Feria de abril-77. 
 "Sevillanas" con el puño en alto  :   
 El P.C.E. Y el P.S.O.E. Han instalado caseta. 
 Pueblo.    22/04/1977.  Página: 10-11. Páginas: 2. Párrafos: 24. 

A la mano suelta y vertical de la sevillana se le cerró el puño. A los tacos de jamón les hicieron competencia las pegatinas, y el vino corría entre los póstera políticos. La Feria de Sevilla de este año había cobrado una nueva dimensión. Junto a las casetas de promoción particular, de entidades o gremios, aparecieron las de los partidos políticos. El gentío de la fiesta tradicional hizo un hueco para las ideologías en las noches en blanco que se quedan cortas. Madrugadas de palma y puño. Vino. Canciones quizá más compañeras que otras veces. Juerga y debate. Como fondo, el marco inalterable de la feria; el significado invariable de la feria: la explosión vital y popular inherente a la feria. Pero la etapa predemocrática y preelectoral que atraviesa el país también ha llegado al sevillano barrio de Los Remedios, cuna ferial y eclosión de casetas.

SEVILLA brilla como cada año, entre corridas y finos. La muchedumbre casi no deja andar. Se sabía que algunos partidos iban a poner casetas, pero sin que figurasen sus nombres en la entrada —«es que parece ser que el Ayuntamiento se lo prohibió», dice alguien—. Pero el reportero, gracias a la eficaz ayuda de dos compañeros de la delegación de PUEBLO en Sevilla, Manuel Lorente y José Antonio Sánchez Araújo, pudo encontrar algunas, escondidas entre el dédalo de calles y las casetas de sentido tradicional.

En el número 163 de la calle Pascual Máiquez se ve un rótulo: «Entrada libre. Pase sin llamar.» Es la caseta del P. S. O. E. Nada más entrar, en la pared de la izquierda, hay un gran dibujo: Felipe González y Alfonso Guerra, con botas, trajes cortos, faja y camisas agitanadas, bailan una sevillana, mientras que Marx les acompaña a la guitarra. A su lado, trajes de lunares, bailan sevillanas de carne y hueso. Hay chistes de For-ges y posters de Felipe. También carteles: «Derecho al voto desde los dieciocho años» o «P. S. O. E., vaya tela, tío» y «Socialismo es libertad». Lleno total, sobre todo gente joven. El revuelo de volantes casi no deja andar. El organizador de todo —uno de ellos— es Adolfo Guerra —hermano de Alfonso—, de! Comité Provincial del P. S. O. E. Y se explica sobre la idea de montar la caseta:

—No la idea no ha sido mía, sino del Comité. Para nosotros supone un modo de llegar al pueblo, de hacer

algo verdaderamente popular. Sí, claro que es politizar, pero de modo suave. Mezclando las bromas con lo serio. En la puerta de la caseta no pone P. S. O. E., porque io prohibió el alcalde, y ésta no nos la han concedido, sino que ha sido cedida...

Todos los días, aparte del continuo baile y cante, actúan grupos e intérpretes: Los Guadalqueños y sus «Sevillanas del P.S.O.E.», la voz denunciadora de Julio Matito, Los Romeros de la Puebla, José «el hijo de la Pepa». Mientras se vende «El Socialista». Y se vende algo de propaganda: mecheros y copas, con la rosa, que es emblema del partido. Una bodega, como favor, les ha permitido comprarle botellas de vino sin etiqueta y, en su lugar, han puesto el puño, la rosa y «Socialismo en libertad». «Ha sido como favor», dice Adolfo.

—¿Qué destino va a darse a los beneficios?

—Serán para ayudar al acondicionamiento de la nueva casa del P.S.O.E. en Sevilla. Pero lo importante es que ésta es la caseta de la libertad. No vamos a hacer política, sino a divertirnos... Naturalmente, que estamos a favor de una tradición como la de esta feria. De lo que el socialismo está en contra es del caciquismo que siempre ha imperado en ella, pero siempre abogaremos por una manifestación popular de este calibre... Lo que se haga aquí mientras duren los festejos será absolutamente espontáneo. Se cantará..., y el que quiera levantará él puño, claro.

Todo el partido, a escala nacional, esta invitado — «esto es a!go eminentemente popular y puede venir quien le venga en gana»—-. Y que se cante "La internacional" depende del vino-, comentan al lado. De momento, entre la algarabía de los corrillos, en alguno se bailan las sevillanas a puño levantado. Las guirnaldas forman las siglas del partido por las paredes. Todo el mundo colabora en todo. Ya no cabe un alfiler.

