Don Licinio de la Fuente, en el C.E.S.E.D.E.N.:. 
 "El pueblo y el rey seran la fuerza y el equilibrio del estado"     
 
 Informaciones.    07/03/1974.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 18. 

DON LICINIO DE LA FUENTE, EN EL C.E.S.E.D.E.N.:

"EL PUEBLO Y EL REY SERÁN LA FUERZA Y EL EQUILIBRIO DEL ESTADO"

MADRID, 7. (INFORMACIONES.)—«La sucesión ha podido establecerse por la voluntad de Franco, respaldada por el refrendo y la adhesión del pueblo, pero habrá de ser sostenida por el pueblo en el futuro. Este y el Rey serán la fuerza y el equilibrio del Estado. Hemos de construir la seguridad de no tener que transferir una vez más a las fuerzas armadas la responsabilidad de mantener y garantizar una paz que no ha de ser el fruto del celo patriótico de los militares, sino resultado de una política social intensa, integrado». Inteligente y generosa.» Esto dijo don Licinio de la Fuente, vicepresidente tercero del Gobierno y ministro de Trabajo, en la conferencia que pronunció ayer tarde en el OBSEDEN. El Principe de España, don Juan Carlos de Borbón, presidió el acto académico, en el que estuvieron también presentes los ministros del Aire, "Educación y Ciencia, Movimiento y Planificación del Desarrollo, junto con el ministro de Trabajo de Solivia, el jefe del Alto Estado Mayor y los ex ministros tenientes generales Barroso y Castañón.

Inició cj intervención don Licinio de la Fuente, destacando cómo la misión del Ejército coincidía, desde otro ángulo, con la misión de la política laboral en un objetivo básico: una paz justa. La vocación y preocupación fundamental del Ejército —dijo— es la paz, precisamente porque su misión es estar preparado para la posibilidad de la guerra. Y añadió: La paz exige esfuerzo continuado y no es conclusión gratuita o realidad natural. Igualmente, en el plano de lo social, sólo quien es consciente de los4 problemas y quien prepara la actuación dirigida a su solución tiene posibilidades de construir y mantener una convivencia social pacífica y en equilibrio. Por eso quien ostenta una responsabilidad de poder tiene la obligación de explicar al país cuáles son las dificultades, la estrategia y los objetivos de la lucha política para el logro de la paz social, cuya única base sólida es la, justicia.

EL PAPEL DEL ESTADO Y DEL GOBIERNO

El Estado debe ser beligerante por la Justicia —afirmó seguidamente— y su deber es articular una actuación jurídica y política mediante las que la desigualdad conflictl-va no se convierta ni en lucha abierta ni en opresión sistemática del mas débil por el más poderoso. El Estado no puede ser ni Indiferente, ni instrumento al servicio de uno de los sectores en conflicto; tiene que ser Instancia superior que Impulse el bien común de la colectividad nacional y que sirva a los grupos que la componen. Subrayó asimismo el señor De la Fuente que nuestro Estado se caracteriza por ser un Estado social de derecho, que está muy lejos de la vieja filosofía liberal, que, queriendo ser neutral, realmente puso sus mecanismos de actuación al servicio de las clases económicas dominantes y propició con ello el incremento de la conflictividad social.

La conflictividad laboral —añadió— es consecuencia natural de la actual organización económico-social. La lucha de clases puede cambiar de forma y mecanismos pero sigue latiendo en el fondo de la disposición actual de la sociedad; lo que hay que hacer es asumir esa situación de lucha latente en esquemas políticos de confrontación negociada y avenencia pactada, o en soluciones justas de autoridad, en torno a cada problema. Por eso —continuó diciendo— lo esencial es saber si tenemos respuestas adecuadas con lór-mulas Integradoras. donde el´ acuerdo y la justicia sustituyan a la violencia; propósitos y capacidad de perfeccionamiento de la organización económica-social, para reducir las causas de la conflictividad. Y para ello es menester una acción política conjunta en todos los frentes y acciones, una auténtica ofensiva de paz y de justicia.

OBJETIVOS

Resaltó mas adelante, don Licinio de la Fuente los principales objetivos a afrontar en el orden laboral:

* Una adecuada política de salarios y precios orientada a la consecución de una participación creciente de la retribución de trabajo en la renta nacional paha que el crecimiento económico y el desarrollo social se realicen mediante una justa distribución de la riqueza obtenida y de las cargas para conseguirla.

