Autor: Míguez, Alberto. 
 Conversaciones en Madrid con Salvador Paniker. 
 "La convivencia no consiste en que las personas renuncien a su manera de ser"     
 
 Madrid.    24/05/1969.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 42. 

la convivencia no consisto on que las personas renuncien a su manera de ser"

CONVERSACIONES EN MADRID CON SALVADOR PANIKER

Erase que se era un entrevis-tador al que alguien pretendió entrevistar. El entrevistado, acababa de publicar un libro titulado "Conversaciones en Madrid". La obra se presentó en una lujosa librería entre copa-zos de champaña, abrazóte, sonrisas y apreturas. El entrevista-dor entrevistado se llamaba, se llama. Salvador Pániker, escritor, filósofo, hombre de mirada grave y atenta, espíritu avizor, rostro cetrino y fatigado. El hombre—Salvador Pániker— estaba fatigado porque durante toda la jornada estuvo recibiendo plácemes, preguntas, llamadas, en la soledad de un hotel de lujo convenientemente adobado con música ambiental, aire acondicionado y botellas de agua mineral. El entrevistado, además, está de vuelta de muchas cosas. De las entrevistas, por ejemplo. De esos tipos curiosos e inquietas, insaciables bebedores de café con leche, llamados periodistas. Al principio fue difícil romper el hielo. Era un día de fatiga, un día grave y pesado. Un día cualquiera. Le dije:

Tercer círculo

—Durante la noche pasada no dormí Te explicaré las razones. No dormí porque me leí de un tirón y a palo seco tu libro "Conversaciones en Madrid". Ahora no estoy fatigado. Estoy Inquieto, como vado. Es un libro que no debía terminarse y al que le falta, como mínimo, un "tercer circulo". En la portada hay dos círculos formados por las fotografías de los conversadores. Pero o bien los círculos son estrechos o se te quedó un tercer círculo en el cajón, porque ni son todos los que están ni... Quiero decir que "Conversaciones en Madrid" son diálogos con la "élite" del país. Con los profesores protestatarlos, con los ministros liberales y con los economistas sagaces; pero noto la falta de otras gentes, de otros hombres..., del pueblo, tal vez.

—Y» lo dije en la introducción del libro. O hacía na Upo de libro sociológico o hacía otra cosa; pero es cierto, es cierto, «jne el libro tiene nna Intención "elitista": yo no he pretendido hacer un libro "total". No quería entrevistar a la gente de forma Indiscriminada, Tal vez haga alguna vea on libro en el que converse con gentes deseo-, nocidas. Lo que yo pretendía era entrevistar a personas de´ cierta significación en la vida madrileña.

—Echo de falta a muchos. Solís...

—No contestó a mi carta pidiéndole la entrevista.

—Laín Entosigo...

—Estaba en Alemania.

—Zubiri...

—No le gustan estas cosas. To no puedo obligar a nadie.

—Fernández de la Mora..;

—Pues no me acuerdo. La verdad es que tampoco me preocupé macho por escoger meticulosamente las gentes. No, nadie me pidió salir en el libro. Sugerencias, tal vez. Muchos ya conocían mi otro libro, "Conversaciones en Cataluña", y por eso no pusieron reparos.

Monólogos

"i-Ótro t«n». Tu libro se Huma "Conversaciones en Madrid". Conversar es iniciar un diálogo, pero yo veo que en tu libro—y perdóname—el diálogo no se establece. Las gentes monologan consigo mismas. Tú eres un espectador, tomas notas, pero el diálogo entre las gentes no se establece. La oposición se mantiene en sus trece; los que representan al Poder, también. Parece como si se tratara da unidades impermeables, autónomas, incomunicadas...

