Autor: Urbano, Pilar. 
 Los hombres de la Constitución. Gabriel Cisneros. 
 Una Constitución excesivamente parlamentarista  :   
 Los ponentes estábamos condenados a entendernos. 
 ABC.    13/01/1978.  Página: 11-12. Páginas: 2. Párrafos: 52. 

ABC. VIERNES. 12 DE ENERO DE 1978. PAG. 11

LOS HOMBRES DE LA CONSTITUCIÓN

3 GABRIEL CISNEROS

"UNA CONSTITUCIÓN EXCESIVAMENTE PARLAMENTARISTA"

«Los ponentes estábamos condenados a entendernos»

«La verdad es que me sorprendió mi inclusión en la Ponencia Constitucional. En

U. C. D. hay, sin duda, hombres con mis credenciales científicas. Pero, creo

que, en conjunto, la tripleta de U. C. D. tenía un cierto valor representativo

del espectro de] partido: Herrero, un exponente admirable del pensamiento

liberal-conservador, que no se significó politicamente dorante el franquismo;

Pérez-Llorea, socialdemócrata, que militó en posiciones contra el régimen

anterior; y, yo, popu-lista y reformista, que provento de 1a colaboración

notoria con el régimen de Franco.» Empieza diciéndome Gabriel Cisneros. Y en sus

propias palabras en-gancho mi pregunta inmediata.

«La Monarquía española, tras una dieta de cuarenta y siete años, queda "bien

parada en la Constitución y con un "status"de de poder parangonable con el de

otras Monarquías vigentes»

-¿Qué te parece la descalificación, casi global, que se está haciendo de la

clase franquista? El drenaje de políticos de «antes del 75» es notorio...

-Me parece un fenómeno más retórico que efectivo, subsiguiente a la dialéctica

Reforma-Ruptura. La «ruptura» estrepitosamente derrotada en diciembre del 76, ha

ganado la batalla de la «imagen», la batalla de la Información. Pero frente a

esa pariencia se alza la realidad inconmovible de una sociedad de anchas clases

medias. Y, a nivel de clase política, el dato de que el protagonista

indiscutible del cambio político, Adolfo Suárez, es un testimonio vivo de la

superación de ese «drenaje» a que aludes.

- «HE SIDO UN PEÓN DE BREGA»

-¿Cuál fue tu papel en la ponencia?

-He sido un modesto peón de brega de las posiciones de mi partido. Y procuré,

siempre, apoyar las posiciones de conciliación, mejor que las de antagonismo.

-Entonces, el hombre conciliador...

-No. Ese papel, facilitado por su posición de partido y su talante personal, ha

sido de Miguel Roca.

Hablemos de los ingredientes políticos que se concitaron durante cinco meses en

aquella habitación, alta y larga, de las Cortes.

-Dos marxistas, Peces-Barba y Solé; cinco no marxistas. Dos autonomistas con una

visión prioritaria de este tema: Roca y Solé; un voto de censura al término

«nacionalidades», el de Fraga. Y dos posiciones -U. C. D. y P. S. O. E.-

divergentes en la instrumentación técnica de las autonomías pero convergentes en

la preocupación de inscribir este tema en las perspectivas de partidos de ámbito

nacional. Respecto a la forma del Estado, cuatro votos comprometidos en la

Monarquía. El P. S. O. E. anuncien y mantuvo su voto republicano. Roca y Solé

condicionan su posición al conocimiento previo del tratamiento de la Corona que

proponía U. C. D.

-La experiencia de este trabajo, ¿te ha llevado a descubrir entre los otros seis

ponentes algún «personaje»?

-Yo conocía personalmente a casi todos. Quizá pueda señalarte que se ha

acrecentado mi admiración por Fraga. Y me parece justo subrayar el nombre de

Roca.

(Yo, a mi vez, remarco que todos los ponentes entrevistados han señalado el

«descubrimiento» de Roca.)

-El borrador ha sido hecho por hombres jóvenes. El veterano es Fraga y tiene

cincuenta y pocos años. Jordi y Gregorio andan por los cuarenta. Y los demás

contábamos todos treinta y siete años. Es posible que la. proximidad

generacional haya sido una vía de superación de discrepancias. El tono, más que

cordial, ha sido amistoso.

