Autor: Alberdi, Cristina. 
 Ante el debate constitucional. 
 La Constitución y la mujer     
 
 El País.    07/01/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

Ante el debate constitucional

La Constitución y la mujer

Tras la lectura del texto del proyecto constitucional, sorprende e indigna que

habiendo intentado sus redactores, acordes con su cometido, recoger las

aspiraciones de los diversos grupos de presión y tendencias ideológicas

existentes en los diversos pueblos del Estado español, no sólo no se hayan

recogido las aspiraciones del movimiento feminista, sino que de una forma

directa el mismo proyecto contenga una grave discriminación explícita y otras

muchas implícitas.

Pensamos, y no sin razón, que ello sea debido a la escasa presencia femenina en

las Cortes, ya que es lógico suponer que si al menos el 50% de los diputados

fueran mujeres, esto no hubiera sucedido.

Si mal no recordamos, la Corona, en su discurso inaugural, advirtió serlo de

todos los españoles y supusimos obviamente que también de todas las españolas,

dada la implantación que a todos los niveles tiene el genérico masculino, pero

por lo que puede deducirse del texto que comentamos en esta ocasión, no íbamos

implícitas, como de costumbre.

En efecto, el artículo 49-1 del proyecto, al deferir el orden de prelación

dentro de la institución monárquica, claramente nos relega dentro del mismo

grado al segundo lugar, no en ejercicio sino para el ejercicio en caso de falta

(de varón).

La Constitución, si prospera el actual proyecto, será la Constitución de «los

españoles», como (y valga la analogía simbólica y la coincidencia cabalística)

la Declaración Universal de los Derechos del Hombre de 1789 lo fue de los «del

hombre» en aquel caso claramente, lo que le costó a Olimpia de Gouges la

guillotina al pretender implantar la Declaración Universal de los Derechos de la

Mujer. No sabemos qué le ocurriría hoy a alguna osada que pretendiera implantar

una Constitución de las españolas, aunque podemos presumir que acabaría en algún

psiquiátrico al uso.

CRlSTINA ALBERDI A bogada feminista

En el hecho de que se conceda preeminencia en la institución monárquica al varón

sobre la mujer reside la grave discriminación a la que aludíamos y ello,

fundamentalmente, por su valor simbólico que informa no sólo toda la estructura

del proyecto, sino también las relaciones de la sociedad a la que va dirigido.

No en vano la familia real es una familia, con sus reglas de parentesco y sus

normas de autoridad y jerarquía y no una familia más, no la familia por

excelencia, por decirlo de alguna manera, en el sentido de ser modelo e imagen

de la familia española.

La aceptación de la institución puede crear una situación que haga imposible

toda dialéctica, por cuanto, como dijo Illich: «Las instituciones crean

certidumbres y cuando se las acepta el corazón se tranquiliza y la imaginación

queda encadenada», de tal forma que, habiéndose asi producido en este caso, ante

la mayor sorpresa, partídos que en la campaña preelectoral se autodenominaban de

la liberación de la mujer o que reivindicaban como propios los postulados del

movimiento feminista han dejado pasar delante de ellos tamaña discriminación sin

pestañear, pues habiendo aceptado la institución se han adherido

inconscientemente a lo que implica, lo que a mayor abundamiento y dicho sea de

paso significa una clara estafa para el electorado femenino (más del 50% de la

población votante).

Podrá alegarse que la situación es similar a la existente en países reconocidos

como democráticos cuales son Inglaterra, Suecia o Dinamarca, en los que sólo si

falta el varón reina la mujer. En dos de ellos reinan mujeres, innegablemente en

la misma forma que lo pudiera hacer un hombre, lo que demuestra claramente que

se trata de mantener simbólicamente la preeminencia del varón sobre la mujer, lo

que además de ser insostenible, no ya desde un punto de vista feminista, sino

igualitario y democrático, produce sobre la comunidad una imagen que condiciona

el papel de la mujer y trae consigo la redefinición de la cultura preexistente

patriarcal y machista.

Si la forma de Gobierno del texto constitucional hubiera sido la República,

estamos seguras que el presidente de la misma podría ser, al menos en la norma,

hombre o mujer, sin que para ello fuera determinativa la falta de varón, habida

cuenta del pretendido carácter democrático del actual proyecto de constitución.

Ahora bien, podemos preguntarnos: ¿No era obligación de los legisladores,

acordes con el discurso de la Corona, adaptar a los tiempos actuales la

institución monárquica para que ésta sirviera a los fines de la comunidad? Pues

si ello es así, tendrían que haberla configurado dentro de los actuales

presupuestos sociales sin mantener su forma tradicional, lo que haría de la

institución misma algo distinto, pues, como señala Foucault: «Por un cambio de

gesto microscópico puede una institución sentirse amenazada poniendo en cuestión

la misma moral a la que sirve», lo cual evidentemente ha sido percibido por los

legisladores. A lo que hemos de añadir que en este caso el cambio no sería

microscópico sino fundamental, pues sería otorgar a la mayor de las hijas del

Rey el lugar que le pertenece, pues no existe más razón o más sinrazón para

relegarla que haber nacido mujer.

Por otro lado, hemos de mencionar las discriminaciones que el proyecto contiene,

que no por ir implícitas son menos graves que la primeramente comentada. Al

proteger a la familia como institución (art. 34-1) se discriminan las relaciones

interpersonales no institucionalizadas o las colectivas a las que las mujeres

cada vez en mayor número tienden, pues no por azar la institución familiar es el

lugar donde se ha fraguado su opresión y a donde se la ha relegado asignándole

los papeles tradicionales de esposa y madre.

También el proyecto elude la simple mención al derecho al control de la

natalidad previa o posteriormente a la concepción, lo cual es grave, pues en el

momento que se suscite el derecho a la interrupción del embarazo se podría

alegar la inconstitucionalidad del mismo.

En tema tan importante como la educación nada se dice sobre el que se realice

sin discriminación por razón del sexo, lo que unido a la no implantación de la

forma laica, producirá presumiblemente el que la Iglesia siga ejerciendo un

fuerte control sobre la misma, lo que consideramos negativo, pues sabida es la

misógina postura de la Iglesia frente a la mujer.

En resumen, el proyecto constitucional, aunque avanzado en relación con la

situación anterior, y positivo en muchas otras cuestiones, en punto tan

importante como las relaciones sociales privadas e interpersonales, mantiene las

estructuras de una sociedad ya caduca que se cuestiona desde todos los ámbitos,

lo que presumiblemente traerá consigo el que el proyecto, caso de llegar en su

actual redacción a ser aprobado, comienza su vigencia ya desfasado y contestado

por amplias capas de la sociedad y resulta inadecuado mucho antes de lo que sus

inspirados ilustradores esperan.

Por último, hemos de decir que por encima de la ley y más allá de su espíritu

los postulados del movimiento feminista son ya irreversibles, pues como dijo

Paul Valery "todo puede nacer de una espera infinita ", y ésta ya se ha

producido.

 

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