Autor: Rodríguez, Pedro. 
   Actas del tiempo que llaman de la Reforma     
 
 Arriba.    01/05/1977.  Página: 6-7. Páginas: 2. Párrafos: 17. 

HABIA pintores, lijadores, barnizadores en La Moncloa, nada importante, los desconchones, los arañazos de los primeros meses, y en cuanto, oye, Cárter, pronuncíese «Cagta», en cuanto Cárter le echó una mana por encima del hombro, de Presente a Presidente, como de Paco, Camino a Diego Puerta, cuando ej portavoz de la Casa Blanca dijo que «el éxito había excedido a toda expectativa», en cuanto el «Christon Science Monitor Etcétera» escribió que míster Suárez, pronuncíese Suárez, era «el Kennedy latino», yes, entonces, en pleno viernes. los retrasados, los hombres, ah, de poca fe, se lanzaron o por Leopoldo, pero dónde tiene la oficina Leopoldo; sabes si Leopoldo ha cerrado la lista; quién tiene el teléfono de Leopoldo; qué puesto me tocaría de los 32, Leopoldo; Leopoldo, Leopoldo, Leopoldo; meterse en la lista, Leopoldo, ver Napóles y después morir.

Hay un joven ex subsecretario que ha cogido a su esposa y se ha ido al Canadá hasta el 14 de junio por la noche. En cuanto empezó la cuenta atrás para la reentrada en la atmósfera de la Democracia de la cápsula del país, sus nervios estallaron: desayunos de trabajo para coaliciones, breefings para pactar, almuerzos para estudiar listas, saunas para redactar programas, copa para financiaciones, cena para estudiar «dossiers» y contraatacar. De madrugada sonaba el teléfono: «Mira, mejor nos corremos un poco a la derecha. Mañana por la mañana estudiamos otra lista.» Se fue. En aquel país volvían los poetas, pasaba la avioneta de Felipe, las caravanas se encontraban en las calles, se tiraban confetis o cocteles «Molotov, según; las estrellas quedaban embarazadas de socialistas; líderes visitaban a madres de cinco o siete hijos para que permitieran & sus esposos «presentarse», como Godofredo el Bullón reclutí ba a los condes para ir sobre Jerusalén; los ministerios eran pirámides egipcias; había una clase política que había llegado a inventar y legalizar 146 métodos simultáneos para conseguir la democracia como los americanos habían llegado a registrar 2.579 métodos de adelgazar; se fabricaban urnas, discursos, brochas, calculadoras, insignias; Carrillo firmaba un importante contrato para la adquisi-sión de cientos de metros de tela roja y de tela gualda; el regalo más chic era un ejemplar de la Ley D´Hont encuadernado en piel de búfalo, y viejos padres de la patria se quitaban, al fin, el alfiler con la reliquia del brazo de Santa Teresa y se prendían de la camiseta una carta a dos espacios de Alfonso Osorio.

En aquel país, en aquella Primavera, la gente era más joven de lo que nunca fue, y al atardecer siempre había una cría con vaqueros cruzando hermosamente la calle con una bandera enorme, y una pareja haciendo manilas camino del local del partido, camino del Quince de Junio, el Día de San Abraham, nuestro 25 de Abril se llamará 15 de Junio, «bueno, ya sabes: número uno, Suárez, número dos, Leopoldo; número tres. Paco Ordóñez; número cuatro, Alvarez de Miranda, luego, catedráticos, intelectuales, también».

Entonces quedamos que aquel país, aquel pueblo instalado en el bajo vientre de Europa, que un día se especializó en quemar iglesias, estaba, 46 días antes, como resonante, más en la calle, con vaqueros y una urna, como hacia el pic-nic de sus vidas. De ve¿ en cuando, al doblar una es/juina, se encontraban a señores con corbata y preguntaban eso de, oiga, ¿nos falta mucho para ser España?

clarado e) estado de reflexión.

Sospecho que el Marqués de Arias Navarro no sospechaba una reacción tan poco sospechosa a diestro y siniestro. No se recuerda un caso, salvo el de García Trevijano —niño, los comparaciones, hombre— de voladura de cabeza, tal. Arias se ha dado cuenta, a las veinticuatro horas de su anuncio, que las elecciones generales de este país no tendrán nada que ver con la política convencional; que la batalla es cuerpo a cuerpo; que vale todo y que, si como Presidente, salió con heridas superficiales, como candidato etctoral va a una masacre que quizá no compense un escaño. La meditación de Arias y de un reducido grupo de íntimos es, en estos momentos, puramente hamletiana; ser o no ser candidato. Probablemente, no.

Una rápida —y educada— batalla interior sí que ha terminado. El Gobierno había gritado: «Cherchez to femme.» Porque este Gobierno sobe francés. La mujer

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Pedro RODRÍGUEZ

Actas del tiempo que llaman de la Reforma que había que encontrar era la Director General para la Mujer, como su propio nombre indica. De alguna manera, la sucesora de Pilar Primo de Rivera. Tres mujeres había en la agenda política que relucían más que el sol: Carmen (Jorca, Belén Landáburu y Oliva Tomé. La batalla—interior— ha terminado y probablemente Oliva To me, que en su día fue la primer concejal de Madrid, será ahora la primer Directora General de la Mujer española-predemocrática, y todo «so.

