Autor: Assia, Augusto. 
   Ningún partido ha presentado todavía un programa serio de Gobierno     
 
 Ya.    22/10/1976.  Página: 13. Páginas: 1. Párrafos: 19. 

22-X-76

INFORMACIÓN

ESCRIBE AUGUSTO ASSIA

Tácito, que, al menos para mí, es uno de loa pocos comentaristas que, en la actual confusión, es capaz de levantar la cabeza sobre el guirigay, se quejaba el otro día de que, como dicen los alemanes, aquí de tantos arbolea nadie ve el bosque. Los personalismos, los fulanismos y lo anecdótico apenas si dejan espacio, si respiración, en las profusas páginas de los periódicos y, especialmente, de las revistas, a loe problemas.

Mientras vuelve locas a las estereotipias la cuestión de cuándo habrá otra cristo gubernamental, cuáles aeran sus causas y quién ha de verse elevado a próximo ministro de la Gobernación, de la Educación o de "secos e molhados", según la frase portuguesa, el gobernador de la provincia de Trapisonda o el director general de Asuntos Trasnochados, aquí la reforma electoral, la sustitución de los sindicatos o la lucha contra la inflación le Interesa a poca gente y, aunque hay seis o siete millones de partidos, no hay, aparte del que podríamos extraer a fuerza de trabajo de los densos tomos de "Godsa", un solo programa susceptible d« dibujar ni remotamente cómo ha de eer la imagen de que ha de verse revestida la España desprovista d« la sombra de Franco.

Ni siquiera «1 Partido Comunista, otrora tan dispuesto a anunciar, a las primeras de cambio, la revolución en la calle, la dictadura del proletariado y el materialismo dialéctico, suelta ahora prenda, y tanto sabemos, por lo que loa comunistas nos dicen, de cómo seria una Hispana gobernada por don Santiago Carrillo como sabemos lo que nos esperaría en el lucero del alba si de repente nos viéramos arrojados a aquella deslumbrante luz.

El "speaker" de la Cámara de los Comunes, que el otro día me preguntaba qué es lo que respectivamente podría pasar si, respectivamente, saliera de las elecciones, como el más importante, el Partido Socialista, el Comunista, el SocialDemócrata del profesor Tierno, el Cristiano Demócrata o el Neofascista, tuve que contestarle que toda predicción era muy difícil, porque ninguno de ellos ha publicado todavía programa serio alguno.

"Yo lo único que veo—agregué yo con una ´^boutade" que me pareció que iba a divertirle ai presidente de la Cámara de los Comunes, y que indudablemente le divertió—. lo único que, por lo que los dirigientes han dicho, veo es que si triunfara el profesor Tierno y su socialdemocracia, aquí lo primero que iba a ocurrir es que fuera implantado un Estado marxista, que no sé muy bien lo que es, pero que el profesor debe saberlo, porque nos lo ha anunciado. Mientras si los que ganaran las elecciones fueran los comunistas, lo primero que, por lo visto, prohibirían es el marxismo."

"Fuera de eso, toda predicción parece aventurada—le seguí yo diciendo al "speaker"—, y yo la única que me atrevería a adelantarle a usted es que los que, desde luego, a fuerza de querer conservarlo, no dejarían del franquismo ni las raicea serían los neofascistas."

Lo importante función del Tribunal de Cuentas

Pero lo malo no es sólo que, con la cabeza metida en la sopa de letras que nos hemos cocido, sea imposible sacar el hilo del ovillo, y mientras nos parece que estamos en medio de una tremenda revolución, lo único que de verdad nos interesa y nos apasiona es quién va a ser el próximo subsecretario de Hacienda. Es aún peor que la Monarquía, una de cuyas ventajas sobre la República es la que podría haber comenzado a darse a sí misma cuerpo y dirección restableciendo íag grandes y probadas instituciones que, puestas a dormir por la dictadura, más fácil y más prontamente serían capaces de proceder a sincronizarnos con Europa y a transformarnos de un país peculiar en un país como otro europeo cualquiera, lo que ha hecho es olvidarse totalmente de tales instituciones, que son su mejor acervo y las que más podrían acercarla a las monarquías europeas a menos costo, asi como anclar nuestra monarquía mejor, sin aguardar a elecciones al otraa divisas en el firme terreno de la historia.

