Primero de mayo     
 
 Arriba.    01/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

* PRIMERO DE MAYO

UN primero de mayo de 1977 no puede entenderse sin tener en cuenta las expectativas políticas y sociales que, en este momento, está viviendo el país. Nos acercamos, en lo político, a unas elecciones generales que culminarán el proceso democratizador emprendido hace un año y medio. Ha dado comienzo, con la libertad sindical recién estrenada, una etapa en la que puede lograrse una expresión auténtica del protagonismo de la clase trabajadora. Las dos expectativas están ahí, someramente hilvanadas como grandes posibilidades, pero, para ser realistas hay que reconocer que están amenazadas incesantemente por una serie de graves dificultades económicas.

Quizá por esto, la fiesta del primero de mayo de este año, la Fiesta del Trabajo, esté sellada por dos características inevitables. Por un lado, la esperanza abierta ante esas dos gozosas expectativas. Por otro, la gran responsabilidad de hacerlas posibles a base de hechos concretos y específicos en los que está implicado el mundo del trabajo, que también tiene que aportar su palabra al proceso de reforma.

Estamos ante la posibilidad de edificar unas nuevas estructuras en las que va a ser imprescindible la presencia y el protagonismo de los trabajadores; de acabar con la sumisión y la pasividad de la clase trabajadora alentada desde todas las instancias; de estrenar una nueva y fértil dialéctica entre el capital y el trabajo; de lograr un reparto de responsabilidades y de recursos bajo el imperativo de la justicia social instrumentado en acciones muy concretas. Ciertamente no son estos tiempos de utopías y demagogias.

Los trabajadores demandan hoy a los políticos una mayor atención a los problemas de cada día: el coste de la vida, el deterioro de las rentas salariales, la inflación galopante, el angustioso desempleo, la seguridad social.

Lejos del señuelo de las ampulosas declaraciones programáticas, el mundo del trabajo está hoy seriamente preocupado por saber quiénes detentan y defienden, en estos momentos, y de cara al futuro, los legítimos intereses de la clase trabajadora. Y, en este sentido, la responsabilidad se acrecienta aún más por cuanto surgen ahora, paralelas, las posibilidades de una militancia política, en los partidos, y, sindical, en las distintas centrales.

Son horas de gran tensión en el ámbito de lo social que hay que superar, hoy más que nunca, con grandes dosis de serenidad, responsabilidad y equilibrio no exentos de la audacia que todos los movimientos obreros han de poner en su estrategia. Las cautelas que, en este sentido, se han querido adoptar ante la celebración de la tradicional Fiesta del Trabajo parecen razonables desde este punto de vista sin que, en ningún momento, se quiera vaciar la celebración de las naturales y tradicionales expresiones de carácter social y reivindicativo.

El mundo del trabajo hoy no puede olvidar que, ¡unto a sus irrenunciables demandas, está implicado en la gran tarea de garantizar un seguro de feliz culminación del proceso democratizador, que es, en definitiva, el logra de un futuro en paz y prosperidad. Esto exige un responsable uso de los derechos y una aceptación de los deberes que q todos nos corresponden como ciudadanos. De no ser así podríamos enfrentar a la sociedad española ante una serie de riesgos traducidos en alteraciones sociales que podrían dar al traste con este ambicioso proyecto que tenemos entre manos, hasta dejarlo en una vergonzosa frustración.

La Fiesta del Trabajo, aparece más car-mero de mayo de 1977, aparece más cargada que nunca de contenidos sociales y de llamadas al entendimiento y a ¡a clarificación de los verdaderos intereses del mundo del trabajo en la nueva sociedad.

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