Autor: Saiz, José Ramón. 
 Los quinientos días de un presidente 2. Ocho de septiembre: "cumbre" de Suárez con altos jefes de tres ejércitos. 
 "Nueva frontera" militar     
 
 Pueblo.    25/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Ocho de septiembre: "cumbre" de Suárez con altos jefes de los tres Ejércitos

"NUEVA FRONTERA" MILITAR

Los acontecimientos del otoño significaron un paso más de la neutralidad militar ante la peripecia de la lucha política civil

En sus primeras semanas, el presidente demostró ya su habilidad. No negociaba con nadie, pero cambió impresiones con sectores muy variados

Se había aplicado la primera amnistía a pesar de la respuesta asesina de las bombas. El presidente Suárez comenzaba a consolidarse en Castellana, 3, sede de la Presidencia, hasta su definitivo tras lado a la Moncloa, a primeros de año. La situación politica comenzaba también a mejorar. La voluntad de diálogo con la oposición y el reconocimiento de la existencia de varias corrientes de opinión era expresado por primera vez en cuarenta años por un Gobierno español, justo ocho meses después de 1a muerte de Franco. Ocho meses que representaron una pérdida de tiempo en la Historia, según algunos destacados políticos, pero que fueron necesarios para que, por fin, un Gobierno se decidiera a declarar que estaba dispuesto a trabajar por la instauración de un sistema democrático. La oposición, por supuesto, comenzó a salir de la clandestinidad como un síntoma más de la progresiva evolución de la sociedad española hacia fórmulas más occidentales.

El mes de agosto transcurre sin grandes noticias. Suárez pasa unos días de vacaciones en Almería, mientras en Madrid, alternándose permanece el vicepresidente Osorio. En, realidad Suárez aprovecha sus días de descanso para ultimar el equipo de colaboradores tan necesario para ejercer su alta función. Al parecer, el propio presidente, poco tiempo después de llegar a Castellana, 3, había comentado: «No comprendo cómo Arias ha podido trabajar con esta infraestructura.» El principa] cambio no se hace esperar (y le subrayamos por su importancia unas semanas mes tarde), al relevar al coronel San Martín, nombrado por Carrero Blanco, al frente del Servicio Central de Documentación. Suárez elige para este puesto clave a un hombre de confianza: el comandante Casinello, especialista en guerra subversiva y de guerrillas.

También en un puesto de confianza el vicepresidente militar, De Santiago, intentó por aquellos días colocar al coronel Quintero, antiguo jefe superior de Policía de Madrid, pero la salida del Gobierno del general De Santiago abortó la operación.

EL EJERCITO EN PRIMER PLANO

A primeros de septiembre, Suárez había evidenciado en repetidas ocasiones su habilidad. No negociaba con nadie, pero cambió impresiones con sectores variados, destacando su encuentro «en un lugar de Madrid» con el secretario general del PSOE, Felipe González. Pero había que acelerar la máquina politica. Y así, en un despacho con Osorio, Martín Villa y Landelino Lavilla, habituales cuando se tenían ,que tratar importantes temas políticos, parece que se llegó a la conclusión de que había llegado la hora de la ofensiva. El Presidente había prometido al Rey tener lista la reforma antes d>= í-n-i´1 de año, incluido la celebración dej referéndum, y ya las fechas apretaban. El momento político podría definirse de gran expectación y confusión: nadie sabía nada, porque sólo los cercanos al Presidente conocían el alcance de los textos reformistas. Pero para el Presidente iba a comenzar la ocasión propicia de presentar al generalato (una de las claves d« las democratización) el plan de reformas. Alvarez Arenas, ministro del Ejército, en un despacho con el Presidente, Je c o m u nicó que, de acuerdo con el vicepresidente De Santiago, el Consejo Superior del Ejército (en una de sus rutinarias sesiones) iba a ser informado de la reforma política en la que se encontraba comprometido el segundo Gobierno de la Monarquía. «Eso lo voy a hacer yo», fue la respuesta de Suárez, que, de acuerdo con el resto de los ministros militares, hacía pública la convocatoria de una reunión para el miércoles día 8 de septiembre, en Castellana, 3. (Sobre este punto se dice que el comandante Casinello provocó de cierta forma la reunión militar con Suárez, al ser informado de una reunión que ellos proyectaban mantener para tratar temas militares y sin asistencia de cargos administrativos, que presidiría De Santiago.)

A pesar, sin embargo, de la insistencia del vicepresidente militar en suspender la reunión, que consideraba masiva y apresurada, los militares escucharon ese día de boca del presidente Suárez el esquema general de la reforma política, con el que los asistentes, al parecer, coincidieron. Posiblemente, en

esta «cumbre», se concretó la exclusión de los comunistas en la primera fase de la reforma. Sin embargo, su legalización, meses más tarde, provocaría la salida voluntaria del Gabinete de Pita da Veiga, ministro de Marina. En cualquier caso, la «cumbre» militar-Suárez sentó un prec e d e n t e que supera el contenido del artículo 37 de la Ley Orgánica del Estado. Según este precepto, las Fuerzas Armadas «garantizan la unidad e independencia de la Patria, la integridad de sus territorios, la seguridad nacio-

nal y la defensa del orden institucional». Nada había sido vulnerado, sino que el presidente, con gran acierto, trató de comunicar a un pilar básico del país la orientación de la reforma política. De esta forma el presidente inició un nuevo hito en las relaciones del Gobierno con las instituciones castrenses. Para los historiadores no han trascendido muchas versio n e s de aquella audiencia. Acaso sirva más su significado (el visto bueno del Ejército a la reforma) que los distintos puntos debatidos por los capitanes generales, jefes e los Estados Mayores y ministros militares en presencía del jefe del Gobierno.

