Fraga iribarne habla de "Libertad religiosa y estado confesional"     
 
 ABC.    25/04/1972.  Página: 53-54. Páginas: 2. Párrafos: 6. 

Fraga Iríbarne Habla de «Libertad religiosa y estado confesional»

La Coruña 24. «El cristianismo separó claramente la órbita de Dios de la del Cér sar; fa Iglesia, del Estado. Sin embargo, la unión fue muy estrecha en la mayoría de los países cristianos, con mutuas interferencias, hasta el siglo XIX», ha dicho el profesor don Manuel Fraga Iribarne en el curso de la conferencia que sobre el tema «Libertad religiosa y estado confesional» ha pronunciado en el Colegio de Santo Domingo dentro del curso de teología para seglares.

Después de un siglo de liberalismo político y de creciente secularización de las sociedades urbano-industriales—dijo más adelante el profesor Fraga Iribarne—, León XIII acepta la «tolerancia política> en materia -religiosa. Esta doctrina de la tolerancia, con determinadas restricciones en cuanto a los actos públicos, ha sido prácticamente la oficial de la Iglesia católica, como se puede ver en autores tan clásicos de este período como Ottaviani y Maritain hasta el último Concilio Vaticano, que ha hecho de la libertad religiosa lo que puede considerarse uno de los pilares fundamentales de la doctrina social de la Iglesia.

Dijo más adelante el profesor Fraga Iribarne que la «Dignitatis humanae» pone, naturalmente, la libertad religiosa en relación con el bien común, pero aclarando que éste es «la suma de aquellas condiciones de la vida social mediante las cuales los hombres pueden conseguir con mayor plenitud y facilidad su propia perfección:». Es, pues, un bien común personalista y no colectivista, que «consiste, sobre todo, en el. respeto de los derechos y deberes de la persona humana». El ejercicio de estas libertades—siguió diciendo el profesor Fraga Iribarne—no puede tener más límite que el «orden público», entendido como un conjunto de normas conformes con el orden moral objetivo, y por lo mismo encaminadas a la tutela eficaz, en favor de todos los ciudadanos, de estos derechos de la persona y su pacífico arreglo en caso de conflicto. Todo ello por medio de la promoción de la paz pública, que es la ordenada convivencia en la verdadera justicia, y la custodia de la moralidad pública.

Analizó, finalmente, el problema en el Concordato vigente, que evidentemente ha quedado muy rebasado en este punto, como en otros.

«En resumen—dijo—-, en el plano filosófico la naturaleza humana es libertad, es moralidad responsable.

En el plano sociológico, las sociedades actuales son pluralistas y secularizadas. En el plano teológico, la doctrina católica es la libertad religiosa, y de modo excepcional y restrictivo, la confe-sionalidad. En el plano político y jurídico, estos principios deben ser instrumentos de buena fe, y de un modo consecuente, práctico, progresivo y con sentido humano. En este problema, como en otros, un «integris-mo» a ultranza es anacrónico en ja España de los años setenta, y un «progresismo» que no tenga en cuenta las peculiaridades de España es utópico y excita tendencias reaccionarias.»

«Debe tenderse, a la marcha que sea posible—terminó diciendo el profesor Fraga Iribarne—, a un estado no confesional, separado amistosamente de la Iglesia, colaborando con ella y, desde luego, con plena libertad religiosa.»—-Cifra.

 

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