Homenaje a Hernández Gil en el club Siglo XXI. 
 "La independencia no quiere decir apoliticismo"  :   
 "Debemos estar satisfechos. El pueblo español ha hecho un cambio profundo sin revolución". 
 Arriba.    04/10/1977.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 20. 

Homenaje a Hernández Gil en el club Siglo XXI

«LA INDEPENDENCIA NO QUIERE DECIR APOLITICISMO"

"Debemos estar satisfechos. El pueblo español ha hecho posible un cambio profundo sin revolución"

MADRID. (De nuestra Redacción.)—«La no participación en una política de partidos no crea un vacío político», manifestó ayer el Presidente de las Cortes, Antonio Hernández Gil, en una conferencia que pronunció con motivo del homenaje que le tributó el Club Siglo XXI.

El señor Hernández Gil. entre otras cosas, dijo:

«Al principio de acceder a la actividad política me sorprendió un tanto la constante acuciosidad de los periodistas. Ahora me he familiarizado de tal modo con ellos que necesito de su estímulo para hablar. Conste, pues, mi reconocimiento por la labor que realizan.»

El primer tema sería el de mi independencia. Alguien me ha dicho que ya está excesivamente tratado. Lo comprendo. Pero como no pueden preguntarme por mi partido, me preguntan por la independencia. Yo espero que ésta resulte de mi actuación y no de mis declaraciones.

Neutralidad e imparcialidad

El periodista, a veces, se sorprende: «¿Tiene usted vocación política?» Contestaré. La independencia, la neutralidad y la imparcialidad no quieren decir apoliticismo- La no participación en una política de partidos no crea un vacío político. Consiguientemente si, en este orden de cosas, se entiende por vocación la apetencia del poder y de su ejercicio o la adscripción a un grupo determinado, no tengo vocación política. Si, en cambio, se entiende por tal sentirse preocupado o incluso comprometido a cooperar en el entendimiento y la resolución de los problemas humanos y sociales de la convivencia, sí tengo vocación política. Es, pues, la vocación de un jurista y de un intelectual socialmente preocupado.

Hizo después algunas reflexiones en los siguientes términos:

«Desde que escribí a los veinticinco años el primer volumen de mi «Metodología de la ciencia del Derecho» sostuve y sigo sosteniendo que si bien la acción política impulsa al derecho, le mueve y hasta le condiciona y orienta, la política como poder o como ideología no es de suyo o no se hace, sin más, derecho. Este tiene cierto grado de impermeabilidad y de especificidad que le impide ser mero reflejo del decisionismo político. De las libertades formales se tiende hacia la libertad real; de la igualdad abstracta, a la efectiva; de los límites, a los deberes positivos. De la abstención, a la iniciativa. Los modelos organizativos de la sociedad no pueden quedar cerrados al futuro ni al progreso. El mantenN miento del orden es inseparable del perfeccionamiento de las relaciones humanas, de suerte que «el bien común» —a veces utópico, a veces mera expresión anfibológica— sea asumido como el bien de todos. Pero sin considerar por ello !a obra terminada ni los problemas definitivamente resueltos. El día que

una sociedad se encontrara sin problemas dejaría de serlo.

Mi experiencia como presidente de las Cortes se nutre principalmente de satisfacciones y esperanzas.»

Mínimo normativo indispensable

«Conozco lo sucedido desde que el resultado electoral tomó asiento en los escaños del Parlamento. EI solo hecho de que se produjera con naturalidad un acontecimiento histórico tan importante y significativo es altamente aleccionador. Junto a personas que se habían desenvuelto con mayor o menor normalidad en la situación política anterior había otros llegados del exilio o de la clandestinidad. Nada fue cruento ni desagradable. Las bases legales y reglamentarias sobre las que hube de llevar a cabo una ordenación, que llamé el mínimo normativo indispensable para la reunión y el funcionamiento de las Cámaras, eran débiles e indirectas. Fue preciso acudir a remedios bennenéuticos un .tanto heroicos como la analogía o la tradición parlamentaria. Si no hubiera contado con la comprensión de todos los grupos políticos no habría sido posible el resultado conseguido. Para merecer la comprensión tuve que empezar por ofrecerla. La pitra instrumentación jurídica desasistida de la voluntad de colaboración no habría bastado.

