre en horas distintas a aquellas

en que se impartiesen las lecciones ordinarias, a los representantes delegados o

instructores de aquellas religiones que hubiesen sido solicitadas por el o los

alumnos interesados o sus padres, pero sin aportar retribución alguna por ello,

pues ésta debería ser a cargo de las propias religiones o por los familiares de

los alumnos a quienes se impartiesen.

Conozco dos países iberoamericanos en los que la gran mayoría de la población

practicaba alguno religión (y había muchas y muy variadas) sin relacionar éstas

con la cosa público y con una perfecta convivencia ciudadano a pesar de ser muy

diversas también las razas humanas que allí existen. Quizá, como consecuencia de

esa liberalidad religiosa, que me recordaba un poco la de los súmenos o los

griegos de la antigüedad, existía también una convivencia política que tanto

suele es-casear en el mundo actual.

Buscar la convivencia ciudadana y el mutuo respeto es algo que todos debemos

propugnar, muy especialmente en el mundo actual, pero será imposible esa

convivencia si hay obstáculos, legales o prácticos, que restrinjan la libertad

de unos por la prepotencia de la mayoría o minoría de otros.

Tomás BARRIO GABRIEL

 

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