El día de la proclamación del Rey yo estaba siguiendo el acontecimiento rodeado de algunos

jóvenes, la mayoría estudiantes de Derecho, y cuando, entre loo tres o cuatro más importantes jerarcas que rodeaban a Su Majestad el locutor de la televisión anunció al presidente del Tribunal de Cuentas, uno de los estudiantes preguntó: "¿Quién es ése?" Cuando yo le contesté que "ese" era el símbolo de que las coeas ya habían comenzado a cambiar tuve que explicar lo que era el Tribunal de Cuentas con la Monarquía y lo que probablemente iba a volver a ser ahora con la Monarquía restaurada,

"Será otra vez la garantía de que los dineros públicos no serán gastados a capricho, sino con arreglo al presupuesto", les expliqué yo a los estudiantes de Derecho, que habían tenido que aprobar las asignaturas de Formación Nacional, pero no sabían lo que era el Tribunal de Cuentas, y se quedaron un tanto perplejos cuando expliqué que no había ninguna monarquía ni ninguna república civilizada donde el Tribunal de Cuentas no fuera una de las tres grandes instituciones, al lado de la de Justicia y el Parlamento, mientras no había en el mundo una sola dictadura donde el Tribunal de Cuentas siguiera funcionando.

Ha pasado un año desde que su presidente, cuyo nombre yo he olvidado, apareció en las pantallas de la televisión entre el presidente de las Cortes, el cardenal primado y el presidente d-el Supremo, alrededor del Rey, indicando un serio cambio. ¿Qué ha ocurrido desde entonces? ¿Van ahora las cuentas pagadas de los dineros públicos al Tribunal y puede el Tribunal no sólo examinarlas con todo detalle, sino llamar a todo servidor del Estado, desde el más alto al más bajo, para interrogarle sobre cualquier duda? ¿Prepara ahora el Tribunal de Cuentas el informe anual público a que cada año daba impresión en ¡a vieja monarquía y la desaparecida república, lo mismo que ocurre en Inglaterra, en Francia, en Alemania y donde no puede espera? otra cosa que ser puesto en berlina el ministro, el embajador, el chupatintas o el portero que se ha atrevido a gastar sin el sagrado respeto un ochavo público mal gastado?

"Porque sea embajador, el señor embajador no está más autorizado que otro funcionario cualquiera, sino menos, a proceder con «1 dinero público alegremente", avisaba en su informe anual el Tribunal de Cuentas de la República Federal Alemana sobre el hecho de que los gastos para el traslado de sus muebles desde París a Bonn por el embajador alemán en Francia no fueran muy convincentes y dejaran que desear.

"¿-Puede explicarnos con más detalles el Ministerio de la Guerra cuánto ha gastado y por qué en la reforma de su edificio?", le preguntaba el Tribunal de Cuentas Inglés al ministro d« Su Majestad en uno de sus últimos informes.

No hace mucho yo he querido averiguar de dónde han salido los fodos con qu>s la Cámara Agrícola de la provincia de La Coruña organizó algo tan poco en consonancia con sus funciones como una manifestación a favor de la industrialización o cuáles son las cuentas del Ministerio de Agricultura sobre la acción concertada; pero en el palacio de la calle de San Bernardo sabían tan poco de una cosa como de otra,

Las instituciones de la monarquía

En la España "envidia del mundo" se consideraba impertinente toda pretensión de vulnerar el secreto privado en las cuentas públicas. ¿Cómo puede la monarquía mostrar cuánto han cambiado las cosaa mejor ue restableciendo las atribuciones y los poderes de !a vieja e ilustre institución sin esperar a más y no sólo restableciendo las atrbuciones y los poderes del Tribunal de Cuentas, sino la función y las prerrogativas de tantas otras viejas e ilustres instituciones por cuya existencia nos hemos parecido a Europa y por cuya supresión nos separamos da Europa? Para nada de esto es preciso, me imagino, esperar a programas de partidos, ni siquiera partidos, elecciones o reforma sindical; basta con que el Gobierno de Su Majestad restablezca la vieja costumbre y obligación de que laa cuentas del dinero público sean investigadas y aprobadas por el Tribunal de Cuentas y que todas las cuentas hayan de serle sometidas.

Augusto ASSIA

Ningún partido ha presentado todavía un programa serio de Gobierno

Hay más preocupación por lo anecdótico y los personalismos que por los problemas auténticos

La Monarquía debería haber puesto en marcha instituciones de gran raigambre en épocas anteriores

El Tribunal de Cuentas debe cumplir su función de control

 

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