Encuestas de "YA". 
 ¿Cuál ha sido el balance de estos dos años?     
 
 Ya.    23/11/1977.  Página: 15. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

¿CUAL HA SIDO EL BALANCE DE ESTOS DOS AÑOS?

Girón: "España padece una gran confusión" Silva: "Cambio hacia un destino" Fernando Suárez: "Era imprescindible el cambio" Sócrates Gómez: "Un país distinto" Morado: "Positivo y pacífico"

Continuamos hoy la encuesta de ayer sobre ¿cuál fia sido el balance de estos dos años de Monarquía? A nuestra pregunta responden diversos líderes políticos actuales y varios ex ministros.

Don José Antonio Girón de Velasco, ex ministro de Trabajo

Resulta, difícil reducir a una respuesta la situación política española. Le diré a usted, en principio, que el problema más acusado, porque es el que se interfiere, acaso, para unas soluciones de urgencia a otros múltiples problemas que padece España, es la confusión. Vivimos una transición excesivamente dilatada: la constitución orgánica está en vigor y en suspenso, según quiera, contemplarse; y por otra parte, las Cortes que accedieron al palacio de la Carrera de San Jerónimo bajo el signo de lo constituyente, no han elaborado aún la nueva Constitución. En vigor los partidos políticos y el sistema parlamentario, lo que falla, a mi ver, es el Parlamento, absorbido por las decisiones minoritarias de los dirigentes político» y por la resolución de un Gobierno titulado democrático que legisla mediante decreto-ley. Es probable que tenga que hacerlo así, pero desde ´luego con esa ejecutoria contribuye a que las cosas sean más difíciles.

En cuanto a la economía se refiere, vivimos un momento grave; extremadamente delicado, con millares de empresas clausurando su actividad y con otras muchas en tranca agónico. ¿Por qué se ha producido esto? Son muchas las causas, pero tal vez la más clara—sin descartar el problema energético ni la. crisis económica que padece Europa—ha sido que aquí se confundió una vez más el ejercicio de la libertad ciudadana con el desorden social. De hecho, un 90 por 100 de laa huelgas que han colapsado la economía, eran paros extralaborales con motivaciones o connotaciones politicas. España vive, colectivamente, en un clima de incertidum-bre social y económica. En cierto ´modo, las grandes " muchedumbre» han retirado su credibilidad a los políticos, y en este momento sería muy difícil pronosticar el desenlace de unas afecciones. Oreo que as han fortalecido los extremos, a derecha e izquierda, lo cual no es bueno. Me dirá usted, y con razón, que efl panorama resulta pesimista. Lo e-s, aunque yo particularmente no lo sea. Es más: creo

que a pesar de todos loa pesarea, la gestión del régimen anterior dará todavía, un fruto a la democracia: existe una reserva nacional fuerte y solidaria, lo que podríamos llamar la nueva clase media, que, si no se la asfixia, servirá de amortiguador y evitará que las contingencias beligerantes de lo» partidos, que son todos ellos minoritarios, terminen por destruir la propia entidad nacional. Esc mismo fenómeno quizá se produzca— y oja´lá sea así—en el nivel regional, y pasado el sarampión de las autonomías, se llegue a la conclusión de que no es posible e1 futuro sin una nacionalidad única—que es España—y fuerte, lo cual no quiere decir que haya que reinventar el centralismo, ni mucho menos. En resumen: vivimos una etapa difícil, pero transitoria; y no es necesario ser excesivamente optimista para confiar en la madurez del pueblo español que propiciará un desenlace razonable: la conciliación de la libertad con la autoridad; con el Estada de derecho, en suma.

Don Federico Silva Muñoz (Alianza Popular), ex ministro de Obras Públicas

Los dos útlimo años marcan e1 punto culminante de un proceso de crisis histórica que se abrió con la muerte del almirante Carrero Blanco y quedó claramente planteada a´l desaparecer el generalísimo Franco. Como todos los periodos de transición de crisis, está Heno da tensiones y de dificultades, agudizadas por factores exógenos como han sido ios determinantes de la crisis económica.

Para entender este período histórico, «a necesario examinar muy detenidamente el otoño d« 1973. En él se desencadenaron loa elementos de la actual crisis, pero los de carácter político ya venían de ´lejos. Quizá arranquen del otoño de 1969, cuando no se encararon los problemas del momento y quedaron anclados en un inmovilismo cuya factura habríamos de pagar de alguna manera y en poco tiempo.

Estos dos años han venido señalados por un rápido proceso de cambio hacia un destino, hoy por hoy, desconocido. Pienso que se ha conseguido más a nivel d« convivencia de la dase política que de convivencia real de las bases, por lo que no dejan de preocuparme gravemente loa procesos de radicaliza-ción que el cambio y su ritmo han generado o están generando en la actualidad.

Don Femando Suárez, ex ministro de Trabajo

Pienso que es pronto para emitir un juicio sobre los dos ultimos años de la historia de España, porque forman parte de una etapa de transición que aún no ha terminado y, consiguientemente, hasta que no concluya no se puede tener una visión completa. En último término, sólo es bueno lo que acaba bien y todavía, no sabemos cómo se rematará esta etapa, transitoria. No tengo inconveniente en decir, sin embargo, que ai e>l futuro no ea mejor que el presente, seremos muchos los que sufriremos una decepción.