—No sé; a mí me da la Impresión de que el problema de la convivencia no consiste en que las personas renuncien a su manera de ser. Es un problema que te lo da 1» estructura mental y sociológica del país. En un país democrático las personas p a edén ser dogmáticas si les apetece.., tienen posibilidad de serlo. Yo, la, verdad, es >jue también me he planteado muchas veces lo que ahora tú me planteas. Ha sido una de mis obsesiones. He decía,, cuando escribía el libro, que deseaba encontrarme al margen del país para ser un espectador más imparcial. Pero esto era completamente Imposible. Esos monólogos existen. Los personajes de mis "Conversaciones" establecen pocos puentes entre ellos, según so mire; en este aspecto, el panorama podría ser deprimente. Pero, por fortuna, en otros aspectos la realidad es más agradable. Que nna persona sea abierta no quiere decir mucho. Por ejemplo, tniastres es un señor de mente conservadora y espíritu abierto. Pero hay personas que se pasan hablando todo el día de la democracia y después resulta que son cerrada».

—¿Servirán estas conversaciones para alentar el diálogo?

—To creo que un libro como éste puede Incidir en la concien, cía nacional. De momento ya es un éxito que esté en la calle.

Política

—¿Un éxito político?

—Verás: yo de eso, sinceramente, no sé mucho, pero parto de dos principios. El primero, que si todo señor responsable puede publicar bajo su responsabilidad lo que le parezca, yo, que—creo-^-sóy responsable, debo hacerlo. Él segundo principio, que como yo estoy interesado personalmente en los resultados económicos de la Empresa editora, pues...

—¿Cuánto gastaste en tu libro? ¡Cuánto té costó?

—Bastante. Desde luego, seis meses dedicándome solamente al libro, y después pon doscientas o trescientas mil pesetas, entre pitos y flautas. Pero creo que el libro sé ya a vender. ¿Mucho? Másríe-treiutáJttil ejemplares, espero. Si es asi, él país demostraría estar sanó.

Filosofía

—Dejemos ia sanidad a un laclo, querido Pániker, y sigamos hablando, pero de ti. ¿Qué eres tú, sobre todo: filosofó, escritor, entrevistador?

—5» eoy filfooro ante todo y más que nada. De inclinarme por algos sistema de pensamiento, mas bien me inclinaría por la filosofía analítica, lingüística, tal vez porque le va bien a mi dimensión humana, que posee ciertas tendencias orientales. Como sabes, mi padre era hindú. Tengo una preocupación religiosa muy Intensa.

—i Cristianismo?

—To diría que me mantengo en un» actitud religiosa que no ´me atrevería a definir hoy todavía de ninguna manera. Desde luego, teísta, pero habría que matizar mucho. To dije alguna vez que la mínima cortesía- Intelectual que merece lo Absoluto es que no pretendamos nombrarlo de ninguna manera. Creo que todo lo que antes se llamaba pruebas de la existencia de Dios, apologética, no conduce a ningún lado.

Queda, sin embargo, un camino, que es el de las propias experiencias personales conducidas hasta el límite, de modo que se puede Interpretar, se puede explorar. Las pruebas de la existencia de Dios han sido tal vez las que más han trivializado la temática.

—No eres escolástico, claro...

—PaeS no. Mira, la filosofía escolástica tuvo vigencias hasta hace poco porque estaba ligada muy directamente con la religión católica; se trataba de jugar con pocos riesgos. Pero, ¡ojo!, ha sido buena, aunque hoy no lo sea. Fne útil para aprender filosofía.

—¿Como aprendiste tu filosofía?

—Afortunadamente estudié la carrera por libre. Digo afortunadamente porque así no tuve

que tragarme al padre Gredt en latín y cosas por el estilo.

Revolución

—Y la filosofía ¿qué debe hacer: explicar el mundo o transformarlo?

—La filosofía no se puede des. ligar de la acción. Por eso yo hago estos libros de conversa-clones, porque en el fondo lo que escriba un sefior, por muy profundo que sea, me tiene más bien sin cuidado. A mí lo que me interesa es lo que dice ese señor, cómo lo dice». Con estos impactos existenciales vivo más realmente. Pero, claro, la filosofía contemplativa no tiene nada que hacer ni qué decir. En este aspecto todos tenemos que ser algo marxistas.

—¿Método o ideología?

