Autor: Aguirre Bellver, Joaquín. 
   Siete preguntas a Múgica     
 
 El Imparcial.    10/01/1978.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Siete preguntas a Múgica

AYER tarde, el Parlamento estaba en la conferencia de Múgica. Previniéndolo, como suelo hacer en las sesiones plenarias, llegué muy temprano al club Siglo XXI. Areilza también Areilza estuvo en la presidencia informal del acto mucho antes, para que nadie le quitara la presidencia formal del acto. Luego se mantuvo todo el tiempo con ese gesto tan suyo, como si tratara de enterarse de a qué huele, pero que le sirve estupendamente para que nadie sepa si está de acuerdo o no. Era el primer síntoma de una reunión en la que la burguesía va a ver cómo son los socialistas y los socialistas van a codearse con la burguesía.

El público fue muy respetuoso con el más simpático de los hombres del PSOE. De cuando en cuando ca

rraspeó un poco, y frente a mí había un coronel retirado que daba respingos de vez en vez.

Es muy tarde. No sé por qué demonios las conferencias terminan tan tarde. No he podido quedarme a hacerle unas preguntas a Múgica, pero se las voy a hacer desde aquí, tratando de adivinar qué es lo que no le ha entendido el público. Para ello me he servido de los respingos del coronel retirado, que he ido anotando puntualmente.

Primer respingo.—¿Por qué el señor Múgica considera al castellano una lengua «retórica»? ¿Qué quiere decir eso?

Segundo respingo.—¡Pues claro que el castellano fue la lengua del Imperio! Y eso ¿qué tiene de malo? Al coronel retirado le parece que en el hecho de que tantas naciones del mundo hablen nuestro idioma no hay nada de qué avergonzarse.

Tercer respingo.-¿Qué es eso de que hay unas regiones que se merecen todas las atribuciones políticas, mientras otras sólo se merecen atribuciones administrativas? ¿Qué es eso de que no podemos identificar Vizcaya y Cataluña con Extremadura, Andalucía o Aragón? ¿Y por qué, en este caso, se calló a Castilla?

Quizá porque Castilla es la región con mayor personalidad histórica y no le venía bien citarla entonces.

Cuarto respinto.—¿En qué se basa el señor Múgica para asegurar que las autonomías no van a convertirse en separatismos? Seguro que lo sabe, digo yo, pero el coronel retirado se ha sentido mucho más inquieto que cuando entró porque el señor Múgica no ha dado una sola razón convincente, ni una; que a él le parece que habrá que tomar medias, que habrá que asegurar la igualdad de los ciudadanos. Palabras. ¿Es ese acaso todo el bagaje con que se está emprendiendo una aventura tan seria?

Quinto respingo.—Lo del Estado federal ha puesto en vilo al coronel retirado. Es decir, señor Múgica, que Estado federal, no, pero en algunos sitios sí, para que poco a poco todos vayan llegando a él. ¿Y si en vez de ir poco a poco van de prisa? A ver cómo se le impone el reloj a eso.

Sexto respingo.—Este ha sido el mayor de los respingos de mi viejo amigo el coronel. Pero ¿cómo dice el señor Múgica que no puede tolerarse que la autonomía se conceda a las regiones más ricas? Pues si se la concede, con todos los honores y todas las atribuciones, a Cataluña y el País Vasco, diga el señor Múgica cómo se guisa eso. Porque, a la hora de la verdad, lo que se hace es discriminar regiones burguesas, con un nivel de vida europeo, y regiones proletarias, en subdesarrollo.

Séptimo respingo.—Que no, que el patriotismo no lo inventó Franco, que es de mucho antes.

Yo, personalmente, lo que no entendí fue todo aquello de la gasolina Cuando en España los obreros van en coche al trabajo es porque ganan para ir en coche al trabajo, porque se lo merecen, y no era quién Franco ni nadie para quitárselo. Ande, quíteselo usted si se atreve.

Bueno, ya me responderá Múgica a estas preguntas que le hago. Estoy seguro de que las aclara todas. Lo celebraré por mi amigo el coronel, que salió, más que inquieto, hecho un auténtico lío.

 

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