* un conjunto de planes, programas, acciones y medidas encaminadas a conseguir el pleno y mejor empleo de los recursos humanos del país.

* La sólida cimentación del entramado de instituciones, instalaciones y servicios que constituyen la infraestructura general de la Justicia social (Seguridad Social. Formación Profesional, etc.).

* Perfeccionamiento de la negociación colectiva para el logro de mejores condiciones de trabajo en el seno de la relación laboral, con el protagonismo de la Organización Sindical, así pomo el reconociníiento y formulación precisa de la topografía y leyes del conflicto laboral, sin prejuicios ni deformaciones.

* Perfeccionamiento de la empresa, configurada como comunidad, desde la integración efectiva del factor trabajo en su gestión y en sus beneficios.

TRES RAZONES PARA LA ACCIÓN

En la parte final de- su conferencia, el ministro de Trabajo y vicepresidente- del Gobierno desarrolló las tres principales razones para la consecución de los objetivos antes mencionados:

• El imperativo político y ético de nuestras Leyes Fundamentales y doctrina social.

Desde una visión integra-dora de los hombres y las generaciones, la doctrina del 18 de Julio resume «todos los afanes, todas las esperanzas y todos los planteamientos de raíz nacional y social que se han hecli^ seriamente a lo largo de nuestra historia», «es el trasunto de la España que, a lo largo de los tiempos, ha vibrado por un ideal de justicia, componente decisivo del mismo 18 de Julio, y plasmada en nuestras Leyes Fundamentales».

• Una respuesta española a la crisis universal de los sistemas capitalistas y so-cialista-marxista.

Después de analizar las quiebras de los sistemas capitalistas y marxistas como organización económico - social, dijo el ministro que en la respuesta española a la crisis mundial de ideologías, junto a los propósitos de justicia y solidaridad, han de funcionar, a la vez, los mecanismos normales de producción económica sin eliminar el estimulo y la creación personal, y en el afán de la promoción y la esperanza de un bienestar mayor alcanza-ble en el horizonte de una vida humana individualizada. Lo que no:otros queremos —añadió— es ciertamente socializar, pero socializar la ri-quesa y no la miseria; distribuir con justicia, pero distribuir la abundancia y no las carencias; hacer que el pueblo participe, pero que participe en los bienes del desarrollo económico y no tan sólo en el esfuerzo que tiene como horizonte de utopía.

• La garantía imprescindible de continuidad del Estado de cara al tiempo de la sucesión.

Sólo la paz social —afirmó don Licinio de la Fuente— puede iiacer efectiva la estabilidad política de las instituciones. Sólo la Justicia social puede ser factor definidor de las instituciones y de la comunidad, cuya acción es In-senarr ´Je. T a sucesión ha podido establecerse por la voluntad de Franco, respaldada por el refrendo y la adhesión del pueblo, pero habrá de ser sostenida por el pueblo en el futuro. Este y el ´Rey serán la fuerza y el equilibrio del Estado. Hemos de construir la seguridad de no tener que transferir, una vez más, a las fuerzas armadas la responsabilidad de mantener y garantizar una paz que no ha de ser fruto del celo patriótico de los militares, sino resultado de una política social Intensa, integradora, inteligente y generosa. El tiempo de la sucesión —añadió— constituye un desafío histórico que nos obliga a salir airosos; es un reto que no sólo compromete a la persona y a la institución del Rey, sino que es una instancia ineludible para todos los españoles que tenemos el deber de que las cosas salgan bien.

Por ello, el conferenciante destacó la necesidad de constituir, como base segura de la Monarquía reinstaurada, un pueblo sólidamente estructurado, abierto a su integridad a la promoción y a la vida social y política, vertebrado en unas instituciones eficaces,´ capaz de sopesar en • síntesis integradoras sus actuaciones conflictivas. Un pueblo en paz y no sólo con orden, donde el Rey pueda ejercer con autoridad, serenidad y eficacia sus funciones, en íntima conexión con su pueblo, cuyo futuro está esperanzadoramente unido en la figura del Príncipe de España.

 

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