En cuanto a los planteamientos de fondo reitero mi conformidad con la reforma política que se ha llevado a cabo. Pienso que la Monarquía no podía ser otra cosa que Monarquía Constitucional, y no conozco a nadie solvente—por mucha adhesión que haya prestado al anterior régimen—que defienda en serio una posibilidad distinta. Era, pues, imprescindible el cambio político y creo que los españoles podemos sentirnos orgullosos de la forma admirable en que se llevó a cabo, dentro d« la legalidad, con la indudable generosidad de las antiguas Cortea y e4 impresionante buen sentido del pueblo español.

Después de aprobada la ley, la actuación de los partidos que se consolidaron en lae elecciones merece también algún comentario. Por paradójico que pueda parecer, y prescindiendo d« loa radicalismos extremistas que no llevan a ninguna parte, me atrevería a calificar -de sumamente razonable y de una coherencia ejemplar la línea mantenida por los partidos de la oposición (desde AP hasta el PC), aunque naturalmente no todos ellos me ofrezcan la misma confianza en cuanto a su vocación democrática,. Mis mayores reproches tendrían que dirigirse, precisamente, al partido qu» «ata. en e>l poder, que

a veces parece como ei tuviera un cierto complejo de inferioridad. Dicho de otro modo, las amplias zonas de ese partido que proceden, quiéranlo o no, del régimen anterior, parecen temer que se les recuerde eso en tono de reproche, y con cierto "furor de conversos" admiten cosas que un gobierno democrático no debería admi; tir. Por mucho cambio que se quiera introducir en la vida pública, el orden, el respeto a la ley, el sentido de la autoridad, la moralidad pública y el fomento del espíritu de trabajo son valores irrenunciables. Si todos esos valoree se consideran ingredientes del "franquismo", que hay que hacer desaparecer, la sociedad española dará un paso atrás impresionante.

Finalmente, y dada la ocasión en que se me formula esta pregunta, no quiero dejar de decir que gurdo el más respetuoso co y que, por el contrario, no consigo superar mi desprecio hacia esos personajes a los que yo vi adularle de forma increíble y bullir por sus antesalas mendigando ascensos, y que dicen ahora sin rubor que España sale de la larga y triste vicisitud de la dictadura. Eso ´lo pueden ilícitamente decir quienes vienen del exilio, del silencio o de Oarabanchel. Pero quienes tenían voz en las Cortes y no la levantaron jamás, quienes siempre tuvieron dispuesto su voto para´ impedir que progresara cualquier enmienda de las que se llamaban entonces "aper-turistas", y quienes han vivido durante años turnándose laa empresas nacionales, las direcciones generales o las subsecretarías, debieran ser más celosos, no ya en 1-a defensa, de la memoria de Franco, sino sencillamente en el cuidado de su propia estimación. No vaya a ser que, en el afán d« enterrar el "franquismo", lo que entierrea sea. la gallardía.

Don Raúl Morado (Partido Socialista Popular)

La evolución política española a raíz de- la muerte del general Franco ha sido mucho máí positiva y pacífica de lo que se suponía. El pueblo español, en su inmensa mayoría, ha actuado con un gran sentido común y gran conciencia cívica qu» etíhó por tierra todo*, loa augurios caitaatrofiatas. Gobierno y oposición, sin ceder en sus respectivas ideologías, han coincidido en que prioritar riamente el problema fundamental de España es establecer y consolidar una democracia pluralista en nuestro país, es decir, receptividad en las libertades públicas, la separación o colaboración de poderes, la reconciliación nacional de todos los españoles, la aceptación por todos de unas reglas de juego político. Esta consolidación hay que entenderla como un proceso que no sólo afecte ya a principios e instituciones políticas democráticas cuya combinación jurídica será la nueva Constitución, sino también la real democratización social y económica de España. La democracia estrictamente política no es una auténtica democracia; consolidar y avanzar por ese camino es el nuevo horizonte en que desde distintas opciones debemos inscribirnos todos los españoles.

Don Sócrates Gómez (Partido Socialista Obrero Esañol)

La situación política desde el 20 de noviembre de 1975 hasta la fecha ofrece fundamentales difereincias. Con las imperfecciones propias de todo proceso como el actual, desarrollado en muchos casos a un ritmo trepidante, es evidente que, aún siendo corto el período que separa ambas fechas, nos encontramos anta un país distinto, ambiental y sociológicamente, y en algo tan importante como esto: Que hasta el 20 de noviembre de 1975 era una voz y una voluntad, sin consenso popular explícito, y, al alcanzar igual fecha a dos años vista, hay las voces y laa f voluntades que la voluntad popular ha querido poner en juego. To he dicho muchas veces qu« no puedo sustraerme en muchos momentos a 1-a idea de • que soy víctima de un espejismo, de que, no es posible qu« pueda pronunciarme en libertad y con libertad.

Y de ello se deriva lo que está. constituyendo la evolución política de dos años a esta parte. No ha alcanzado la evolución esas cotas necesarias para hacerla todo Ib efectiva que fuera de desear. A rni juicio, las clavea para que la evolución alcance esas cotas y esa garantía d« solución reside, de un lado, en que, sin precipitaciones, pero tampoco con pausas en algunos aspectos fundamentales quizá deliberadas y buscadas, se arbitren los canales, recursos y medios para hacerla viable! Elecciones sindicales y municipales, asentamiento de la libertad sindical a un nivel clarificador y efectivo, etc.; de otro lado, que las impaciencias, los maximalismos e x temporáneos nos alejen de una interpreta-cian realista de las posibilidades que puedan ser negativas al proceso en sí e incluso a su consecución plena.

En armonizar esas dos necesidades, junto a un esfuerzo acreditativo de la buena voluntad de eliminar traumas, limitaciones y carencias de todo tipo, reside la tarea de toda hora de los que asumimos al presente una responsabilidad política y pública.

 

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