—Método, desde luego. La filosofía, para mí, es método. Por eso me quejo siempre de la forma anticuada, de la metodología aclentfflca de la filosofía española. En España no hemos sufrido la revolución crítica de Kant, y sin ella no se puede avanzar.

—PerO ¿qué es más itnportah-te; la revolución crítica de Kaht ó la revolución üetnocrátl-co-büfguesa?

—Las dos son importantes. Sin la crítica kantiana ¿o se puede avanzar iritelectuálménte. A mí> sin embargo, me da la impresión que los españoles no somos muy propicios a ésto de la meditación, de la filosofía; lo que nos va es lo sensorial

Libros

—Tus libros te han ayudado a conocer mejor a los españoles...

—Esté ultimo, si Pero yo tengo tendencia a no creer en los libros, en las palabras. Estos libros que hice son como pequeñas trampas que me he puesto a mí mismo para encontrar de una forma indirecta el pensamiento en la acción. Sí, a, veces me enriquecen, me ayudan a entender mejor, pero otras veces me deprimen, me ayudan a ver a la gente en su dimensión última, y esto no siempre es nn espectáculo de gusto.

—Estructuralismo.

—A mí el estructuralismo me parece muy divertido. Eso de FoucaUlt de que el hombre ha muerto está muy bien. Es un descubrimiento. Claro, yo no soy un humanista. A mi el humanismo me parece música celestial. La- realidad es "otra cosa.

—¿Te sientes marginado?

—Yo no tengo un concepto demasiado brillante de la burguesía catalana. No estoy marginado. Conozco bien la sociedad en la que nací. Pero hice lo contrario de lo que suele hacer la gente. Lo normal sería- que yo fuese ahora catedrático de Metafísica excedente. Pero empecé por ha-Ceí otras cosas; gáiiáfme la vida por ejemplo (estoy casado y tengo cinco hijos). Pero, claro, resulta que no es digno seguir acumulando dinero. T además bay un problema: el tleinpo pasa rápidamente. Ahora tengo cuarenta años. Cuando tenía treinta y nueve era muy joven; ahora, no. Con la muerte dé mi madre me di cuenta de que había envejecido. De repente. Pero, oye, a mí me parece que esto de hablar de uno mismo no es de buen tono.

Aunque, claro, ahora me doy cuenta de que precisamente eso les hice a los demás en mi libro, porqué a tí, en el fondo, te tiene nn poco sin cuidado cómo sea yo, cómo pienso; pero, claro, tienes que hacerme una entrevista.

—¿Eres catalanista?

—No; veo con simpatía, el regionalismo. Leo libros en catalán y todo eso. Mi padre, como sabes, era hindú, pero mi madre era catalana, y, claro, eso pesa. Las civilizaciones son incestuosas. Eso de casarse los blancos con blancas y los chinos coa chinas me parece muy mal. Hay que superarlo. Sólo así llegaremos a trascender el concepto de raza.

Salvador Pániker ha bajado la voz y noto que está realmente fatigado. Salvador Pániker me dijo al principio que si hubiera sabido quién «ra se hubiese tomado como mínimo un par d« cafés para estar más despejado, Yo se lo agradezco. Pero resulta que salvador Pániker, que siempre echa mano cte su sistema neurovegetativo cuando quiere describir su personalidad, itó necesita tomar café para estar despejado. Es Uno de los hombres más atentos, más lúcidos y más despiertos de esta tierra que, según dicen los libros, antes daba un número bastante elevado de misioneros, conquistadores y poetas líricos. En cierto sentido, éste Pániker es come un misionero de vuelta. Es uti hindú catalán que viene a la meseta con la esperanza de que aquí ¿e entable un diálogo entre los que, naturalmente, nc están de acuerdo. Sólo en uc momento observé que entristecía: cuando me dijo aquello d> que los puentes eran muy difíciles de tender y que había qu> romper con la trivialidad.

ALBERTO M1GÜEZ

(Potos ürech.)

• ((El problema de España es traspasar su costra de trivialidad»

• ((La libertad es la no existencia de una escala móvil de valores»

 

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