Declaraciones de Cortina Mauri. 
 La descolonización del Sahara, tema prioritario de nuestra diplomacia  :   
 La acción de España en iberoamérica se complementa con la de aquellas naciones para fundirse en una comunidad de objetivos. 
 ABC.    04/01/1975.  Página: 19-20. Páginas: 2. Párrafos: 22. 

ABC. SÁBADO 4 DE ENERO DE 1975.

DECLARACIONES DE CORTINA MAURI

LA DESCOLONIZACIÓN DEL SAHARA, TEMA PRIORITARIO DE NUESTRA DIPLOMACIA

LAS NEGOCIACIONES EN CURSO CON EE. UU. NO EQUIVALEN A LA SIMPLE RENOVACIÓN DE UN ACUERDO; SE VENTILAN MATERIAS TAN IMPORTANTES COMO LA SEGURIDAD Y LA DEFENSA

No hay motivo para hablar de ruptura en Objetivo de las negociaciones concórdatelas negociaciones con el Mercado Común rías: deslindar la actividad de la Iglesia y Europeo del Estado.

LA ACCIÓN DE ESPAÑA EN IBEROAMÉRICA SE COMPLEMENTA CON LA DE AQUELLAS NACIONES PARA FUNDIRSE EN UNA COMUNIDAD DE OBJETIVOS

EL ministro de Asuntos Exteriores, don Pedro Cortina Mauri, ha concedido a la agencia Cifra unas declaraciones en las que aborda el tema del Sahara, las relaciones con los Estados Unidos; la cuestión de Gibraltar; las negociaciones con la Santa Sede y con la Comunidad Económica Europea; el problema energético; la acción de España en Iberoamérica y las relaciones con Francia. El interés de estas manifestaciones del Jefe de la diplomacia española nos Induce a reproducirlas en su integridad:

—Señor ministro: ¿Podría usted definir cuáles han sido los temas que han concentrado sobre sí la principal atención de su Departamento durante el año que acaba de finalizar?

—Los asuntos que en política exterior bao merecido mayor atención en el año que terminó han sido el Sahara, las relaciones con los Estados Unidos, Gibraltar, las negociaciones con la Santa Sede y las negociaciones con el Mercado Común. También ha habido que seguir cuidadosamente la evolución del problema, energético con vistas a asegurarse el suministro de petróleo, objetivo cuya consecución ha sido facultado en determinados momentos por la política de amistad con los países árabes. Si a ello se añade la permanente preocupación por adaptar las relaciones con Iberoamérica a las exigencias actuales, y de ello son manifestación los acuerdos económicos y de cooperación concluidos con varios países, tendremos una panorámica bastante completa del quehacer del Ministerio de Asuntos Exteriores a lo largo de 1974.

—El pueblo español ha seguido con la mayor atención el desarrollo de la cuestión del Sahara. ¿Podría precisarme algo el señor ministro sobre este tema?

—A pesar de las tensiones que se han producido en torno al Sahara, España no se ha apartado en ningún momento de una ´línea de actuación congruente con la doctrina de la O. N. U., aplicable a este territorio, qué proclama el principio de la libre determinación de la población. Asi se está llevando adelante una política de descolonización acorde con las disposiciones d« la Carta y las resoluciones de la Organización, sin que a ello obste el hecho de que en su última Asamblea se hayan producido incidencias procesales —como la petición de un dictamen al Tribunal Internacional de Justicia—, que no modifican la sustancia del procedimiento descolonizador. En esa linca se han mantenido, además, contactos con las partes interesadas —Marruecos, Mauritania y Argelia— r se ha tenido informados a los otro

países árabes. Dentro de este marco, España se halla siempre abierta al más amplio diálogo en aras del mantenimiento de la paz en una región a la que está íntimamente ligada por razones históricas y de vecindad.

Ni qué decir tiene que el Sahara seguirá siendo en lo inmediato un asunto de interés prioritario.

NEGOCIACIONES CON EE. UU.

—¿Cuál es, señor ministro, el momento actual de nuestras relaciones con los Estados Unidos y cuál el de las negociaciones en curso?

