Autor: Moreno y Herrera, Francisco (CONDE DE LOS ANDES) (MARQUÉS DE ELISEDA). 
   "Las enseñanzas de la historia"     
 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 35. 

IGNORAR la ley de causalidad es mal muy generalizado. Olvidar que las consecuencias tienen antecedentes es defecto congénito de los hombres. La experiencia ajena no nos aprovecha cuanto debiera. Ni siquiera la propia la asimilamos por completo.

Esto es así desde la infancia. Reiteradas veces se aconseja a los niños que no jueguen con fuego. Una y otra vez desoyen las advertencias de sus mayores, e indefectiblemente suelen chamuscarse los dedos en el pabilo encendido de una veía, o al encender un mechero.

Cuando nos hacemos hombres, caemos y volvemos a caer en el mismo sitio, y a tropezar contra el mismo obstáculo.

Esto es así, porque de las enseñanzas empíricas se deduce generalmente la necesidad de aplicar algún esfuerzo previo a nuestro trabajo. Ortas veces porque nos dejamos seducir de los falsos oropeles de las novedades que arrastran al optimismo natural humano inclinado a pensar que lo nuevo es siempre lo mejor por el mero hecho de serlo. Los hombres creernos que la llave de la felicidad está en cualquier falso tópico que va a abrir el camino fácil del paraíso en la tierra.

La anécdota de la caída de. la manzana, que ayudó a Newton a descubrir la ley de la gravitación universal, ha perjudicado a muchas gentes. Los que esperan un afortunado y fortuito acontecer para resolver sus trabajos olvidan las largas horas de vigilia y esfuerzo que llevaron a Newton a comprender la ley de la gravedad cuando discurría deambulando en un manzanar.

Importa sobremanera señalar que las leyes político-históricas son difícilmente alterables, porque se han establecido teniendo en cuenta las reacciones humanas. Esencialmente, los hombres son iguales en virtudes y en concupiscencias en todos los tiempos y lugares. Más todavía, sus caracteres idiosincráticos son poco variables, circunscritos a los que han vivido juntos la aventura de la vida en una misma patria.

Piensan algunos que elevar el nivel de vida de los españoles, empeño primordial de todo Gobierno, puede cambiar nuestra manera de ser. Cualquier observador atento del alma española reconocerá el mismo apasionamiento de carácter en personas de desigual nivel social y económico.

Examinando las instituciones políticas españolas se advierte, además, que una de ellas, la republicana, ha dado en sus dos experiencias hispanas los mismos frutos, y sus perfiles políticos han sido exactamente los mismos.

La República del 73 trajo como consecuencia ía cantonal, el caos y el golpe militar salvador de la anarquía, del general Pavía.

La República del 31 estuvo a punto de desintegrar la patria española, dejó a su economía en colapso, y con el asesinato desde el Poder de Calvo Sotelo, puso el punto final a su orgía de desmanes.

Sin embargo, vemos con asombro que algunas plumas con medias tintas, y a veces con claridad diáfana, insinúan el futuro político español con trazos republicanos.

No me refiero, naturalmente, a las voces de los exiliados. Estos, en su mayor parte, no sólo viven aferrados a la ideología republicana como continente político, sino que continúan adheridos a las

El sistema monárquico que cayó el 14 de abril adolecía de las quiebras inherentes al parlamentarismo y necesitaba reformarse en muchos aspectos. Pese a ellos, la restauración de Sagunto dio a España años de paz que permitieron un desarrollo industrial, intelectual y artístico, uno de cuyos exponentes fueron las Exposiciones de Barcelona y Sevilla de 1929. Bueno es también recordar que España tenía, comparativamente con otros países, una legislación social bastante avanzada.

Naturalmente, involucrar el régimen monárquico con los cinco años de República, aunque sea ignorando la Historia de España, es la única manera de confundir a las generaciones jóvenes.

Para borrar el- ingrato recuerdo republicano se condena los "excesos" antirreligiosos de la República. En

pocas palabras: se vuelve a lanzar la operación Maura-Alcalá Zamora, cuyo catolicismo acalló en 1931 los recuerdos anticatólicos de la Primera República.

Para sustituir la república parlamentaria se exhibe como remedio la república presidencialista que dé autoridad al ejecutivo, remediando la anarquía del poder público, signo característico de los gobiernos republicanos.

La historia y el derecho público aseveran, de consuno, que la república presidencialista es peor todavía que la república parlamentaria.