«Ño es la primera vez que montamos una caseta en la feria; no debutamos ahora, no, que ya llevamos poniéndola cinco años, aunque no a nuestro nombre, por supuesto», dicen en la caseta del Partido Comunista de España. En la misma calle de Pascual Maiquez, junto a la caseta de la Peña Bética C. Macarena, se encuentra. La 23 se llama, y ése es su número. Letreros por las paredes, claveles rojos y claveles en él pelo Pintura colectiva y pintura infantil. Por algún sitio, asomando entre la sinfonía de color, se ve la palabra «libertad». Rojos también los farolillos. José Hormigo es quien lleva la voz cantante en las explicaciones:

—Este año ponemos la caseta siendo ya legales, pero... Hasta ahora nos hemos movido en la clandestinidad para poner casetas y para todo. Tanto en el aspecto económico como para buscar la fuerza del partido en algunos sectores, como la Asociación de Vecinos de Bellavista, a través de la cual lo hemos conseguido...

José Hormigo es el responsable de finanzas de la Comisión Electoral Regional, y dice:

—La asociación nos ha cedido los terrenos y nosotros explotamos el bar... El caso es que la fuerza del P.C.E. estuvo patente otros años y lo está ahora, pero como estamos tan recientemente legalizados no nos dio tiempo a hacer la solicitud en nuestro nombre. Y nos habría gustado tener mayor espacio, pues aquí vienen militantes, simpatizantes y todo el mundo.

—¿Finalidades de la caseta?

—Por una parte el recaudar fondos. Otros años los destinábamos a la financiación normal del partido, y

éste se dedicarán al costea-miento de la campaña electoral. Es posible que podamos sacar de medio millón de pesetas a tres cuartos, con suerte. Este beneficio no es real porque no se paga sueldo alguno a los que trabajan en el local, ya que todo se hace entre nosotros. Luego, no es tanto beneficio, contando con e] esfuerzo de todos los trabajadores que lo llevamos, de los que ninguno es profesional de bar.

Además cobramos unos precios muy baratos. De todos modos hemos gastado en la instalación unas doscientas mil pesetas.

No va a haber atracciones porque no cuentan con espacio suficiente. Pero no hace falta, que para eso está la participación popular. Filtrada entre el ruido de las palmas continúa la voz de José Hormigo:

—¡Claro que estamos de acuerdo con la existencia de la feria! Y debe continuar celebrándose, pero con una mayor participación popular.

Sobre todo a nivel de asociaciones de vecinos, entidades culturales o centros parecidos. Se deben conceder casetas a los barrios, que haya para todos, dado que, además, en Sevilla existen más de setenta asociaciones de vecinos. Ocurre que si para otras casetas el atractivo reside en que vayan por allí artistas conocidos, para nosotros se centra en que estén los candidatos de núes tro partido.

Y por allí estuvieron Eduardo Saborido, Francisco Costas, Benito Rufo y Alonso Calosa, entre otros. Y se esperaba la llegada de los que pudiesen...

Van llegando más amigos y simpatizantes. Otro lleno Vías retumbar de sevillana1 masivas...

—Este año hay más canlí y baile que nunca. Y es lógico —afirma José Hormi go—: ahora, como ya estamos permitidos, se hablará menos de política que en otras ediciones... Como anécdota te diré que el pasado año nos visitaron miembros del Partido Comunista Fran-eés y se quedaron extrañados del modo que tenemos de trabajar en la feria. Les maravilló ver a abogados o médicos en la barra, sirviendo botellas de vino...

Venden llaveros del partido a setenta y cinco pesetas. Y bolsos de hombro con la efigie de Alberti y un pequeño poema, a ciento cincuenta. Es otra manera de recaudar fondos, mientras el vino vuela.

La novedad ha saltado en esta Feria de Sevilla-77. La política se ha filtrado entre los barracones del cachondeo, aunque en pequeña medida. Y es que las elecciones no perdonan. Los Remedios, este año, ha preñado ,de entusiasmos democráticos su radición folklórica. Los faralaes revolotean entre las siglas. Los carteles y emblemas se han abrazado al vino. Seguramente es un abrazo más estrecho y popular que nunca.

 

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