—Con los Estados Unidos destaca como hecho importante en 1974 la firma de la Declaración de Principios. Las informaciones se refieren a menudo a las bases y se abstienen de toda referencia a esa Declaración. Sin embargo, contiene suficientes orientaciones para entender la negociación en curso como algo distinto de la supuesta renovación del Acuerdo existente, pues lo que se ha de ventilar en ella es el contenido de la futura relación entre España y los Estados Unidos en materias tan importantes como la seguridad y la defensa. La Declaración abre a este respecto nuevos horizontes cuya concreción constituye incuestionablemente uno de loa objetivos de esa negociación. Hacer pronósticos sobre su desenlace seríaprematuro, pues en política exterior lo que cuenta sobre todo son los resultados. El actual Acuerdo expira en el mes de septiembre próximo y queda aún margen para poder llevar holgadamente a término esa negociación. Entre, tanto, parece indicada una actitud de prudente espera.

GIBRALTAR

—¿Y Gibraltar? ¿Sigue siendo nuestra nlstórica reivindicación objeto prioritario de nuestra política exterior o ha pasado acaso a un.segundo plano?

—Gibraltar no ha estado precisamente en la primera página de los periódicos en 1974, lo que no quiere decir que la reivindicación de este pedazo de tierra española haya sido menos insistente que en otros momentos. En la primavera pasad» se intentó aplicar el consenso adoptado por las Naciones Unidas en dicicmbie. da 1973 para cerciorarse de cuál era la voluntad negociadora de Gran Bretaña en cuanto la descolonización del Peñon. Al comprobarse que en realidad buscaba facilidades de acceso al aeropuerto que hubieran consolidado la presencia colonial británica, y con ello hubiese reforzado su pretexto de escudarse en el previa asentimiento de la población para eludir la. negociación, se suspendieron las conversaciones y se decidió replantear el asunta en las Naciones Unidas. No para obtener simplemente una nueva resolución oue apremiara una vez más a la potencia ocupante a que descolonizara, sino paia valorar desde otra perspectiva la presencia británica en la Boca, que trasciende del´ plano bilateral y se inserta en el de la estabilidad del Mediterráneo occidental como consecuencia de -un distinto uso de la base por efecto del progreso tecnológico. \c es momento de adelantarse 3. tos acontecimientos. Tero quiero señalar «lie, si hay un asunto que merece la cans!aní>- a´en-ción del Ministerio de Asuntos T.\L>> lores, es Gibraltar, pues eon«-M´in´(« p| -M-I-to de referencia de mía conliuuada at.í-

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vjdad motivada por las diversas incidencias que produce en las relaciones exteriores de España la permanencia de Gran Bretaña en esa base.

IAS DIFICULTADES CON EL MERCADO COMÚN

—Existe la impresión de que nuestra negociación con la Comunidad Económica, Europea atraviesa momentos difíciles. ¿Cuáles son los obstáculos Que encontramos?

—La negociación con l.i Comunidad Económica Europea responde a la necesidad de adaptar nuestra relación con los «Seis» a las circunstancias distintas que supone su ampliación a nueve. Esta novación ha variado los supuestos del intercambio que regula el Acuerdo de 1970´ entre España y la Comunidad.

Además, su vigencia ha proporcionado la experiencia suficiente para sopesar los efectos de sn aplicación y dar lugar a que la asimetría del desarme arancelario pactada no sea enjuiciada de igual manera por ambas partes. La Comunidad estima que proporcionalmente lia favorecido más a las exportaciones industriales españolas que a las propias, mientras que la parte española cree que el mercado agrícola comunitario no se ha abierto suficientemente a nuestras exportaciones. Encontrar el punto de coincidencia que .permita acomodar los intereses respectivos es la finalidad del nuevo Acuerdo que ha de negociarse.

