Dos años de monarquía democrática     
 
 Arriba.    22/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

DOS AÑOS DE MONARQUÍA DEMOCRÁTICA

DOS años apenas sí, por lo general, tienen alguna significación cuando se analiza la vida de los pueblos con perspectiva histórica. Los españoles que los hemos vivido, difícilmente podremos olvidar estos últimos dos años, en que se ha hecho posible lo que tantas veces se nos dijo que era imposible. En este breve plazo se han restablecido las libertades públicas, se han celebrado elecciones libres por primera vez en cuarenta años, se han abierto las cárceles y han vuelto los exiliados sin que fueran sustituidos por otros presos y otros exiliados alternativos..., en suma, se ha ensanchado y ennoblecido la unidad de España para todos sus ciudadanos, sin privilegios ni exclusiones.

Así, al recordar que hoy hace dos años, el 22 de noviembre de 1975, a las 12,30 de la mañana, Don Juan Carlos de Borbón y Borbón quedaba proclamado Rey de España hay razones para suponer que todas las fuerzas políticas del país coincidirán en la satisfacción por el tiempo recorrido de la que el Monarca nos anunció entonces como «una nueva etapa de la Historia». El restablecimiento de la Monarquía ha sido el punto de arranque hacia un sistema efectivamente democrático. Y sabemos lo que en ello ha pesado, para hacerlo posible, la fortaleza de la Institución y la voluntad del Rey.

En este tiempo —se ha dicho con todo fundamento—, Don Juan Carlos ha hecho ya» por la Institución que personifica, una labor impresionante. Cuando se comenta y elogia la estabilidad de algunas Monarquías del norte de Europa, es obvio que se reconocen las cualidades y formas que lo han hecho posible. En dos años, el Rey ha sabido demostrar, con el difícil lenguaje de los hechos, que no aceptaba otras ataduras ni servidumbres que el servicio a la nación española; que deseaba integrar en la Institución a todos los españoles en su más completa pluralidad ideológica; que la Corona repudia camarillas y favoritismos; que el Rey, como tal, no tiene amigos ni favoritos. Con esas calidades se hicieron estables las monarquías democráticas. Esto es, paradójicamente, por anteponer el propósito comunitario a los intereses dinásticos y personales.

Don Juan Carlos no ha hecho sino dar preciso y rápido cumplimiento a lo que anunciara el día de su proclamación: «Nadie tema que su causa sea olvidada, nadie espere una ventaja ni un privilegio.» Hoy sabemos todo lo que, con esa frase, quería decirnos. Hoy vivimos las afortunadas consecuencias políticas de su firme determinación de ser el Rey de todos los españoles.

El nuevo clima de libertad permite decir las cosas sin rodeos. Por supuesto que, antes o después, la democracia se habría beneficiado del imperativo de la Historia. Por supuesto que, antes o después, los españoles habríamos recuperado las libertades políticas. Pero, hace sólo dos años muy pocos hubieran supuesto que todo ello se iba a conseguir sin traumas sociales, sin violencias, sin nuevas luchas fratricidas... y en un tiempo tan corto. Hoy, hasta el analista más superficial sabe el «rol» decisivo de la Corona en estos dos años transiciona-les en los que el pueblo español ha recuperado la plenitud de su soberanía. Cualquier regateo del elogio sería una ingratitud descalificadora.

En la misma fecha, doce años antes, había desaparecido trágicamente de la escena pública un "presidente americano, a quien su sucesor en el cargo calificó, con justeza, de «gran creador de esperanzas». La cronología ofrece a veces estas singulares sorpresas. La misma fecha cargada de tristeza y luto para el pueblo americano, aparece alegre y fundacional para nosotros: pero, en ambos casos, bajo el signo de la misma palabra, del mismo sentimiento: esperanza. Según pasa el tiempo, más americanos hablan y escriben de su 22 de noviembre de 1963 como una fecha en que se frustraron muchas esperanzas. En el corto tiempo trascurrido, cada vez más españoles hablan y escriben del 22 de noviembre de 1975 como el punto de partida de la etapa en que aparecen más sólidas esperanzas de libertad y justicia para nuestro país.

En este segundo aniversario de Don Juan Carlos I como Rey de España, queremos decir muy pocas cosas, pero muy importantes y sentidas: Gracias, Majestad, por cuanto habéis hecho para que los españoles nos sintamos un pueblo libre, digno y soberano. Gracias, Majestad, por cuanto habéis hecho en pro del restablecimiento de la de-mocragia. Gracias, Majestad, por cuanto estáis haciendo cada día para consolidar el régimen de libertad y justicia. Gracias, Majestad, por el restablecimiento de la Generalidad de Cataluña y por los procesos autonómicos en curso. Gracias, Majestad, por haber puesto la Corona como amparo de todos los españoles y de todas las ideologías, y al servicio de todos los pueblos de España. Como dijisteis, sin olvidar a nadie y sin ventajas ni privilegios para nadie. Es de buen señor hacer honor a la palabra dada. Y este es un buen pueblo cuando tiene buen señor.

Porque lo sentimos y nos interesa, ¡largo reinado. Majestad!

 

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