Autor: Aradillas, Antonio. 
   El dinero de la Iglesia     
 
 El Imparcial.    10/01/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

EL DINERO DE LA IGLESIA

EL del dinero de los curas y el del nuevo planteamiento económico, en cantidad globalizada, de la dotación a la Iglesia por parte del Estado, son temas de viva actualidad e intensamente polémicos. Es de prever que las aportaciones de los comentaristas, tanto desde la crítica, como desde la aceptación razonada y desde los ángulos más distintos, contribuyen positivamente a esclarecerlos, siendo injusto o, al menos, ocioso, pensar que el aplauso para el planteamiento supondría amor a la Iglesia, asi como la crítica y la repulsa comportaría desafecto... Y, entre tantas sugerencias como en el entorno del tema podrían indicarse, en esta ocasión, periodística, me limito a puntuar las siguientes:

RESULTA ser extremadamente significativo el dato de que, en términos generales, la aceptación del hecho de la subvención y del modo elegido para hacerla llegar a la Iglesia, en la escala de los partidos o corrientes políticas llega a concretarse de esta manera: el centro a favor, así como también los comunistas, mientras que están en contra la extrema derecha y los socialistas. Esta predominante no prejuzga la posibilidad de que, en hipotéticas votaciones a que se sometiera la subvención estatal a la Iglesia, sus resultados podrían coincidir o no con las tendencias expuestas. Eso sí, no sería procedente orillar, o no tener convenientemente en cuenta, por parte de la Iglesia, esas tendencias y sus capacidades y aspiraciones de poder, con el fin de orientar soluciones económicas más estables a corto y a largo plazo, no instalándose y conformándose con lo logrado al presente.

EN esta tarea y presentimientos, es de gran importancia todo lo que suponga adoctrinar seriamente al pueblo y a los ciudadanos españoles, en orden a la justificación de la dotación estatal a la Iglesia. Unas bases doctrinales y la exposición documentada y sincera de motivaciones históricas, junto con los elementos de juicio aportados por el derecho comparado y la práctica vigente en otros países de características más o menos similares al nuestro, proyectarán su luz para afrontar el tema con posibilidades de acierto. A los historiadores, a los juristas y a los teólogos se les encomienda una labor de esclarecimiento y análisis singularmente importante. Su falta podría debilitar la necesidad y justificación que reclama el tema, con sus desfavorables consecuencias para la idea, para el Estado y la Iglesia y, en definitiva, para la colectividad.

EL hecho de que, de alguna manera, la Iglesia Católica haya logrado resolver, hoy por hoy, y dentro de las correspondientes limitaciones, el problema de la subvención estatal, debería instarle a su jerarquía a ayudarles a otras iglesias a que resolvieran su problema, de modo similar y en conformidad con las fórmulas que ellas creyeran más acertadas. Las bases doctrinales y los razonamientos históricos son igualmente válidos para unos y para otros. La situación legal es exactamente la misma, aunque la real difiera mucho de aquella. En un país mayoritariamente católico y con tan acusada preponderancia de la Iglesia Católica en los estamentos y órganos del Poder el reconocimiento práctico de la necesidad de las demás iglesias de ser también ayudadas económicamente por el Estado, le corresponde, en su sugerencia e instancia, en gran parte, a la Iglesia Católica...

EL nuevo planteamiento económico quedaría radicalmente incompleto si no se proyectara hacia la consecución de la comunión de bienes necesaria entre las diócesis pobres y ricas, entre los sacerdotes y entre los diversos estamentos eclesiásticos, con una nítida y compartida administración de todos los llamados bienes de la Iglesia. Este será uno de sus frutos, al igual que lo será el de la consecución y ejercicio de la libertad, sin hipotecas o condicionamientos políticos a título de favor o a título de compra...

ANTONIO ARADILLAS

 

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