Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Amnistía     
 
 Informaciones.    18/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LETRAS DEL CAMBIO

AMNISTÍA

Por Jaime CAMPMANY

SE perfectamente que echo a andar mis palabras de hoy por un terreno tan fragoso como resbaladizo.

Y acepto de antemano el reproche que pueden hacerme quienes tienen el deber de equilibrar, en el más difícil momento para afinar equilibrios, la delicada balanza de la amnistía. Se trata de una operación de precisión, que requiere, primero, un exquisito tacto de prudencia política, y, después, un firme pulso de interpretación jurídica. Se me dirá, con razón, que es fácil inclinar el ánimo hacia el perdón más generoso cuando no se tiene la responsabilidad de preservar la más estricta justicia, y viceversa: mantenerse fríamente en el rigor cuando no se dispone de la fasultad de administrar la misericordia.

Eso de poder conjugar la suprema justicia con la suma misericordia es un laberinto en el que me metí en mis años de estudiante de teología y del cual todavía no he terminado de salir. Por eso creo que es mejor definir a ese Ser que llamamos Dios negándole Imperfecciones que sumándole atributos. Aquí y ahora, en este país y en este momento, haría falta un Juez Infinitamente Justo y sumamente misericordioso para trazar la raya donde deba terminar esa tan pedida, exigida y manipulada amnistía. Es casi seguro que quien la trace peque,-o por exceso o por defecto. Mas alguien debe correr el riesgo y lanzarse a la esperanza de actuar como hombres hechos a imagen y semejanza de Dios. Pero eso se debe hacer ya. Pienso que tal vez sea un grave error mantener entre las manos la posibilidad de apH-car o no una amnistía, como si ésta fuera un hilo elástico, para estirarlo o encogerlo según circunstancias cambiantes. Me parece que eso es, además de humanamente cruel, políticamente imprudente, invita a la presión, la coacción, el ultimátum, la manipulación política y la extorsión violenta. La prolongación de una Situación asi puede costa, más muertos que el número de los excluidos de la clemencia y la libertad.

Todo perdón que no deje tuerta y malparada a la Justicia y que ayude i la reconciliación debe concederse cuanto antes. La clemencia imposible, la que amenace con nuevos atentados a la convivencia pacífica y con el envalentonamiento para otros crímenes, niegúese desde ahora mismo y con toda firmeza. Quien puede, debe señalar el alcance definitivo de la amnistía y dictar claramente la norma. Quien sabe, debe aplicarla. El cuentagotas de la amnistía no es un instrumento de pacificación preelectoral, sino al contrarío: un revulsivo del clima en el que debe nacer fa democracia.

 

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