Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   Los primeros dardos     
 
 Informaciones.    20/01/1978.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Los primeros dardos

Por Abel HERNÁNDEZ

POR primera vez algunos de los dardos lanzados contra el presidente Suárez han sobrepasado la Moncloa y han llegado hasta el palacio de La Zarzuela. El hecho es delicado y grave, sobre todo si es el comienzo de una campaña insensata montada por los residuos del franquismo. Ciertas actitudes de esta derecha montaraz e iconoclasta, que ha quedado marginada, contrastan con las posiciones responsables y respetuosas hacia la Corona por parte de la izquierda marxista, que no oculta sus raíces republicanas.

El Rey está manteniendo con exquisita prudencia su poder arbitral y está cumpliendo admirablemente su papel de motor del cambio. Es la mejor garantía —puede que la única garantía— para la consolidación de la democracia en España. Conviene que sea intocable. Hasta ahora, afortunadamente, los dardos, que no han causado sorpresa en las alturas, le sirven de entorchados. Son pruebas inequívocas de que va por buen camino.

El que está asaeteado es el presidente Suárez. Los suspicaces creen que el carcaj está en manos de los que se quedaron en el «espíritu de febrero». Después han florecido do, primaveras en España. Los fracasados, los resentidos, los marginados, los que ven en peligro sus privilegios y sus intereses de la época anterior, los que pasaron meses en vela esperando el cargo, los merodeadores no se resignan a que en este país florezca la esperanza sin su concurso. Y no les importa, por salvarse ellos, volver a la tundra.

Así de sencillo es todo. Así de triste. Cuando es más preciso arrimar todos el hombro, solidariamente, algunos se dedican a cargar el carcaj y a disparar sus flechas, que además se vuelven fatalmente contra su bunker. Las razones personales se convierten en supuestas razones de Estado. ¡Qué paisanaje!

 

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