Desde luego esta negociación es eminentemente económica, aunque tenga a su vez —como ocurre con casi toda la actividad exterior— una trascendencia política,´ pues la tiene el hecho de que nuestro país esté dispuesto a. aproximarse cada vez más a la unión aduanera que es la Comunidad, dado que nuestras relaciones tradicionales con todos 7 cada uno de los países que la componen, y m adecuación al ámbito comunitario en que están insertos, le lleva a tener en cuent» esta realidad. Las dificultades de esa negociación son evidentes, como las ha tenido la misma adaptación intracomunitaria y. la inacabable negociación para la entrada de los nuevos miembros. Pero el hecho de que el primer mandato fuera rechazado por España, mientras que la oferta española que ha seguido al segundo haya corrido luego igual suerte, precediéndose estos dfas a sn reajuste, no es motivo para hablar de rupturas inexistentes.

Esta negociación no supone entrar o dejar de entrar en Europa, como s« ha dicho tantas veces desde que empezaron los primeros contactos con la C. E. E., y» que en Europa estamos por ser uno de sus elementos constitutivos no sólo históricamente, sino también hoy, porque no se concibe la defensa europea —para limitarse a esta sola consideración— sin contar coa España, Y esto no cede en importancia a los tratos económicos, sean los que regula el Acuerdo de 1970, sean los que están en trance de elaboración y que van, indudablemente, a afectar, secan el desarme arancelario que se convenga, a nuestra economía. Por ello, las especificaciones y la cadencia de este desarme son el verdadero problema de la negociación con la Comunidad porque de su acierto • no dependerá que sirva de estímulo o freno a nuestro desarrollo, problema que por so alcance es objeto de la más cuidadosa atención del Gobierno.

LA SANTA SEDE Y EL CONCORDATO

Entre los temas principales del año ha mencionado, señor ministro, las negociaciones con la Santa Sede.

¿Progresa satisfactoriamente la negociación en curso?

—Las relaciones con H Santa Sede no non propiamente un capítulo de la política exterior, sino otra cosa.

Otra cosa porque la Iglesia y el Estado confluyen en sus respectivas actividades en la búsqueda del mayor bien para la sociedad española, a la que van dirigidos sus esfuerzos, situación muy distinta de la que es propia de la acción exterior. Esto no obsta para que la Santa Sede y el Gobierno español traten de definir, en parecida forma, las normas ouc han de regular sus relaciones y plasmarlas en un Concordato, a fin de deslindar los campos en que se desenvuelven las actividades de la Iglesia y el Estado para evitar interferencias originadoras de otros tantos conflictos. Tal es el fin primordial de la actual negociación concordataria, que ha tenido alternativamente como escenarios Madrid, Roma y otra vez Madrid, y cuyo desarrollo ha de ser inevitablemente laborioso porque aspira a poner en armonía ese deslinde con los tiempos nuevos, expresión en ´la que cabe comprender todas las ansias innovadoras conocidas. Por ello, signe la negociación con la Santa Sede, porque, en definitiva, el interés de ambas partes está en el entendimiento.

POLÍTICA ENERGÉTICA

—España ha Ingresado este año en la Agencia Internacional de Energía. ¿Supone esta Importante decisión una Inflexión de nuestra política de amistad hacia Jos países árabes?

—Ha sido mal interpretada en ciertos sectores la participación de España en la Agencia Internacional de Energía. Los precedentes de su gestación han llevado a querer ver en ella el instrumentó de una supuesta pugna entre países consumidores y países productores de petróleo, cuando, en realidad, se sitúa en un campo de actividad que desborda ese planteamiento porque abarca una amplia política energética, a corto y largo plazo, de la que no podía estar ausente nuestro país. Nuestro programa nuclear de producción de energía eléctrica y la necesidad consiguiente de asegurarse un regular suministro de uranio enriquecido bastarían —si no existieran otras motivaciones, como la búsqueda y aplicación de nuevas fuentes energéticas— para haberse asociado a los esfuerzos que a tal efecto han de llevar a cabo los países miembros de la Agencia, Los contratos de España con Estados Unidos, el concluido a largo plazo con la U.R.S.S. para el enriquecimiento del uranio y nuestra participación en Eurodif —una más do las realizaciones europeas— persignen igual fin. Por esto es infundado querer ver en el Ingreso de España en la Agencia Internacional de Energía nn signo fle cambio de política con los países árabes.

