Mientras los empleados continúan en huelga total. 
 Los soldados conducen dos líneas del Metro  :   
 Los colegios estarán cerrados hasta el lunes. Los trabajadores han vuelto a recluirse en una iglesia de Vallecas. Por primera vez la empresa convoca al Jurado. 
 Informaciones.    08/01/1975.  Página: 1, 40. Páginas: 2. Párrafos: 9. 

MIENTRAS LOS EMPLEADOS CONTINUAN EN HUELGA TOTAL LOS SOLDADOS

CONDUCEN DOS LINEAS DEL METRO

LOS COLEGIOS ESTARAN CERRADOS HASTA EL LUNES

LOS TRABAJADORES HAN VUELTO A RECLUIRSE EN UNA IGLESIA DE VALLECAS

POR PRIMERA VEZ LA EMPRESA CONVOCA AL JURADO

El Arma de Ingenieros se ha hecho cargo del funcionamiento de dos líneas del Metro madrileño, la 1 y la

V. Concretamente, son soldados de la Agrupación de Movilización y Prácticas de Ferrocarriles, en

colaboración con el regimiento de Zapadores Ferroviarios, quienes hacen funcionar los trenes.

Los soldados portan su armamento reglamentario y van acompañados de números de la Policía Armada

Dos líneas del Metro de Madrid circulaban de nuevo esta mañana. Y aunque no funcionan con

trabajadores de la empresa, sino de mano de personal militar especializado; concretamente, soldados

pertenecientes al regimiento de Movilización y Prácticas de Ferrocarriles, elaboración con el regimiento

de Zapadores Ferroviarios. La línea 1, de Castilla-Fortazgo— comenzó el transporte de viajeros sobro

las ocho de la noche de ayer. V esta mañana,, a las ocho y veinte, han abierto sus puertas las veintidós

estaciones de la línea V, que comunica el populoso barrio de Carabanchel con la Ciudad Lineal.

Números de la Policía Armada vigilan los accesos y las instalaciones subterráneas, y viajan también en

los convoyes, sin. que se tenga, noticia de que se hayan producido altercados o incidentes de ninguna

clase en el transcurso de la mañana. Al parecer, la Policía sólo habría intervenido en la disolución áe una

manifestación de unas quinientas personas —vecinos de Vallecas en su totalidad—, que, a través de las

avenidas de La Albufera y de la Ciudad de Barcelona, trataba de alcanzar la zona de Atocha.

Paralelamente, unos dos mil quinientos trabajadores de la Compañía Metropolitana de Madrid se han

encerrado nuevamente esta mañana, a las nueve y media, en la parroquia del Dulce Nombre de María, de

Vallecas, en donde han celebrado una asamblea, al término de la cual estaba previsto que abandonarían el

templo. En el transcurso de la mañana. el Jurado de empresa se ha trasladado —a las diez y me día— a la

Casa Sindical, convocado por primera vez por la Dirección de la Compañía. Una vez terminada la

reunión, los miembros del Jurado se han trasladado nuevamente a la Iglesia, con objeto de informar a sus

compañeros y de celebrar una rueda de Prensa para dar a conocer las novedades que hubieran podido

producirse en el transcurso de la mañana.

Por otra parte, la huelga del Metro sigue incidiendo negativamente _sobre el transporte madrileño. Las

diferentes líneas de autobuses —sensiblemente reí orzadas, al igual que durante la jornada de ayer— han

resultado insuficientes para satisfacer adecuadamente la enorme demanda de estos días. Nuevamente, hoy

han vuelto a circular, especialmeste entre las ocho y las once, abarrotadas desde sus cabeceras,

provocando largas colas y esperas interminables en las paradas intermedias. Sin embargo, la situación ha

mejorado algo —en líneas generales— con respecto al día de ayer, y aunque los atascos y

embotellamientos han sido bastante frecuentes, no parece que se hayan registrado cola psos circulatorios

importantes. A esta mejoría han contribuido tanto el funcionamiento de dos de las líneas del Metro, como

la prolongación de las vacaciones escolares —las escuelas reanudarán el curso el próximo lunes— y,

sobre todo, la previsión de los madrileños, que han adelantado sensiblemente la hora de salida de sus

domicilios, con lo que los retrasos han sido inferiores a lo» registrados ayer.

