Autor: Valero Bermejo, Luis. 
   Ante la Constitución de la minoría parlamentariai     
 
 El Alcázar.    05/01/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ANTE LA CONSTITUCIÓN DE LA «MINORÍA PARLAMENTARIA»

En estos días los diputados van a preparar sus enmiendas al anteproyecto de

Constitución preparado por una Ponencia de los partidos mayoritaríos, los que a

su vez, han tenido ya ocasión de hacer sus reservas durante el período de

elaboración del texto. Ni los grupos parlamentarios minoritarios, ni los

diputados independientes, ni quienes carecemos de representación en el

legislativo, tenemos, por ahora, grandes posibilidades de colaborar en la

redacción de un código, con el que se pretenda superar, «de una vez para

siempre», la trágica división de las dos Españas.

Se dice ahora que se desea una Constitución que dure largo tiempo, no soto para

estabilizar definitivamente la democracia, sino para asegurar también la

concordia y la convivencia entre los españoles, antecedentes indispensables para

alcanzar, o tratar de recuperar, la prosperidad perdida en este bienio de

predemocracia. También se insiste en que es necesario obtener el «consenso»: que

el texto constitucional sea la síntesis de las ideologías que hay en el

Parlamento; estas fueron, aproximadamente, las palabras del presidente de las

Cortes, cuando, en una especie de procesión cívica por los pasillos del Palacio,

recibió el texto de los ponentes.

Es curioso que ahora se vuelva a hablar del «consenso», término achacado a tos

franquistas y vapuleado por los aperturistasde éstos siete años últimos. Antes

se decía que el pluralismo político era la panacea universal; nosotros

contestábamos diciendo que ello era cierto en los «programas de gobierno», pero

que el consenso era indispensable para alcanzar unas bases mínimas de desarrollo

político: unos principios esenciales inconmovibles que habían sido respetados

con lealtad por las mayorías de las completas sociedades industriales. Y así,

con esta discusión pasaron los años y fue penetrando el marxismo en nuestras

instituciones y organismos públicos; marxismo, cuya interpretación del

«consenso» tiene inequívocas muestras en nuestra pasada historia y en variedad

de naciones que han alcanzado la «democracia popular».

También ha surgido una curiosa metamorfosis en otro aspecto. Se achacaba el

ordenamiento constitucional, todavía vigente, en lo que no ha sido afectado por

la Ley de Reforma Política, que era excluyente de los vencidos en la Cruzada. En

realidad, la exclusión afectaba no a los hombres, sino a las ideologías y.

concretamente, al marxismo y a sus .compañeras de viaje», es decir, a las

tendencias aliadas con las tesis materialistas, condenadas por et Vaticano II, y

cuyo deslizamiento hacia el socialismo leninista venía constituyendo casos

permanentes en sociedades del tipo análogo a la española. Pues bien, ahora, por

lo que conocemos de los primeros destellos constitucionales, resulta evidente el

deshaucio total de las ideologías que «dieron vida a la Cruzada de 1936 . Por lo

tanto, la Constitución de la Concordia va a resultar excluyente de los

vencedores de 1939.

Y al utilizar estos términos de vencedores y vencidos lo hago por mero afán

expresivo, no porque me gusten. No quiero justificar con ello la errónea actitud

de quienes confían en el viejo aforismo de «sentarme a la puerta en espera de

que pase el cadáver de mi enemigo». No, nada de esto; de esperar, como diría

«nuestro presidente», ¡nada...¡ Esa espera sería faltar a nuestro compromiso,

sería desertar o aceptar lo equivocado de nuestros planteamientos..., en

definitiva, hacernos cómplices de quienes quieren borrar, de cualquier manera,

una etapa satisfactoria de nuestra propia Historia. No lo podemos hacer, porque

ello representaría abdicar de nuestro sentido patriótico, negar nuestro esfuerzo

para impedir que se produzcan los daños que la ceguera de unos y las pasiones de

otros están desencadenando y que no es necesario exagerar.

Nuestra primera consideración ante el texto constitucional que se va a someter a

deliberación es la de su propia aceptación. Si la Unión del Centro Democrático

es la vencedora mayoritaria del 15-J. y en su campaña electoral defendió la «

reforma para defender lo que se quiere conservar », ¿por qué ahora surge un

texto, inspirado por el más entusiasta revanchísmo, que desestabiliza no sólo el

Estado, sino también esa misma democracia, tan traída y tan llevada...? En

algunas circunscripciones ya sabemos que ganó el marxismo...¡Pero en España no!

La mayoría de los votantes se inclinaron por una acción reformista desde la

moderación del Centro; nos rechazó a quienes pedíamos cautela: fuimos

presentados con imagen falsa de reaccionarios provocadores del resurgir de

viejas discordias. Todo eso está muy bien, pero el texto de la Reforma está

escrito, no se han quemado todos sus ejemplares . ¿A qué viene entonces la

Ruptura...?

La razón es de todos conocida: por la presión de la izquierda que, aunque no

ganó, si alcanzó posiciones inesperadas. Nosotros, la derecha nacional, que es

mucho menos derecha de lo que por ahí se nos pretende achacar, hemos dicho que

no al marxismo y, por ello, no queremos ver que los votos antimarxistas del

Centro Democrático regalen su victoría electoral. Tenemos que hacer lo posible

para convencerles de que no lo hagan. Si la Constitución de 1931 nació sectaria

y laica fue porque de las elecciones de junio-31, seis partes de aquella Cámara

era sectaria y laica, y una, católica y templada. ¿Por qué entonces.de un

sesenta por ciento de votos católicos y moderados va a salir una nueva

Constitución laica y sectaria...? Señoras del Centro, no desdeñan sus fuerzas,

no otorguen concesiones gratuitamente, oculten su debilidad temperamental y

hagan uso de los derechos que la democracia inorgánica les concede.

Bastante debilidad ha representado el aceptar un planteamiento constituyente, al

que el Centro Democrático no se prestó, pues lo suyo era la Reforma Política

«desde la memoria da Franco» y en los términos del texto refrendado el 15 de

diciembre del 76. Pero si además del planteamiento constituyente, arrumbando «la

Reforma de lo que se quiere conservar», se cede en las autonomías, en el

concepto religioso de nuestra sociedad, en la fortaleza de nuestra familia y en

los principios de la economía de mercado con las correcciones sociales

necesarias, además de en otras muchas cosas más, de las que hago gracia, ¿para

qué han valido los votos mayoritartos de la moderación... ?

Luis VALERO BERMEJO

 

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