Esta política sigue igual pauta que siempre, y sus fundamentos son suficientemente sólidos para no verse afectados por decisiones económicas que atienden a requerimientos concretos. Las decisiones propiamente políticas siguen inspirándose en la confianza recíproca entre España y los países árabes. La actitud española respecto al conflicto de Medio Oriente y en favor de la causa palestina es prueba de ese sentimiento. Presentes están, además, los diversos contactos bilaterales y visitas oficiales que en el transcurso del año han jalonado esta amistad. Todo lo cual demuestra que la amistad hispano-árabe se mantiene incólume y, como tributo a ella, el ingreso de España en la Agencia Internacional de Energía fue precedido por la declaración de que uno de sus objetivos era promover el entendimiento entre los países consumidores y los productores de petróleo. En definitiva, el antecedente del diálogo euro-árabe habría que buscarlo en la resuelta política de amistad hacia el mundo árabe practicada por España desde la inmediata posguerra.

IBEROAMÉRICA

—El Interés de la diplomacia española hacia Iberoamérica ha. sido una constante de nuestra política exterior. ¿Cómo se manifiesta actualmente dicha constante?

—Iberoamérica es tan consustancial con España que la natural propensión de ésta es hallarse presente en su devenir, porque afecta de una manera n otra al soy» propio, Las relaciones con los países iberoamericanos son algo más que una manifestación de ´la política exterior española: «e trata de una acción que se complementa con la de aquellas naciones para fundirse en una comunidad de objetivos. Cuando una misma lengua asegura la comunicación recíproca entra en juego una solidaridad vita], circunstancia que está por encima de las propias relaciones internacionales. No en Tana la comunidad del idioma trae consigo la de¿ pensamiento, y ambas, la de las formas de vida, por lo que comprometerse a su perennidad es ligar la respectiva suerte para nn mejor futuro.

De aquí, que si ayer fueron las manifestaciones culturales las que dieron buena parte del contenido a las relaciones eon Iberoamérica, hoy, sin olvido de ellas —ahí están para atestiguarlo los 14.000 universitarios iberoamericanos que cursan sus estudios en nuestros centros docentes—, son las realizaciones económicas las que van tomando cada día más cuerpo. En este gran suceso de nuestra época que es el desarrollo, no podían dejar de darse las asistencias financieras, económicas y técnicas que demanda.

la red de convenios de cooperación concluidos son maestra de los esfuerzos de actualización que España llera a «abo en el área iberoamericana. Sn reciente ingreso en el Banco Interamea-icano de Desarrollo responde al mismo fin. T su concreción en los contratos de colaboración concertados eon varios países en materia de construcción naval, automoción, material siderúrgico y ferroviario, ejecución de importantes obras públicas, prospección minera, etcétera, así como los de formación profesional cuyos resultados óptimos se deben precisamente a la comunidad lingüística y cultural, MU otras tanta* manifestaciones de esa puesta al día de las relaciones de España eon Iberoamérica. Esto no es más que el comienzo. A medida que el impulso del propio desarrollo español proyecte cada día más la actividad empresarial al exterior, los países Iberoamericanos serán siempre tierra de predilección.

LAS RELACIONES CON FRANCIA

—Acontecimientos que están en la mente de todos parecen haber enturbiado nuestras relaciones eon Francia. ¿Cómo están en la actualidad estas relaciones, señor ministro?

—Con Francia las relaciones son normales en tasto no vienen a perturbarla* loa problemas «reado* por las actividades ene ciertos terroristas realizan amparándose *n el país vecino. Se afirma que la legislación francesa reconoce un estatuto especial a los refugiados y que esto dificulta la actuación de las autoridades sobre ellos. Sea cual fuere el contenido de una legislación, es susceptible siempre de ser aplicada de manera que no impida el cumplimiento de las obligaciones que todo Estado tiene respecto a los demás, especialmente la de no intervenir en sn vida interna, ni tolerar que lo hagan cuantos residen en sn territorio, puea de lo contrario la actividad legislativa serviría de justificación para no respetar los deberes que los Estados tienen entre «i Todo ello es bastante claro para que resulte indispensable compaginar las respectiva* posiciones.

 

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