Autor: Quiñonero, Juan Pedro. 
 Instantánea. 
 Una tarde con Fraga     
 
 Informaciones.    29/04/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

INSTANTÁNEA

Una tarde con FRAGA

Por Juan Pedro QtlIÍJONERO

MADRID, 29.

LAS «Obras escogidas» de Mao Tse Tung, una «Didáctica de la Lengua en la E.G.B.», una «Breve historia de la técnica y del trabajo», eran los compañeros de viaje de tres libros de Praga («La República»,

«El desarrollo político», «La legitimidad y representación») en las vitrinas del pasillo central del Ateneo, ayer tarde. «L» mujer y la política» era el título de la conferencia a pronunciar por nuestro embajador en Londres. Circuito cerrado de televisión, sillones y tresillos movidos quedamente; una señorita comenta que Fraga ha perdido algunos kilos. Praga, en una salita de espera, le dice a la directora del Ateneo (¿un tanto atemorizada?) que no se olvide del vaso de agua.

Pantalones levemente cortos, traje azul marino (cruzado), menudos zapatos de punta afinada: Praga nos comenta en un aparte, antes de comenzar la conferencia, que «los nuevos cambios del Estatuto de la mujer en nuestra sociedad son las transformaciones más amplias que se han producido desde la invasión romanan.

La edad del público (en general) es discretamente avanzada. Mujeres de cuarenta años, solteras, discretos collares, maquillajes, cabellos de peluquería. El público masculino es igualmente cauteloso: trajes grises, alguna insignia, jóvenes entre la ausencia de corbata y el orden.-Praga se refiere a las señoras solicitando nía estabilización sentimental de las mujeres adultas». Les da pie. Su inglés (alguna cita) .es más caliíomiano que londinense. Marcelino Oreja (¿el único poli-tico asistente a la conferencia?) llega con cierto retraso y no se deja cumplimentar con un asiento de preferencia que le proponen los serviciales empleados de la Institución (Marcelino verá la conferencia retransmitida en circuito cerrado, como la"mayoría). Fraga continúa su rectilínea alocución (bronca en .los inicios de frase, dejando sin matizar los finales de párrafo).

Las señoritas con pantalones (muy peripuestas) sonrieron cómplices cuando Fraga habló del «lavado de cerebro sexual», poco después de hacer referencia (no sin cierta ironía socarrona de San Jorge de Rivareso, «que es la aldea de on servidor», como comentaría Praga poco mas tarde, en otro contexto), después de hacer referencia, decía, al «decailage conservateur», y, muy poco después, establecer un paralelismo muy estrecho entre Victoria Kent y Pilar Primo de Rivera. (Ante las protestas de una parte del público, Fraga haría un acto de fe: «No retiro ninguno de los nombres».)

Fraga, ya a la vuelta de ia primera mitad, entrando en la recta final de su conferencia, afirmaba al aire, no sé si bronco o terminante, de rítmica agilidad, de su discurso: «Ninguna revolución sexual puede ser permanente.» Sin dejar de hacer alusiones tácticas: «Las "lib" votan contra el comunismo.»

Acalorado, gozoso, terminante, Praga comenta: «España tiene unas mujeres de primera. Ño puedo terminar esta conferencia más que diciendo u>i "¡Ole!" a las hembras de España.»

Diez minutos mas tarde, Praga tenia otro acto político: presentación del libro de J. M. -González Páramo «Conflicto y estrategia política» (editado por Alianza, fuera de colección), en la librería Aguilar, de la Castellana.

«Esto es un tumulto», comenta Gabriel Clsneros a mi lado, ante la avalancha de un público en el que abundan los funcionarios y empleados ministeriales de las más diversas categorías (del político en paro al subalterno con .aspiraciones), i* edad y los kilos medios de los asistentes se han elevado sensiblemente.

En el Ateneo, chicas periodistas de revistas como «Posible», «Doblón». En Aguilar, redactores de «ABC», y poli-ticos, empleados de empresas paraestatales (Doncel, Editora Nacional). Ricardo de la Cierva, Aquilino Morcillo, Seara, Ar-mesto, Iglesias Selgas, Pedro Gómez Aparicio (algún señor con bigote frondoso saluda a Fraga* «Don Manuel...»), un jefe de Departamento presenta a su hijo (que ya está en el escalafón). Ortega Spotorno (en nombre de Alianza) da las gracias a Fraga por su presencia, comentando «su proverbial energía». En la presentación, Fraga es ya abiertamente político y hace referencia a la obra de González Páramo como a un elemento incluso estratégico: «Este libro nos plantea una estrategia para el consenso básico; para el entendimiento en una base común, estable y respetada- para el acuerdo sobre lo fundamental... No puede haberlo sin el previo reconocimiento de otros, que acepten también lo fundamental, justamente para promover desde él otras cosas, Importantes para cada uno. v que, coico tales, deben ser respetadas por los demás.»

González Páramo será abiertamente programático. Su especulación será la del ideólogo dispuesto a promover los fundamentos de una respuesta a un programa, a un estrategia. Comentó: «España está en el umbral de una mutación social extraordinaria que puede sorprender a los dogmáticos con soluciones máv inmoderadas que las que alpín país vecino acaba de mostrar. Esta última fase de las que analizo en mi libro puede significar el proceso de desestructuración que lleva al ocaso del sistema prolongando su agonía o la devuelve quirúrgica o milagrosamente la salud.» Para situar a Fraga en la hornacina del esperado: «Se reúnen los nombres de Ortega y de Fraga; la formulación de la necesidad del proyecto y el proyecto concreto con la capacidad personal de realizar!». Ortega y Gasset y Fraga son, respectivamente, el problema v una cíe tas solucíoiíes. Tal vez la única solución.»

Tarde con merienda política. Preámbulos, idas y venidas. Cautela. (Una interrogante que los allegados a Fraga no me aclaran: ¿Visitó el embajador al Príncipe?). El cielo enrarecido de la Castellana engulle el sordo y amenazador zumbido de la ma-rabunta automovilística. Fraga rronta en su coche oficial

 

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