Además de un «borrador» creo que hemos conseguido un manojo de verdaderas

amistades. Y creo que todos hemos lamentado, explícita o sigilosamente, la

ausencia de Tierno.

-UN CONGRESO OMNÍMODO

-La nueva Constitución parece excesivamente parlamentarista. El Congreso de

Diputados resulta omnímodo. ¿Por qué así?

-Es cierto, y no por culpa de U. C. D. Bastaría que prosperase -alguno de nues-

tros votos particulares -como el del voto de confianza asociado a un proyecto

legal- para introducir una seria racionalización. Yo procuré impulsar todos los

intentos de reforzar al Ejecutivo.

-Parece interesante conocer el «clímax» que se fue creando detrás de aquella

doble puerta cerrada. ¿Máxima tensión?

-Sin duda, el debate de las autonomías. Y, también, tuvo una especial «densidad

histórica» la segunda o tercera sesión cuando U. C. D., por boca de Pérez-

Llorca. en una intervención brillantísima, expuso su visión de la institución

monárquica, para despejar la reserva condicionada de Boca y Solé.

-En el borrador filtrado el Congreso elegía al presidente del Gobierno. Ahora es

el Rey quien elige un candidato y el Congreso lo aprueba o rechaza. ¿Qué os hizo

cambiar en este punto tan importante?

-El cambio no es exactamente como lo describes. El primer borrador no precisaba

el mecanismo para la iniciativa de la propuesta del presidente. El borrador

definitivo atribuye esa iniciativa al Rey. Fue una propuesta de Roca que U. C.

D. hizo suya. Y, en definitiva, es la solución propia de una auténtica Monarquía

parlamentarla.

-Pese al «cal y canto» de las sesiones. ¿Incidían en vuestro ánimo los hechos

políticos del exterior?

-Por supuesto. El clima no podía ser el mismo tras el desdichado «pleno Blanco»

que en los días del Pacto de la Moncloa.

-¿Alguien quiso tirar la toalla?

-Una tarde Gregorio hizo amago de «abandono». Fraga sacó a relucir su genio

alguna oue otra vez... Pero, en general. la propia convivencia lubrificó

nuestras relaciones. Creo que todos éramos conscientes de la amplitud de

nuestras divergencias, de la imposibilidad de imponer criterios unilaterales, de

que estábamos condenados a entendernos. Hemos tenido que pactar, negociar y

ceder mutuamente, incluso en adjetivos. En ocasiones costó más ponernos de

acuerdo en un adjetivo que en un mecanismo legal.

- «A VECES ESTABA COMO AGARROTADO»

-¿La responsabilidad de estar haciendo la Constitución de tu país, alteraba tu

conocida estabilidad de ánimo? -He pasado unos meses de profunda

preocupación, con un sentido hipertrófico de la responsabilidad. Sinceramente: a

vecess estaba como agarrotado. Yo muchas noches apenas dormía; pero me siento

humanamente enriquecido.

-El Rey, o instancias próximas a su alta Magistratura, ¿ha defendido sus

parcelas de poder, por así decirlo?

-Yo, como ponente, no he sabido de la más mínima indicación que pueda suponer

venida de la Zarzuela. De las Fuerzas Armadas, tampoco. Ahora bien, sería pueril

suponer que el Gobierno no cononocía en todo momento la posición y los deseos de

uno y otro estamento; Corona y Ejército.

-¿Habéis trabajado con las manos libres o llegaban a vuestro «vade» en

la Ponencia frecuentes «papeles» de tal o cual ministro?

-Bueno, sí... Hemos mantenido contactos personales y por escrito con miembros

del Gobierno y de la ejecutiva de U. C. D. El ministro de Justicia, a través de

Herrero de Miñón, nos hacía llegar indicaciones concretas. Pero no había un

control que nos hiciese sentirnos «atados».

-«EL HECHO RELIGIOSO PUEDE EXPRESARSE EXTERIOMEMTE»

-Tú eres católico. Gabriel. Como hijo de la Iglesia, ¿estás satisfecho del

tratamiento que se da en el «borrador» al tema de la religión?

