Autor: Reinlein García-Miranda, Fernando. 
   La Constitucón y las Fuerzas Armadas (y II)     
 
 Diario 16.    26/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

La Constitución y las Fuerzas Armadas (y II)

Fernando Reinlein García-Miranda

>Ex capitán de Infantería)

El nuevo texto constitucional, en el campo de la defensa, introduce cambios

importantes en relación con el anterior. No obstante, la vinculación de las

Fuerzas Armadas al aparato del Estado parece sustraerla del control del

Parlamento o al menos no se explícita lo suficiente. Ello hace que tenga

excepcional importancia la futura ley Orgánica de la Defensa, que regulará la

organización militar. La nueva redacción no excluye a la mujer de sus posibles

deberes en el ámbito militar, al introducir el término ciudadano, aunque debería

especificar que los deberes militares también le alcanzan.

La organización militar

Articulo 10. 2. Una ley Orgánica regulará las bases de la organización militar

dentro de los principios de la presente Constitución.

El texto del articulo 10, en su párrafo segundo, deja, como es lógico, a una

futura ley Orgánica la definición de los principios básicos de la organización

militar. De esta fornia corrige el error del primer

borrador que a continuación pasaba a enunciar estas principios, lo que no es

constitucional.

Pero quizá el mayor acierto es la desaparición del nuevo texto constitucional de

la figura de la Junta de Jefes de Estado Mayor como órgano colegiado superior de

la línea de mando militar. El error provenía de instituir dos cabezas en las

Fuerzas Armadas. La administrativa, a cuyo trente está el ministro de la

Defensa, y la de mando militar, que quedaba al margen del control del

legislativo.

Se echa de menos, sin embargo, la explicitación del control parlamentario de las

Fuerzas Armadas, control que debe efectuarse a través del ejecutivo al que

pertenece el ministro de Defensa y que debe ser la cabeza única de las Fuerzas

Armadas en tiempo de paz. El mando supremo real debe recaer en el presidente del

Gobierno en caso de guerra, ya que el mando supremo de las Fuerzas Armadas que

se le confiere al Rey se entiende que no es ejecutivo en una Monarquía

parlamentaria.

No se refleja, sin embargo, los

presupuestos que deben regir la Defensa Nacional. Este tema, que debería definir

bien una linea de neutralidad, bien una linea de alianzas, así como la

definición del territorio nacional, cuya integridad deben defender las Fuerzas

Armadas, se elude por los problemas que presenta.

Estados de excepción, alarma y guerra

Artículo 94.—1. Vna ley Orgánica regulará los estados de alarma, de excepción y

de guerra y las competencias y limitaciones correspondientes.

Desde el punto de vista de la defensa sólo es necesario la definición de un

estado de guerra (yo le llamaría de defensa) y conveniente un estado previo, que

podría ser el de alarma, en el que se movilizan los recursos necesarios, se

prevé la protección civil, se modifica la producción industrias, etcétera.

Cualquier otro estado excepcional responde más bien a problemas internos que

recuerda el fantasma del "enemigo interior" utilizado en la época franquista.

Si se pretendiese algún otro estado excepcional para catástrofes de alcance

nacional, su enunciado debería indicar esa motivación.

Aislamiento del sector militar

Todos los partidos han manifestado de una forma u otra la necesidad de una mayor

integración de las Fuerzas Armadas en. la sociedad a la que sirven. Sin embargo,

de la lectura del texto constitucional se echa de menos la más mínima referencia

a esta cuestión.

Se echa de menos también una definición de las Fuerzas Armadas que refleje su

carácter de pueblo uniformado que recibe por delegación de la sociedad la

posesión de las armas para su defensa. Y se echa de menos, por último, la

participación de todo el pueblo español en las tareas genéricas de la Defensa.

En resumen, aparecen demasiadas veces los miedos de unos y otros, y con la

aprobación de esta propuesta constitucional se corre el riesgo de consolidar un

esquema en el que se institucionalice la existencia de unos poderes fácticos

cada vez mas alejados de la sociedad a la que deben servir.

 

< Volver