Todas Jas informaciones hacen referencia expresa a los perjuicios que la huelga del Metro origina al

ciudadano de Madrid, víctima propiciatoria de la falta de una planificación a fondo de los transportes

urbanos de la capital de España y de la escasa eficacia, por el momento, del diálogo sindical a la hora de

solventar un convenio o unas reclamaciones laborales. El tema, por su enorme trascendencia social,

requirió el urgente tratamiento del Gobierno, que supo valorar la importancia del problema reuniéndose

en sesión extraordinaria.

Acostumbrados a la remora gubernamental por este tipo de problemas, la reunión del Gobierno en la tarde

del día de Reyes hay que calificarla de importante, amén de insólita, porque demues t r a, cuando menos,

el propósito formal y responsable de servir al país y ponderar los problemas en función directa de su

incidencia pública, sin que mediaticen intereses de otro tipo. Así lo demuestra también la prudencia del

comunicado del Consejo ministerial, en el que se valoran más la naturaleza de las incidencias del

conflicto y las soluciones por las vías del diálogo, que las medidas coercitivas, a las que el Gobierno

puede recurrir de acuerdo con las leyes vigentes, para acabar con la ((huelga salvaje».

La resuelta actitud de los ministros de reunirse en Consejo extraordinario, y la preocupación constante del

Gobierno por tratar de resolver, sin heridas, el problema, merece una atención especial y debe ofrecer un

aval de garantí* y seriedad a les empleados del Metro en huelga. Es la primera vez en los últimos

cuarenta años que un problema laboral de parecida naturaleza constituye un acontecimiento político de

magnitud nacional. Y este rango, hasta ahora insólito, confirma el propósito del G o b i e rno de ofrecer

pruebas de credibilidad y pugnar con todos sus medios porque ese deseo no se ponga en entredicho. Por

esta razón, al problema del Metro el Gobierno no está respondiendo con planteamientos políticos, con

independencia de las complicadas gestiones laborales que se llevan a cabo. La mesura con que se trata de

contrarrestar los focos conflictivos prueba utia actitud de buena voluntad que merece reconocimiento.

Buen ejemplo de ella es la casi ausáncia de violencia en los enfrentamientos de los manifestantes con las

fuerzas de orden público, y las medidas adoptadas ayer tarde de reanudar el servicio parcial de! Metro con

los propios medios oficiales, cuando podían haber obligado a los empleados a volver al trabajo sólo con

poner en marcha el decreto de m o v i lización militar del personal del Metro (como va ocurrió en otra

ocasión).

Sólo nos resta añadir que el Gobierno está dando pruebas del respeto que le merece el problema en su

doble dimensión: en cuanto al derecho de los empleados de esa compañía a obtener los beneficios que

merezcan en función de su trabajo y reconocer, "a priori", las razones de su huelga, y en cuanto a su

preocupación porque una ciudad de tres millones y medio de habitantes no se encuentre sola ante la

inoperancia —consecuencia directa de la inercia— con que hasta ahora han sido contemplados los graves

problemas que le afectan. La falta de una política local del rango que merece Madrid la sufren sus

habitantes, que en este momento están dando pruebas de colaboración, compren s i ó n y paciencia, pero

que esperan, con el mejor talante, que se les pueda ofrecer garantías para que este y otros problemas que

afectan a su convivencia sean resueltos con firmeza y solvencia.

Otra última cuestión paralela del problema es que el Gobierno, con su comportamiento, está tratando de

evitar pretextos y argumentos de otra índole.

EL CONFLICTO DEL METRO

 

< Volver