-No es un modelo de diafanidad, aúneme la fórmula parece politicamente útil.

Pienso que pude servir a la Iglesia católica, igual que a otras confesiones. El

acento de ese artículo hay que ponerlo en la libertad religiosa «exterior»,

porque lo que se ha conseguido es pasar de la privatización del hecho religioso

a su legítima expresión institucional. De la fe como fenómeno de conciencia, al

plano social. Reconocer esa libertad entraña, por parte del Estado, el deber de

hacer posible su ejercicio y tutelarlo.

-¿Cuál es el verdadero «status» de poder de la Monarquía española, considerado

en el cuadro de otras Monarquías vigentes?

-Equidistante entre las de más arraigo y menos cuestionadas (como la inglesa, la

belga, la holandesa) y las más despojadas de facultades (que son la sueca y la

japonesa). Tras una dieta de cuarenta y siete años, la Corona, en España, queda

bien parada; más por el espíritu que por la letra de la Ley, se le reconoce como

magisterio moral, centro y referencia de unidad y garantía y tutela de la

democracia. Si hemos deseado un Rey que reine pero no gobierne; ahora va a ser

posible que el rey no gobierne, ¡pero reine!

-«EN EL P. S. O. E. NO HAY TAL TRADICIÓN REPUBLICANA»

-¿Tu opinión sobre el voto republicano del P. S. O. E.?

-Es una opinión muy negativa. Me parece triste, injusto y grave. Ycontra lo que

se aduce para justificarlo: «testimoniar la tradición republicana del P. S. O.

E.» yo digo que no hay tal tradición. El protagonismo socialista durante la

segunda República, no fue má* que la consecuencia inevitable del vacío y

anacronismo de las faenas republicanas burguesas del momento. Y además, otros

socialismos viven en paz y se desarrollan bajo regímenes coronados. Por otra

parte, mantener ese voto particular es un síntoma de la crisis de identidad del

P. S. O. E. Yo de eso no me alegro, ni siquiera como adversario político;

porque, antes que ucedisia, soy ciudadano español y deseo que el P. S. O. E.

cuaje como alternativa de Izquierda auténticamente democrática...

-Y si el P. S. O. E., como tú dices, no «cuaja», ¿podría alzarse el Partido

Comunista con el gallardete de la Izquierda...?

-¡Ahí voy! Una cosa es reconocer que el P. C. E. se ha acreditado, por su

actuación moderada, razonable y constructiva, en la peripecia de estos meses de

transición; y otra cosa, distinta y nada deseable, sería abocar a una evolución

a la italiana,

con el comunismo como gran titular de la izquierda española.

-¿Piensas que un Monarca Borbón puede reinar con un Gobierno socialista?

-¡Por supuesto que sí! En todo caso, la objeción no sería del Rey, sino, al

parecer, de los socialistas.

-¿Y con un Gobierno comunista?

-;Huuuummm! Se me hace más cuesta arriba entenderlo. No por el Monarca Borbón,

sino porque me falta imaginación y experiencia histórica para «ver» a un

Gobierno comunista en un contexto libre y democrático.

-«LA DEMOCRATIZACIÓN CON FRANCO SUPONÍA CUESTIONAR SU PODER»

-¿Eres monárquico? ¿Desde cuándo? ¿Antes o después del S. E. U.?

-Mi familia lo era. Yo tuve una etapa adolescente de rechazo monárquico; pero

pronto llegué a un monarquismo de razón, por entender que era la única salida

pacífica del franquismo a la democracia plural.

-Los hombres que trabajastéis en la Administración franquista, y en órganos de

Gobierno, ¿no pudistéis hacer el cambio, ya hace años?

-He dedicado a esa misma pregunta especiales e intensos esfuerzos. ¡No fue

posible. Pilar! Los «aperturistas» intentábamos la cuadratura del círculo, desde

el depósito de autoridad y Poder cristalizado en Franco. La democratización

suponía en última instancia la puesta en cuestión de ese Poder. Pero sí que se

hubiesen podido adelantarse batallas parciales. Por ejemplo, la

descentralización administrativa hubiera restado entidad a las reivindicaciones

autonómicas actuales.

-Pilar URBANO.

 

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