Autor: Herrero y Rodríguez de Miñón, Miguel. 
   Interrogantes sobre el sistema electoral futuro     
 
 Informaciones.    10/01/1976.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

INTERROGANTES SOBRE EL SISTEMA ELECTORAL FUTURO

Por Miguel HERRERO DE MIRÓN

EN España habrá en breve partidos políticos —dice el se-ñor Arias—; en España se celebrarán elecciones —afirma el ministro Areilza—; el sufragio seráa universal — puntualiza el superministro Fraga—. En resumen, España va a tener un régimen democrático normal, como el de Francia o Noruega, donde el protagonista político es, más que el individuo, el partido político que coricurre a la expresión del sufragio.

En Alemania, por ejemplo, la Social Democracia es más importante que el señor Schmidt, y en Inglaterra el Partido Consevador más relevante que la señora Thatcher.

¿Cómo van a ser en España estos nuevos protagonistas de la vida política democrática? A mi juicio han de ser libres, varios, pocos. Bólidos y nacionales. ¿Se trata de una aspiración utópica? En modo alguno.

Las técnicas jurídicas, las fórmulas electorales, en apariencia abstrusas especulaciones de leguleyos, permiten configurar esta importante parcela de la realidad política. Los cultivadores de las ciencias sociales lo saben bien y los estadistas del mundo entero lo utilizan... todavía mejor.

Así, por vía de ejemplo, resulta claro que la amplitud del colegio electoral puede influir decisivamente en la configuración de las fuerzas políticas resultantes de la elección. Pequeñas circunscripciones´ cada una de las cuales elige un procurador, serán favorables a las notabilidades locaJes, incluido, claro está, las notabilidades administrativas. Los colegios electorales de amplitud regional serán, por su parte, favorables a la formación de partidos ,regionalistas, n e c e saria-rnente minoritarios a nivel nacional, pero mayoritanos, cuando no únicos en la región, cuya representación fácilmente monopolizarán.

Análogamente, la libertad de candidaturas uninominales favorecerá la dispersión de las fuerzas políticas en numerosos cacicargos y la del voto en clientelas personales. Por el contrario, la despersonalización del sufragio, su objetivación en torno a • programas, será favorecida por el sufragio de lista bloqueada. En este último se presenta al elector una serie de candidaturas completas de todos los procuradores a elegir por su circunscripción y entre las cuales debe optar por una, sin introducir en ella modificaciones dictadas por simpatías o antipatías hacia un candidato.

LOS SISTEMAS ELECTORALES (RECUENTO DE VOTOS Y CONSIGUIENTE ATRIBUCIÓN DE

ESCAÑOS) CONTRIBUYEN A DETERMINAR EL NUMERO Y LA CONDICIÓN DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS

El elector elige, de esta manera, más un partido que unos hombres.

Más aún. La ciencia política francesa y anglosajona ha entablado eruditas discusiones sobre los sistemas electorales; la experiencia de los nuevos países ha puesto sobre el tablero importantes datos, pero no tema el lector: aquí bastan algunos ejemplos.

El sistema de representación proporcional, de acuerdo con el cual cada partido obtiene en la Cámara un porcentaje de escaños igual al porcentaje de votos recibido, tiende

a la formación de varios partidos políticos independientes entre si. Incluso donde no existen partidos firmemente constituidos, basta celebrar elecciones a través de este sistema para que dichas organizaciones tiendan a formarse. Por el contrario, el sistema mayoritario. especialmente si funciona con una sol*, vuelta, tiende al dualismo de los partidos, puesto que la simplicidad del sistema tritura a las minorías y, a veces, atribuye una mayor representación al partido que ha obtenido, no ya una escasa ventaja electoral, sino incluso una minoría de votos.

La diferencia práctica entre los dos sistemas no deja lugar a dudas. En Inglaterra, el Partido Liberal, con un 12 por 100 de los votos, apenas obtiene escaños en la Cámara de los Comunes. Al desperdigarse el voto liberal por todo el país, siempre queda en minoría ante conservadores y socialistas Si en vez del sistema mayoritario simple, se aplicase en Inglaterra el si tema pioporcional, los electores literales estarían debidamente representados y o-tendrían un número de diputados proporcional al número de sus sufragios. Con el mismo sistema mayoritario, si un partido obtiene una mavoria de votos acumulada en una minoría de circunscripciones electorales, obtendrá una minoría de d´outados. Así ocurrió en las elecciones británicas de 1974.

Y en España, ¿qué? Los partidos, ante todo, han de ser libres. Han de emerger de la propia nación, como exponentes de las diferentes solidaridades ideológicas, económicas, geográficas, propias de una sociedad moderna. Ello exige sustituir -no potenciar- el vigente e ineficaz sistema de las asociaciones y sustituirlo por un régimen de libertad en el cual los partidos tío tengan otro limite que el respeto a las normas constitucionales, ni otro control que el judicial.

Los partidos han de ser, además, varios, es decir, más de dos, para evitar que de nuevo se opongan en los comicios y en las Cortes los retoños de «una y otra España». En un país de extremos y contrastes, el pluripartidismo, las mayorías relativas, las coaliciones gubernamentales, fomentan el espíritu de diálogo y el sentido del compromiso. Ningún partido debería obtener la mayoría absoluta, ningún Gobierno una «chambre Introuva-ble», eco fiel de sus deseos. Para ello basta con establecer en España una de las versiones más sencillas de la representación proporcional.

Estos diversos partidos deben, sin embargo, ser pocos, con el fin de no atomizar la opinión y las Cortes.

La limitación no puede introducirse «a priori!» fijando un número máximo de opciones políticas. Tales procedimientos se quedan para el general Mobutu y su República del Zaire. Aquí, en otras latitudes, convienen otros instrumentos de organización política. Basta exigir un mínimo de sufragios —verbl gracia, el 10 por 100— para obtener representación en Cortes y eliminar al partido que no lo obtenga de la siguiente consulta electoral para que el numero de los partidos concurrentes se reduzca, agrupándose las fuerzas políticas en unos pocos grandes bloques."

Por último, ertos partidos han de ser de amplitud nacional. Es decir, han de representar opciones para todo el país y no meras reivindicaciones locales. Esto no quiere decir que hayan de prohibirse los partidos regionales, tales como el Partido Nacionalista Vasco (que, pese a su nombre, no es separatista) o una eventual resurrección de la «Lliga» catalana. La exigencia nacional supone que estos partidos regionales, para tener acceso a las Cortes generales, habrán de insertarse en organizaciones o frentes electorales de amplitud no ya regional, sino española. Basta con establecer el sistema de colegio nacional único y exigir que cada candidatura comprenda una lista nacional, esto es, un número" de candidatos Igual al de los escaños & cubrir, para que se produzca automáticamente la concentración de todos los partidos políticos locales en uno o varios -frentes nacionales.

Las técnicas legales tienen su Importancia. Consisten en meras palabras, pero las palabras del derecho son el lenguaje del poder, y es ya lugar común que los nombres dan el ser a las cosas. Unas pocas palabras: sufragio universal en colegio nacional único, sistema proporcional con escrutinio de lista completa y bloqueada. Y ya tenemos las bases de una democracia española, organizada a través de varios, sólidos y pocos partidos nacionales.

 

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