Necesaria y urgente clarificación     
 
 ABC.    16/12/1978.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

NECESARIA Y URGENTE CLARIFICACIÓN

A dos meses y medio de la «jornada de reflexión», presunto prólogo de negociaciones .que habrían de conducir a un acuerdo socioeconómico de amplio espectro, poco o nada se sabe de esas conversaciones a tres bandas —Administración, patronales y centrales sindicales— que permitirían la elaboración de un marco sustitutivo de los Pactos de la Moncloa.

Las espadas siguen en alto, aunque a veces se abaten y entrecruzan en singulares encuentros que contribuyen a enrarecer más el ambiente de confusión y desconcierto en que se desenvuelve la economía española en las postrimerías de 1978.

Hace pocos días saltaron a la luz pública ciertas divergencias entre el ministro de Economía y el de Hacienda. Motivo: el cierre o ampliación del plazo de enmiendas al proyecto de ley de Presupuestos Generales del Estado. En la Junta de portavoces del Congreso prevaleció el criterio del vicepresidente político frente a los planteamientos técnicos del ministro competente en el tema, el cual, curiosamente, manifestó su opinión a través de un diputado socialista.

Días más tarde, en comparecencia ante el Pleno del Congreso para presentar el texto del nuevo impuesto, sobre sociedades, Fernández Ordóñez quiso sacudirse el peso de la anterior derrota. «La reforma fiscal —dijo— no es el único instrumento de legitimación ética de la economía de mercado, ni puede ser una pieza aislada de la política económica. Aun valorando la profundidad de la transformación realizada, no puede esperarse que este sistema tributario renovado sea el ámbito único de la estabilidad económica o el instrumento solidario de la justicia.» Era una respuesta por vía indirecta. Luego fue mucho más claro y contundente:

«Nunca se escoge una política cuando los problemas son graves y hay que recuperar la trama del diálogo social si no se quiere que, al final, todo sea demasiado poco y demasiado tarde.»

Si nos trasladamos al escenario de la política, no es menor la confusión. Jornada tras jornada se viene deshojando la margarita y aún pueden quedar varias semanas hasta que tan delicada operación esté concluida. Son diversas las alternativas abiertas en abanico ante el presidente del Gobierno: Investidura, disolución del Parlamento, elecciones generales, comicios municipales... Hasta ahora nadie parece conocer la definitiva y trascendental decisión de Adolfo Suárez.

En las circunstancias actuales, que TO dudamos en calificar de muy graves, aunque algunas señales de alerta funcionen con menos intensidad que hace doce meses, por ejemplo; en las actuales circunstancias, repetimos, están ijle-namente justificados el desconcierto y la inquietud de nuestros empresarios res ponsables. Sin fijar todavía los criterios económicos del Gobierno para 1979; sin un horizonte claro para la negociación colectiva; sin saber si el próximo aflo va a venir marcado por el signo electoral —legislativas, locales, simultáneas o separadas en el tiempo—, que puede cambiar significativamente el mapa político y parlamentario de hoy, la actitud del empresario, la actitud del inversor, es de pura y simple espera hasta que el panorama esté bien clarificado.

La demora en salir de esta atonfa va a tener, sin duda, gravísima incidencia sobre nuestra maltrecha economía. Con inconsciencia gravemente responsable 86 está retrasando el punto de partida da un posible relanzamiento. Al final todo va a ser demasiado poco y demasiado tarde para enmendar los yerros.

 

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