Autor: Fernández-Cuesta y Merelo, Raimundo. 
   Precisiones a unos comentarios     
 
 Arriba.    30/01/1973.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Precisiones a unos comentarios

JOSÉ Miguel Ortt Bordas ha publicado en «El Mundo» un artículo en et que dedica unos comentarios a las declaraciones que Mee en la revista «En Pie», comentarios que leo reproducidos en el «Ya» del 28 del actual, y que se refieren al tema del asoclacionismo político. yY OLOROSO estupor», dice, le han ((II producido mis manifestaciones, y -*—* como no quiero-permanezca, por mi culpa, bajo ta! impresión, escribo estas lineas para intentar —si no convencerle— al menos explicarle mi pensamiento, que, a juzgar por lo que Ortí Bordas escribe, no he sabido expresar con nitidez.

EN primer lugar, no es exacto haya pronunciado la frase que me atribuye de que «no pueden afirmar que están dentro del Movimiento los partidarios del asociacionismo...!»; mi respuesta a la pregunta de s! creía se podrían ensayar el aso-ciadonismo y la huelga fue que «creía que eso es ir en contra de nuestra propia doctrina y de nuestro sistema político». Lo cual no es lo mismo, porque se puede pertenecer al

Movimiento y tener opinión contraria a la mía, aunque la juzgue equivocada. Y, de hecho, asi está ocurriendo. Pero es que, >además, y esto es esencial, al contestar a la pregunta me refería específicamente al asociácionismo político y no a todo él, sino sólo a aquel en que concurriesen determinadas condiciones.

A más de referirme también a la huelga.

POR consiguiente, me parece que el comentario y los razonamientos que 16 fundamentan se basan en el supuesto de una expresión distinta de la verdadera, aunque partiendo de ésta yo tenga derecho a mantenerla y a oponerme a la de Ortí Bordas, tan clara y rotundamente como él lo hace respecto a la mía, para no Incurrir en el silencio, ambigüedad o cobardía a que el comentarista se refiere. Mi posición en la política española en general, y sobre el tema del asociacionismo político en particular, lejos de tener aquellas característi-cas, es hien conocida porque la he puesto de manifiesta en cuantas ocasiones se me han ofrecido. Sin embargo, la repetiré una vez más, para recordatorio de quienes me atribuyen Jo que no he expresado.

("ilERTO que el artículo 16 del Fuero de lo> Españoles reconoce el derecho ´ de asociación para fines lícitos; cler-to que la ley Orgánica del Estad_o, en su artículo cuarto, dice que «el Movimiento promueve la vida política en régimen de ordenada concurrencia,de criterios», y que el articulo 21 establece como uno de los fines del Consejo Nacional el de «encauzar, dentro de los Principios del Movimiento, el contraste de pareceres sobre la acción política»; cierta que el Estatuto Orgánico del Movimiento admite el asociacionismo político; ciertas, en fin, todas las citas legales que hace Orti Bordas, pero cierto también que el derecho´ de asociación ha de ejercitarse en los términos que señalen las leyes, y cierto, asimismo, que ni la ley Orgánica del Estado, ni la del Movimiento Nacional y su Consejo hablan del asociacionismo político, que sólo lo hace el Estatuto Orgánico del Movimiento, el cual no impone, sino faculta, la constitución de asociaciones para la formulación de opiniones, el contraste de pareceres y la concurrencia de criterios, con unos limites determinados-en el artículo 15, v sin carácter exclusivo. Por tanto, pues, tales objetivos se pueden lograr también por otros medios: discusiones en las Comisiones parlamentarias, deliberaciones %n el Consejo Nacional, reuniones sindicales, de los Consejos del Movimiento v de las Corporaciones locales, variedad de tendencias de oeriódicos v revistas, etcétera, medios todos que, a juzgar por los comentarios de Ortí Bordas, no merecen ser valorados como cauces para el contraste de narecerefc, a! no ser expresión de! pensar preexistente de una asociación política.

DE otra parte,.no he olvidado, y el tenido muy en cuenta, todas las vicisitudes por que ha pasado el proceso del asociacionismo en el Consejo Nacional, Y porque no lo he olvidado, recuerdo qua yo formé parte de .una Ponencia que estudió el mencionado problema y que Intervlna en tas correspondientes sesione* da la Ponencia y de´la Comisión en que se discutió el proyecta, que luego aprobó el Consejo Nacional, eii cuyas actas correspondientes constan mis Intervenciones, sosteniendo la misma postura que después he seguido manteniendo, y mantengo. SI en la sesión en que el proyecto fue aprobado no voté en contra, lo que Ortí Bordas parece querer resaltar como contradicción con mi actual criterio, lo hice porque, expuesta anterior y reiteradamente mi opinión sin resultado positivo, preferí no;dar en la votación una muestra de discrepancia ya Inútil.

EN definitiva, no pienso, ni he dicho, I—1 que el a´soclacionismo, ni siquiera el 1__(político jsn general, sea anticonstitucional. Sí piepso, y digo, en cambio, qua la será el asociacionlsmo político ideológico, con organización y disciplina autónomas, y con aspiraciones de alcanzar representación pública, porque entiendo que eso asociacionismo terminará, si no lo es «ab initio», en partidos políticos. Y, como manifestó el Ministro Secretario General en la sesión informativa,de las Cortes, si a las asociaciones se les quita esas características, ¿en qué! quedarán? Y agrego por mi parte: ¿y a quién satisfarán de los que las proponen?

IDENTIFICADO desde su origen con el pensamiento político de José Antonio, al que también alude Ortí Bordas, rindo respeto al concepto de la participación en la vida pública´, pero Justamente esa Identificación me lleva a admitir, sólo como cauces de participación; a los que José Antonio proclamó como válidos, que, por otra parte, son los establecaos constitucionalmente. Por lo visto, la libertad y la dignidad del hombre, y la participación sólo son respetadas cuando sé pertenece £ una asociación política; no basta para ambas cosas pertenecer a un Sindicato, a una Familia, a un Municipio, a una Corporación profesional. Y resulta curioso que se piense que el recelo hacia el asociaclonismo político señalado tiene su origen en el individualismo liberal, y no se vea que ese recelo proviena del temor a que desemboque en el partidismo político,-,que,es la esencia de esa liberalismo. El falangismo defiende al hombre concreto, con un status dentro de una sociedad orgánica, distinto al individuo abstracto, mero sumando do un pueblo considerado como coniunto numérico.

POR otra parte, no me he considerado nunca dentro´ del grupo de los hombres del´Sistema que sienten el afán de petrificar él nivel actual de nuestro desarrollo político, sf es que tales hombres existen. Sí en el da los que quieren que el sistema se haga eajda vez más auténtico y eficaz, y por ello más firme y más valioso, v en el de los que .entienden que el mejor medio para conseguirlo es perfeccionarlo, desarrollarlo, adaptarlo a las exigencias del tiempo en que se viys, pero de manera coherente con la letraiy el espíritu de su Doctrina, no inspirándose, o buscando desembocar, en otra diferente.

X T O soy quién, ni lo pretendo, para da-\ crctar inclusiones o exclusiones en f el Movimiento..Lo soy para exponer mi opinión y estimarla, desde mi punto de vista, como la más conforme con la ortodoxia, Igual que Orti Bordas considera y dice que lo es la suya. E Igualmente para invocar, como él lo´hace!, la consecuencia en la conducta, con la diferencia, en favor mío, de ser ésta, pori razfin de mi edad, de duración más p»n¡onVjadí|-´

Raimumto FERNANDEZ - CUESTA

 

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