LUZ VERDE... Y MINICRISIS

Aquel 8 de septiembre fue un día difícil para el presidente. Pero ta m b i é n significó, al término de su encuentro con el generalato, un gran apoyo moral, que le llegaba, precisamente, de las Fuerzas Armadas.

La reforma tenía, definitivamente, luz verde, pero antes de su aprobación por el Consejo de Ministros Suárez iba a tener que hacer frente a la primera mi-nicrisis de su Gobierno. En efecto. En la reunión del Gabinete del día 16 el presidente pedía a su Gobierno la aprobación a la reforma sindical, que suponía, de hecho, el reconocimiento de las centrales obreras declaradas ilegales desde el final de la guerra civil. Al parecer, el debate fue largo y acalorado, y en el mismo el vicepre s i d e n t e De Santiago (según afirmó en su posterior carta a altos jefes militares) se opuso radicalmente al reconocimiento de los sindicatos clandestinos, y sobre todo al funcionamiento de las Comisiones Obreras, controladas por el Partido Comunista de Carrillo. En fin, cinco días después del citado Consejo de Ministros, los teletipos, a eso de las doce de la mañana, transmitían urgentemente el cese o dimisión del vicepresidente militar, que, en cuanto a su forma, tuvo cierta semejanza con el de Carlos Arias, ya que la mayoría de los ministros no se enteraron del hecho hasta una hora después de que la noticia saltase a los teletipos de las agencias de Prensa.

La misma mañana del cese de De Santiago (que sorprendió, en principio, a todos los observadores), Suárez ya tenia el nombre del sucesor y el visto bueno del Rey, porque a las nueve de la mañana, Manuel Gutiérrez Mellado salía de su despacho hacia. Castellana, 3, llamado urgentemente por el presidente, quien personalmente informaba del cambio al ministro del Ejército, en viaje oficial en Chile.

Nadie podía dudar en aquellos momentos, ante una oposición ciertamente perpleja, que el Gobierno llevaba la iniciativa política. No puede discutírsele su habilidad en impactar a la clase política con medidas inéditas, aunque, por entonces, las contradicciones del Ejecutivo se pusieran de manifiesto en repetidas ocasiones.

LA NEUTRALIDAD DEL EJERCITO

Pero hemos de insistir que el momento rnás importante de Adolfo Suárez al frente de la presidencia en sus primeros meses, se centra en la «cumbre» militar en la que se pone de manifiesto la neutralidad del Ejército. Precisamente, unos días antes de que se nombrara a Gutiérrez Mellado como vicepresidente del Gobierno, un informe general —el 1/76—, salía del Alto Estado Mayor Central con el visto bueno del ministro del Ejército. El informe, cuyo encabezamiento llevaba por subtítulo «Propósitos de mando» y cuya lectura debía ser «seguida de amplio coloquio», llevaba la firma del teniente general Gutiérrez Mellado. El documento pasaba revista a todos los fa.ct.ores que inciden hoy sobre las Fuerzas Armadas, desde ios puramente técnicos hasta los referidos a organizaciones políticas, pasando por la Unión Militar Democrática y los objetores de conciencia. Este es un párrafo bien explicativo del documento: «Mientras llevemos nuestro uniforme debemos olvidarnos de todo aquello (ideas, simpatías, opiniones, criterios propios), en cuanto entremos por la puerta de nuestros cuarteles. El que no se sienta capaz de esto y tenga unos ideales tan imperiosos que, según él, sean superiores a lo que le exige el Ejército, debe abandonar éste, y muy honrosamente, por cierto.»

Es decir el que iba a ser nuevo vicepresidente del Gobierno dejaba ver con toda claridad, cuál es, oficialmente hablando, el actual talante de las Fuerzas Armadas. Después, en posteriores declaraciones Gutiérrez Mellado ha incluido la idea de que el Ejército no pertenece a ningún grupo o tendencia, Suárez, de nuevo, había acertado, porque e1! nombramiento de Gutiérrez Mellado abría nuevos rumbos a la política nacional, ya que significaba la apertura de una nueva frontera de la imparcialidad, de la neutralidad militar ante la peripecia de la lucha política civil.

EL RUEDO POLÍTICO

No había, sin embargo, tiempo para el descanso. Superada la minicrisis, el político tomó el definitivo rumbo hacia la consolidación de la reforma política. Pero los acontecimientos se sucedían vertiginosamente. Así, la derecha autoritaria comenzaba a organizarse dentro de las mismas Cortes y cara a unas elecciones próximas. Fraga y seis ex ministros más de Franco presentaban en Madrid la Alianza Popular; la oposición tomaba el pulso al Ejecutivo en una jornada de lucha, y todo estaba listo para el pleno de la reforma política, que tenía previsto celebrarse antes del primer aniversario de la muerte de Franco. La política estaba al rojo vivo, desde el asesinato del presidente de la Diputación de Guipúzcoa, el 4 de octubre, a manos de un comando de ETA.

 

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