Autor: Apostua, Luis. 
   Análisis de nuestras dificultades     
 
 Ya.    25/09/1977.  Página: 15. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Análisis de nuestras dificultades

Políticos: La dialéctica de Suárez/Congreso como factor estabilizador Sindicales: Mal balance y enormes dificultades de las propias centrales Económicas: Un plan incompleto si nadie acepta un programa salarial

En fin de semana nos trae una primera reacción del Gobierno; aunque en el juego da las ´forzosas interinidades nada puede- ser definitivo sino a partir de" la Constitución, significan esos primeros proyectos de ley dos cosas. Una, refleja la imprescindible actividad creadora que debe tener todo ejecutivo; dos, que el medio Idóneo para resolver la situación es la ley a través del Congreso y del Senado. Es decir, empieza a funcionar el delicado mecanismo Gobierno-Cortés que es win juego de oposición-cooperación.

Ahora bien, ya que empezamos con cierta seriedad el juego debemos hacernos esta pregunta: ¿Cómo está el terreno? Como simple método de análisis, creo que podemos distribuir los problemas en tres paquetes o apartados: política, sindicatos, economía. Sabemos todos que en la-realidad están indisolublemente unidos, pero a loa efectos explicativos puede ser útil analizarlos por separado.

La política

Las cosas meramente políticas no marchan mal. Suárez, que es la única pieza hoy esencial en el tablero, conserva la suficiente autoridad para mandar. Suárez es contestado por la clase política cuyas ambiciones son lógicas y naturales, pero no tiene contestación en la calle, y los votantes da UCD es posible que estén hartos de UCD, pero no ha´y ningún signo de que se hayan divorciado de! hombre a quien dieron su voto.

El Gobierno funciona muy débilmente, con ministros que flotan indecisos o miran de reojo futuras combinaciones; todo ello resta al equipo esa agresividad que debería tener. Pero en compensación de la caída de tensión del Ejecutivo, los diputados y senadores han cobrado conciencia de su papel como aguijones y muestran un rostro cada vez más exigente. Eso es básicamente sano. En el Congreso, por lo que oigo a los diputados, hay muchos que desearían hacer salir por la ventana a varios ministros, pero no hay contestación contra el. presidente. Entre otras cosas, como dice "Triunfo", porque el Gobierno Suárez es el único Gobierno posible. De esta manera, se va a establecer un diálogo directo entre el presidente del Gobierno y el Congreso. Presumiblemente, la próxima comparecencia del señor Suárez ante la Cámara hará visible esta-dúo político porque de momento no tenemos otro juego. Todo ello me hace pensar que estos ternas políticos, recién salidos de la Dictadura, tienen un rostro aceptable.

Los sindicatos

En materia sindical la situatuación es mala, sin paliativos. Aquí no se ha hecho bien el período de transición. La vieja estructura del sindicalismo vertical ha estado vigente hasta hace dos días, incluso dando disgustos, como lo probaron las huelgas del pan y de los transportes. A su lado o contra ellos, los nuevos sindicatos nacidos en los durísimos años de la persecución todavía no han encontrado un lugar que les sea satisfactorio y que les permita cumplir su función. En esta difícil situación, se ven constreñidos a una labor meramente negativa, consistente en afirmar su personalidad mediante el sistemático, torpedeo de todo lo que hay en marcha. Ahora están en la fase de afirmar su poder; primero, frente al Gobierno y las empresas, como lo muestran las huelgas de Renfe y de periódicos; además, frente a las otras centrales en una especie de terrible guerra intersindical que se desarrolla mediante una demagógica campaña de exigencias.

El conjunto de la situación es preocupante, incluso para las propias centrales sindicales. La solución no es fácil ni puede Imponerla el Gobierno que sí puede, en cambio, facilitar la transición mediante un programa legislativo que supere este atasco. De lo contrario, esas centrales sindicales van a seguir en su obstinada oposición a cualquier programa porque no se considerarán reflejadas en él.

El dinero

La marcha de la economía es muy grave. De aquí a marzo no habrá un solo índice optimista, y a partir de esa fecha empezarán el año y medio o dos años imprescindibles para reconstruir una vida económica que ya no será—posiblemente nunca .más—feliz y opulenta como lo ha sido para Europa occidental las décadas cincuenta y sesenta. Las causas de la catástrofe son viejas, pero más o menos pueden cifrarse en que, a partir de 1973, España ha gastado cada año cuatro mil millones de dólares más de lo que debía.

Ahora hay que pagar todas las facturas juntas.

Todo plan de estabilización tiene, por lo general, cuatro medidas fundamentales: devaluación, más impuestos, control salarial y restricciones monetarias. Ninguna de esas cuatro "purgas" es agradable -para ningún país ni para ninguna clase social. Pero deben funcionar al tiempo o no sirven de nada, porque pretender el efecto final si sólo actúan una o dos de las medidas es ganas de perder el tiempo y quizá la paz.

La falla principal está ahora mismo en el control salarial. Nadie lo acepta. No acepta siquiera una programación sobre salarios para reducir progresivamente su curva de crecimiento real. Comprendemos que es humana y políticamente casi imposible pedir a una clase social sacrificadísima, nuevos sacrificios.

Pero no hay otra partitura para esta orquesta.

El conjunto de la situación viene determinada por una mezcla de estas tres cosas—política, sindicatos, economía—, pero no acertamos a enderezarlas.

Luis APOSTUA

 

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