Hechos que no deben producirse     
 
 Ya.    07/04/1973.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

7-IV-73

EDITORIAL

Hechos que no deben producirse

NO puede ser formularia la manifestación de nuestro pesar, que es el que todo español debe naturalmente

experimentar, por los sucesos de San Adrián de Besos; pero correría el peligro de parecer-io si no

hiciésemos alguna consideración con la esperanza de contribuir a que hechos de esas características, que

tienen como precedente cercano los de Granada, no puedan volver a producirse.

Estamos contra la línea fácil de decir que en toda subversión o problema laboral hay que buscar al

agitador político como única explicación. Sabemos de sobra que hay problemas específicamente

laborales, no políticos; pero nos parece evidente que los agitadores aparecen siempre que encuentran un

terreno abonado, con la pretensión, lógica desde su punto de vista, de sacar cuanto antes ios problemas

del marco donde pueden encontrar solución, para plantearlos allí donde ya se trata primordialmente de

una cuestión de orden público, que la fuera armada tiene que mantener, aunque se produzcan

consecuencias como las que lamentamos.

¿No es eso lo que ha sucedido en San Adrián de Besos? ¿No fue lo que pasó en Granada? ¿No es, por lo

tanto, obligado que pidamos sensatez antes de que se traspase la línea donde termina la posible

negociación y empieza el orden público? Hemos hablado de agitadores, pero ni siquiera hace falta cuando

el propio apasionamiento puede llevar a las mismas consecuencias. Sensatez, pues, de ese lado.

PERO del otro lado también; nos referimos, como se comprenderá, a cuantos, antes de que la cuestión

llegase a mayores y al enfrentamiento con la fuerza pública, pudieron de alguna manera haberlo evitado.

En estos trastornos de orden público hay siempre, de causa o al menos de pretexto, una cuestión laboral

mal resuelta En esta misma línea de razonamiento, nuestro colega "Arriba" se pregunta si se ha mantenido

la templanza aconsejable en la relación laboral equilibrada.

Nosotros no pretendemos juzgar este caso; necesitaríamos una información exhaustiva de la que no

disponemos. Ahora bien; en general, creemos que ante conflictos de esta índole procede preguntarse si

bastan las normas vigentes; si están de acuerdo con la realidad del país; si no necesitan urgentemente una

actualización que, por ejemplo, permita el diálogo. Esto resolvería muchas cuestiones que se enconan y

agravan al no encontrar interlocutores válidos para el caso que se plantea.

Habría que afrontar todos esos problemas con agilidad y con Imaginación, porque en el conflicto entre los

cauces legales y la realidad son aquellos los que deben plegarse a ésta. Repetimos que hablamos en

general, pero decirlo nos parece indispensable s¡ queremos que los conflictos puedan ser resueltos antes

de que las fuerzas de orden público tengan necesidad de intervenir y se produzcan hechos como el que

ahora nos apena.

El cardenal arzobispo de Barcelona ha salido a sentar públicamente unos principios que los lectores

conocen. Meditemos sobre ellos. Ciertos choques y violencias, dice, podrían ser evitados si las reformas

necesarias llegaran a tiempo. La justicia es una condición Ineludible para la paz.

 

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