Autor: Fraga Iribarne, Manuel. 
   De nuevo sobre el modelo de sociedad     
 
 ABC.    02/03/1983.  Página: 24. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

ABC, pág.24

TRIBUNA ABIERTA

MIÉRCOLES 2-3-83

DE NUEVO SOBRE EL MODELO DE SOCIEDAD

Por Manuel FRAGA IRIBARNE

CADA día que pasa se confirma de modo más indudable que no era arbitraria, sino real, la referencia a

dos modelos de sociedad, enfrentados políticamente en la España de hoy. Los que ahora se sorprenden de

que se ponga sobre la mesa (y con urgencia) el tema del aborto, o de que los socialistas aprovechen

cualquier pretexto para hacer (por decreto-ley) nacionalizaciones masivas, o de que la izquierda nos

aparte de la comunidad atlántica de defensa y nos lleve hacia el tercermundismo, la demagogia verbalista

y el aislamiento internacional, deben recordar que todo ello es Jo único que cabía esperar, dados los

antecedentes y programas socialistas.

Se quiso creer lo contrario, se quiso esperar que lo bueno iba a continuar, y los cambios serían para

mejorar. Nada más improbable; ios cambios de cualquier clase pueden ser para mejorar o para empeorar.

Pero lo que no puede ofrecer duda es el sentido general de tes cambios en una Administración socialista.

En todos los casos conocidos, un Gobierno socialista va contra la moral tradicional, contra la familia,

como institución; contra la escuela privada, como se verá muy pronto. En nada de esto puede haber

sorpresas, y, por supuesto, tampoco en cuanto al uso masivo de los medios públicos, de radio y televisión;

para el lavado de cerebros que lo facilite.

Aquí hay que hacer una observación importante. La izquierda está en estos planteamientos de la

revolución cultural y moral; en estas cuestiones hay muy pocos distingos entre los grupos más o menos

extremistas; del mismo modo que, al otro lado, hay consenso en defender los puntos de vista contrarios,

pero con menos decisión, a la hora de la acción ciudadana. La izquierda lucha, en la calle, más unida y

con mayor tenacidad.

Pasemos a una segunda cuestión. La izquierda, en todas partes, se une en las grandes causas

internacionales. Todos dicen lo. mismo sobre Chile, o sobre El Salvador, o sobre los bloques militares.

Del otro lado, también la implicación es menos sistemática. La izquierda mantiene de modo tenaz su

presión conjunta sobre Centroamérica (donde ya Nicaragua sigue los pasos de Cuba); como la mantuvo,

con los brillantes resultados que ahora se recogen en Marruecos, sobre la cuestión del Sahara (en contra

del claro interés nacional), y como se une en el tema de la OTAN, con un solo resultado práctico, que es

favorecer a la otra parte, a la Europa del Pacto de Varsovia.

En todas partes, igualmente, los socialista propenden a aumentar el gasto público, a aumentar los

impuestos, a hacer crecer el déficit y el endeudamiento, porque por mucho que crezcan los impuestos, aún

crece más deprisa el gasto. Todo ello es ya bastante malo en sí mismo; pero como sólo puede producir un

resultado —mayores dificultades para las empresas—, lleva inevitablemente a nuevas crisis empresariales

y al aumento del paro. Entonces se recurre a la nacionalización de las mismas empresas a las que

previamente se ha arruinado, en el cerco seguro de impuestos altos, Seguridad Social cara, dinero escaso

y caro, elevación de los costes (laborales y de tarifas) e inseguridad de la política económica.

Repito que en nada de esto puede haber sorpresas. Está pasando lo que tenía que pasar. Es inútil preguntar

si esta o aquella medida la ha propuesto ese o aquel ministro. Los que no han leído los programas

socialistas y han votado cambio, por las buenas, han hecho como los que compran acdones por la

cotización de un día, sin leer los estatutos ni el balance de la sociedad.

Hay dos modelos de sociedad. Ninguno es perfecto, pero justamente nosotros lo reconocemos, mientras

que los socialistas (después de tantos fracasos) se empeñan en que su Estado es capaz de ofrecer la

felicidad socialista en la tierra. Nosotros (conservadores, liberales, populistas) somos más realistas; la

sociedad puede ofrecer una seguridad (física y social) mínima y unas oportunidades (educación,

servicios); pero la felicidad y el éxito se los tienen que buscar cada uno.

Nosotros creemos en la libertad creadora; creemos que la sociedad produce más y mejor con menos

controles; pensamos que la pequeña y mediana empresa rinden y crean más empleo que los grandes

complejos burocráticos; pensamos que la familia es la mejor unidad básica de consumo y, sobre todo, de

entendimiento personal y de afectos; creemos en la continuidad creadora de una cultura, porque «lo que

no es tradición, es plagio».

Creemos que se vive, mejor en los países que básicamente aplican esta filosofía que la contraria, y que

cuanto más puro y por más tiempo se ha aplicado el socialismo, peor parados ha dejado a quienes lo han

experimentado. Por eso debemos defender con claridad y decisión nuestro modelo de sociedad. No

pensemos que el tema del aborto es para los médicos, o el de la nacionalización de un grupo de empresas

sólo afecta a los interesados. Muy al contrario. Es el conjunto de la vida social el que está en discusión.

Y no pensemos tampoco en la .famosa doctrina de no significarnos, para que no se metan con nosotros.

Hay que significarse con claridad, para poder defender lo nuestro. Y no hay que perder una sola ocasión

de hacerlo, en elecciones (las hay a menudo) o fuera de ellas; en temas profesionales o culturales, y así

sucesivamente. En cada una de las opciones de un mundo globalizado y politizado como el que vivimos,

se juega el conjunto del modelo de sociedad.

La actitud de «pasar» es particularmente peligrosa en este momento., Frente a los activistas de una clase

universitaria, de una oficina pública o de un hospital, no hay actitud más peligrosa que la de «pasar» y

callar. Redunda en el peor servicio a la sociedad; en la decadencia del espíritu de equipo; pero, sobre

todo, en la facilidad con que unos pocos se van apoderando de los controtes, frente a la pasividad general.

Debe hacerse notar, además, que, dotado de cadenas de transmisión muy profundas (corno los sindicatos),

el socialismo puede, y así lo ha hecho en más de un país europeo, jugar con armas desiguales, y

conservarlas, incluso después de haber perdido, por una notoria mala gestión, la mayoría parlamentaria.

Por eso la sociedad debe ser consciente de la necesidad de defender las posiciones en todas las

instituciones, en defensa del modelo de sociedad.

La anestesia socialista opera con procedimientos conocidos. No se preocupen, yo garantizo los depósitos

y los puestos de trabajo. No se añade que eso, por supuesto, es con el dinero de los contribuyentes, que

tiene un límite. Es mejor que ese límite no llegue, cuando ya las cosas no tengan arreglo.

 

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