En la república parlamentaria, el jefe del Esado, elegido por las Cámaras, es, al fin y al cabo, un presidente de República de origen aristocrático. Esta elección de segundo grado atempera el poder presidencial, que no se siente omnímodo ni proclive a la dictadura.

En el presidencialismo, como el jefe del Estado ha sido elegido por sufragio universal directo, el carácter plebiscitario de su mandato le lleva al despotismo.

El jefe del Estado pierde equilibrio, y ponderación, como le ha acontecido al general De Gaulle últimamente.

Más grave todavía supone dejar, nada menos que la elección del jefe del Estado al veleidoso sufragio universal inorgánico, cuyos excesos se acentúan en los países de carácter pasional como el hispano.

El presidencialismo norteamericano, que a muchos cautiva, está muy moderado por la caucocracia, el Senado y el Tribunal Supremo.

Conviene añadir también que, hoy por hoy, la democracia norteamericana es relativa, porque la gran mayoría de los negros no votan.

Un gobierno con autoridad se consigue en el régimen monárquico con la insumisión del poder ejecutivo del legislativo, como hemos propugnado reiteradas veces en estas mismas páginas.

Representación y Gobierno deben tener distinto origen. Solamente el Rey puede asegurar el equilibrio, la ponderación y la continuidad política en la jefatura del futuro Estado español.

Pretender que oueda existir en España una buena república, o incluso una república menos mala, es olvidar el pasado y desconocer la sindéresis.

El Conde DE LOS ANDES

«LAS ENSEÑANZAS DE LA HISTORIA» esencias del republicanismo español. Porque es bueno recordar que en España la República tiene un signo anticatólico muy marcado, por razones históricas que continúan vigentes.

Basta señalar que, a diferencia de lo ocurrido en las naciones protestantes donde la Reforma sirvió de base al sistema político, en los pueblos católicos la revolución religiosa ha sido indeclinable postulado de la revolución política. Como el catolicismo ha presidido el sentido histórico de España, los republicanos revolucionarios han sido casi siempre anticlericales, cuando no anticatólicos.

Alvaro de Albornoz, ministro del Gobierno provisional de la Segunda República, proclamó paladinamente, en los debates sobre la cuestión religiosa, que los sentimientos republicanos "eran irreconciliables con los de los diputados de derechas". "Si estos hombres—añadía— creen que pueden hacer la guerra civil, que la harán, eso es lo moral. El sello de nuestra Constitución y de nuestra república no puede ser otro."

Entre mis recuerdos está viva la imagen de aquel ministro lerrouxista, Lara, que saltó del banco azul al hemiciclo gritando "Viva la República", y gesticulando como un energúmeno, durante el curso de un debate en el que los diputados monárquicos defendíamos el sentido católico en la política.

Como dijo Rene Bazin de la francesa. en España la República es una herejía.

Estos recuerdos me los han traído dos libros ejemplares que han solazado mi descanso veraniego. "Los años vítales", de Luis Bolín, y "Tres días de julio", de Luis Romero. Uno y otro dan una visión fidelísima de los antecedentes del 18 de julio.

Luis Bolín, actor principal en el novelesco episodio del traslado del general Franco de Canarias a Marruecos, da una versión real, amena e interesantísima, del singular relato.

Tanto "Años vitales" como "Tres días de julio" presentan al lector ignorante o desmemoriado una exposición real de los motivos que hicieron irremediable el Alzamiento del 18 de julio. Al mismo tiempo, en ambos libros resplandece el antimilitarismo, la persecución religiosa y la anarquía que se enseñoreó del mapa de España durante la República.

La información y la propaganda del Alzamiento Nacional ha sido torpe muchas veces y, con frecuencia, falseada por escritores republicanos.

Estos republicanos solapados casi siempre son de nuevo cuño. La mayor parte de los republicanos que trajeron y aplaudieron la República del 14 de abril, que viven en España, comprenden que solamente la Monarquía puede conjugar el orden y las libertades. Por eso patrióticamente desean.la instauración de la Monarquía para el futuro español.

Aquéllos, .por el contrario, en sus mendaces propagandas plantean el Alzamiento del 18 de julio como una consecuencia de la Segunda República, y de la Monarquía de Alfonso XIII sin solución de continuidad.

_ La falsedad de esta exposición no resiste el más somero contraste con la realidad del proceso histórico.

 

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