Autor: Cebrián Echarri, Juan Luis. 
   Un brindis por el cambio     
 
 Informaciones.    29/11/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

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UN BRINDIS POR EL CAMBIO

ES una lástima que no fuera don Blas. Habría visto a la otra España, a la que no hizo la guerra, y a una parte de la que la hizo, desde luego, allí reunida, dialogando y sonriendo. Habría visto a la España política de ahora, la Izquierda y la derecha, mezclada ensoñadoramente en torno a un canapé, hablando, pero con más sinceridad, de las mismas cosas que se habla en las Cortes, y de otras que allí no se dicen, pero debieran decirse. Era el coctel de la revista «Cambio 16» (135.000 ejemplares, tres años de vida), el coctel de una España en cambio —¿le viene de ahí el éxito al semanario?

Estaba el todo Madrid político, e incluso alguno más que cogió un avión y se vino desde Galicia o desde Cataluña, derechíto al Ritz para estrechar la mano de Luis González de Seara, presidente de la publicación, y decirle enhorabuena. Nunca he visto, en un coctel político, a tanta gente junta y tan sonriente. De tal manera exultaban felicidad los más de mil invitados, que de ningún modo acaparaban los parabienes sólo los gestores de la revista. Los recién dimitidos, o ,los recién cesados, o los recién detenidos, Intercambiaban efusivas felicitaciones con los recién nombrados, o los a punto de nombrar, y hasta con los a punto de dimitir. No hubo discursos y era preciso Ir de corro en corro, en un Interminable paseo por entre la rancledumbre de los salones del hotel, escuchando y callando, asistiendo a la gran ceremonia de la confusión que para sí hubiera querido Arrabal al escribir su obra. En mitad del ruedo, León Herrera y Esteban y Rafael Cabello de Alba, los dos ministros que vinieron a llenar el hueco dejado por la apertura, charlaban con los dimisionarios Rafael Pérez Escolar y Francisco Fernández Ordóñez. Fernando Suárez negaba que estuviera ya todo sentenciado en el tema de las asociaciones, y Gabriel Cisneros declaraba que no era el padre del editorial de «Blanco y Negro» (no se lo pierdan ustedes) sobre la guerra civil. Juan Antonio Ortega y Díaz-Ambrona, el último de los dimitidos —«last but non least»—, comentaba sobre el artículo de García de Enterría en INFORMACIONES en torno al derecho de asociación poli-tica; tema —el artículo y el derecho— que era en realidad núcleo de todas las conversaciones. Había generales, como el hasta hace pocos meses jefe de| Alto Estado Mayor, don Manuel Diez Alegría, o Sintes Obrador, artillero e intelectual, condiciones que van del brazo muchas veces. Y hay que decir que los ex ministros Joaquín Ruiz Giménez y Pío Cabanlllas acaparaban la atención más que los propios actuales miembros del Gabinete. Las televisiones y la Prensa extranjeras rodeaban al saliente equipo de Información y Turismo, entre el que destacaba la sonrisa abierta de Juan José Rosón. Al fin y al cabo, el empeño de Ruiz Giménez y Pío en sus respectivas etapas ministeriales no ha sido muy diferente: tratar de acercar la España oficial a la España real. Sus dos experiencias terminaron igual: como el rosario de la aurora. Pero no se puede trabajar contra la historia. Ese es el éxito de «Cambio 16», que trabaja a favor de ella y que cree que el español es un pueblo culto, sensato y maduro. Un pueblo que sabe leer sin necesidad de que sea entre líneas; un pueblo que cree en los valores tradicionales de la libertad y la democracia, autosuficiente en sus decisiones; que no tolera e! paternalismo ni cree en sistemas autoritarios; que no desea hablar más de la guerra, pese a quien se empeña en recordársela desde las tribunas públicas y quiere construir una paz ´diferente, sin dogmatismos ni estériles complacencias. Estas cosas eran fáciles de palpar ayer en el Ritz, donde Amando de Miguel, Joaquín Satrústegu!, Joaquín y Antonio Garrlgues, Ignacio Camuñas, José María ´Gil Robles, Enrique de la Mata,

Por Juan Luis CEBRIAN

Leopoldo Torres, Fernando Alvarez de Miranda, Gabriel Elorrlaga, Buero Va-llejo, Esperabé de Arteaga, José Luis Cerón, Alejandro Muñoz Alonso, José Ramón Lasuén, Adriano Gómez Molina, José Luis Castillo Puche y tantos, tantos, tantos nombres de la España . que acaba y la que empieza se apretujaban materialmente unos contra otros, sudaban, se miraban y se decían con los ojos y con las palabras: basta venir aquí para comprender que las asociaciones, las pongan donde las pongan, estarán donde tienen que estar y no donde las quieran poner.

Fue todo un plebiscito la fiesta de ayer. Un homenaje al diálogo y un testimonio de la politización creciente de nuestra sociedad. Que no se hable de liberales de salón ni de izquierdistas del gOisqui de las ocho. Aquella gente está haciendo —guste o no— algo más que hablar e Ir de-fiesta en fiesta. Gran parte de la Izquierda real y gran parte del capitalismo auténtico se paseó anoche entre los tonos cremas y decadentes de la decoración del Ritz. SI los líderes de la nostalgia se hubieran acercado, hubieran comprendido lo que pasa: «Cambio 16» es, desde luego, de dieciséis accionistas. Pero es, por encima de todo, de los doscientos . mil lectores que la siguen. Cuando las tribunas del extremismo sean capaces en tan poco tiempo de acaparar tales sufragios, podremos creer que la España que nos pintan tiene más futuro ´del que tiene. Mientras tanto, ayer, en el Ritz, todos brindaron por la moderación.

 

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