¿Que ha habido tensión en. los Plenos? ¿Que unos mantuvieron una tesis y otros la contraria? ¿Que tal o cual actitud parecía agresiva y otra tímida, alguna falta de oportunidad, otra convincente, otra poco afortunada? ¿Que habrían podido abordarse otros ternas? Bien. ¿Cómo sorprenderse de eso? Sería tanto como sorprenderse de la vida en la tierra. La tensión y la discrepancia es la vida de los Parlamentos.

Quizá desde fuera no se cono-´ce suficientemente la labor de las Cortes. Se olvida, tal vez, que están en sus momentos inicia, les. Acaso tiende a salir a la superficie lo anecdótico o lo un tanto sorprendente. Allí dentro queda la realidad de largas horas de trabajo y de preocupación.

Establecidas las bases de una democracia

En el orden político los problemas principales, considerados en su presente y en e] futuro inmediato, consisten en el tránsito de una situación a otra. Debemos estar satisfechos. El pueblo español ha hecho posible un cambio profundo sin revolución. Figuran ya establecidas las bases de una democracia y caminamos hacia todas sus consecuencias. La democracia es la fórmula más racional de conducirse políticamente; pero, por racional, es complicada; necesaria, pese a las complicaciones.

Los problemas sociales son, en gran medida, el contenido material y el fin de la conformación político-jurídica. Aquí hay pendientes pasos que no han sido posibles antes de surgir la nueva estructura política. Hemos de pensar en una política social emanada de la base y no meramente improvisada o impuesta.

Los problemas económicos son, tal vez, los más acuciantes, porque los padecemos en la vida diaria, a escala Individual y colectiva. También son los más complejos. Hay en ellos un grado de interdependencia muy marcado no sólo respecto de la situación política y social ulterior, sino también respecto de esas situaciones en el exterior.»

Intervención de Guerrero Burgos

Por su parte, Antonio Guerrero Burgos, presidente de] Club Siglo XXI, pronunció unas palabras de presentación en las que dijo, entre otras cosas: «Antonio Hernández Gil no es en manera alguna un hombre al que quepa definir por sus cargos, sino que se define por la acumulación de una trayectoria de conducta, por el estilo de una personalidad y por el volumen y penetración de una obra al servicio de España, a] servicio de la ciencia jurídica y al servicio de la comunidad. Y dentro de esa línea de servicio, a nosotros nos honra particularmente su continuada presencia entre las actividades del Club Siglo XXI, tanto como vicepresidente de cultura, como conferenciante asiduo, colaborador constante y amigo en todo momento.

Cuando en el mes de junio pasado, Antonio Hernández Gil fue designado por S. M. el Rey Don Juan Carlos I, Presidente de las Cortes Españolas, el Club consideró que el homenaje que todos considerábamos de estricta justicia hacia Antonio, se había convertido en un acontecimiento ´ inaplazable.

Pero insisto en que no por un deseo de halago más o menos oportunista, sino por una convicción amistosa hondamente sentida. Cuando Hernández Gil asumió la presidencia de nuestras Cortes, existía un vacío legislativo, un hueco normativo de honda Importancia que Antonio Hernández Gi] hubo de cubrir con su infatigable dialogar, avenir y moderar. Su despacho de la Carrera de San Jerónimo era (y es) obligado lugar de encuentro y negociación con todos los líderes políticos, y con todos los Jefes de partido. Y con su buen hacer, ha dado evidente y reiterada prueba de su intigencia, de su finura y de su hidalga liberalidad, cosas que no están en pugna con sus mág arraigadas convicciones personales.»

 

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