La reunión —de ce rebros. de alta política— discurría brillantemente en el seno del partido, a nivel de «petit» comité. Pío reflexionaba ante el centro, de una manera irresistible, brillante, deslumbradora, sobre la marcha de la situación. Había abandonado toda bruma galaica, toda cautela orgánica y su verbo era directo, concreto, diáfano. Sin poder contenerse, entre asombrado y admirativo, uno de los ilustres interlocutores subrayó aquella pieza oratoria maestra: —Pío, se te entiende todo. También sin poder contenerse, como saliendo de su propio asombro, el inolvidable ex Ministro de Información, con Id voz ya más queda, reconoció:

—Sí. sí estaré preocupado, que se me entiende todo hoy.

Atocha. Atocha, otra vez. Atocha, aún. Atocha para siempre. Atocha marca el mayor nudo en la gar lanta de cuarenta años en este país. Atocha es in nuevo Daitas, imparable. Al menos, las inves igaciones no se paran. Localizados tos presunos Oswald, la orden es buscar a los Ruby. La escalada, en la investigación, de Atocha, traerá, probablemente incluso antes de las elecciones, nuevos nombres.

Una escolta normal —!a utilizada en Madrid— acompañó al Presidente Suárez en Estados Unidos. Supongo que se encontrarían con alguna sorpresa al estudiar e] «dossier» preparado por la Policía USA, sobre españoles residentes allí. A! menos hace tiempo, una de las recepcionistas

del Waldorf Astoria era la corresponsal —con seudónimo masculino— de «Fuerza Nueva», cuyo largo brazo doctrinal llega hasta la estatua de Abraham Lincoln. Bueno. La cuestión es que el dispositivo de control funciona en Madrid, con reflejos y engrasadamente. En la Moncloa, con rigor, y en la Zarzuela, con firme amabilidad. Al menos hace días el director general de Seguridad fue interceptado a la entrada del primer control de Palacio. Uno de sus subordinados le negó, cortés pero firmemente, el paso, hasta que Mariano Nicolás pudo demostrar fehaciente y concluyentemente, su identidad.

En cambio, los partidos resuelven como pueden el tema de su seguridad. Por supuesto, que Alianza es el equipo a mejor nivel, con uniformes, «walkies takies» ,y casi casi, un FBI privado, especialmente contratado. El Partido Liberal ha resuelto el tema de su seguridad recuriendo a un procedimiento mucho más expeditivo: Instalar su local social dos pisos más arriba, en el mismo porta!, que la Comisaría de

Policía del Retiro.

El Cuarto Poder se dispone a embarcar, en alguna proporción, en el Segundo Poder. O sea, jolín, que habrá periodistas como candidatos, a manta, aparte, claro, de Santiago Carrillo, que con dicha profesión, oficialmente, se presenta a las urnas. Una primera oleada de periodistas ante las urnas trae a Ricardo de La Cierva, por Murcia; a Torcuato Luca de Tena, por Madrid; a Matías Prats, por Córdoba, y a Luis Apostúa, a) Senado, por Logroño.

Una dimisión silenciosa ha producido sentimiento en muchos círculos —importantes— del país. Ha sido la del comandante Muñoz Galilea, hijo de aquel importante militar histórico llamado Agustín Muñoz Grandes. Muñoz Galilea era ya un nombre importante en el Ejército español y despertaba expectación en muchos círculos políticos. Creo que confirmada, la dimisión se sitúa tras la legalización del Partido Comunista.

Ha cambiado la religión política —es el ecumenismo de la Democracia—, pero la liturgia la mucho más lenta. Hasta después de las elecciones se seguirán, creo, jurando los principios del Movimiento en la antigua fórmula. Luego será cosa, incluso, de pensar si.es necesario montar, a todos los niveles burocráticos, la escena de ponerse de rodillas, y todo eso. No tiene nada que ver con el tema, pero otras viejas cuestiones se solucionarán antes: por ejemplo, la legalización —¿pero aún estamos así?—de ta hermosa versión popular del «Cara al sol».

Alguna sangre, como se sabe, ha empezado a correr ya —dialécticamente hablando— en los mítines. En Pontevedra, plaza fuerte electoral, van a correr hasta las meigas. Las meigas han aconsejado a Fernández de la Mora y Mon presentarse por la provincia gallega. Fernández de la Mora tiene el problema de muchos otros candidatos en otras provincias: no hablar el idioma nctivo. Fernández de la Mora puede tener, según creo, un problema supletorio: haber suspendido en la Escuela Diplomática a un aspirante a Ta «corriere» que tenía un excesivo e inadmisible acento gallego.

 

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