Autor: Castelo, Santiago. 
   Abelardo Algora     
 
 ABC.     Páginas: 2. Párrafos: 31. 

Y Abelardo Algora, con esa corrección que le caracteriza, con la exactitud casi tímida de sus palabras, me ha señalado los finas de la Asociación Católica Nacional ds Propagandistas, de la que es presidente:

«Tratar de ser una comunidad fraterna de tareas y esperanzas que desea que sus miembros vivan la fe con la máxima libertad y q"ue aspira a una transformación justa de la socisdad, rechazando toda imposición.»

Lo ha dicho cesi de memoria, con la voz clara y serena. Está Abelardo Algora en este despacho luminoso de la calle For-tuny. Aquí, en esta habitación confortable y moderna, es también asesor jurídico de una empresa petrolífera... Pero fcoy Abelardo Algora tiene sobre la pequeña mesita unos folletos de la Asociación. De esa Asociación Católica de Propagandistas que tantas adhesiones crea en unos y tantas suspicacias en otros.

—Pero, vamos a ver, señor Algora, ¿es la Asociación Católica de Propagandistas una asociación eminentemente religiosa o tiene también aspiraciones políticas?

—Una vez más debo afirmar rotundamente que la Asociación carece de aspiraciones políticas. Es una asociación religiosa y, como tal, se halla- proyectada hacia el mundo, no hacia sí misma, con proocupación evange-lizadora. Por ello tiene a Iquirido el compromiso de participar en 4a iransformación del mundo al servicio cíe t -Jos los hombres, especialmente de los má- necesitados. Pero esto es lo propio de una comunidad católica. Lo que la Asociación no hará nunca es realizar una acción política, es decir, tratar de conseguir el poder, que es lo propio de los grupos políticos, ya que no concede primacía ni a la eficacia ni al uso del poder político o económico.

• Jamás reciben consignas

—Pero ¿no han ostentado puestos políticos muchos de sus miembros?

—En la Asociación sus miembros encuentran un cauce a su vida religiosa y, al tiempo que ofrecen soluciones a una justa ordenación de la vida pública, se forman para una participación en asa ordenación.

Pero la Asociación es pluralista y las opciones políticas concretas que toman sus hombres en la vida pública se dejan a su libre y total decisión. Por ello, cuando alcanzan puestos políticos, lo hacen por su propio esfuerzo y estímulo; son responsables de sus decisiones, y jamás reciben consignas u orientaciones.

—Desde su fundación a nuestros días, ¿qué cree usted que ha supuesto la Asociación en la vida española?

—Alguien afirmó que en los últimos sesenta años no puede escribirse la historia, del catolicismo español sin mencionar a la´ Asociación. No quisiera llegar a afirmaciones triunfalistas... Somos un grupo humilde de cristianos que en sus comienzos observó que el país estaba falto de instituciones y de hombres para regirlas y que debía aplicarse a promover Jas primeras y formar a los segundos. Lo hizo con la mejor buena voluntad y entrega, y tanto en el campo propiamente de apostolado católico como en el de (as comunicaciones sociales, en el de la enseñanza, en el político y en el social, sus miembros han sido capaces de promo-"Vt instituciones y de participar en ellas al vicio de la comunidad. Baste citar la

vial Católica, el C.E.U., el Colegio sor San Pablo y la Residencia San Alberto

wjno. Lo que sí te quiero decir, Gástelo, ~ aparte det acierto o desacierto, nun-´«ación se aprovechó en beneficio ´trea de sus hombres.

«SIEMPRE ENCONTRÉ AL PRINCIPE DON JUAN CARLOS RESPONSABLE, INTELIGENTE, ABIERTO A TODOS T CON UN AMOR APASIONADO POR ESPAÑA.»

• La Acción Católica de Propagandistas y la CEDA

—¿Qué analogías y diferencias quedan entre esta Acción Católica de Propagandistas y aquella CEDA de los años treinta?

—Bueno, vamos por partes. Me parece que es preciso poner claridad en esta pregunta. Cuando- en los años treinta se atacó abiertamente a la Iglesia, en materias fundamentales, se pidió a los propagandistas qus salieran en su defensa. Así nació Acción Nacional, una agrupación de diversas tendencias con un fin común. Algunos de aquellos propagandistas, poco después, con otros hombres, crearon la CEDA, un partido político que luchó por alcanzar la paz, según manifestó su jefe o líder. Pero salvo ese inicial enlace de tambres nada tuvo que ver con la Asociación, que persigue fines distintos. Supongo que los creadores de la CEDA llevarían a ella el pensamiento adquirido en su vida asociativa, pero nunca puede decirse que hubo analogías ni, por tanto, ahora, diferencias en- K£^^Pl^H

—¿Pertenece a la Aso- líi£ÍSlÍ]|fiUil ciación don José María Gil Robles?

—No.

—Actualmente, ante la nueva Ley de ^so-ciaciones, ¿cuál será la postura de fa Acción Católica de Propagandistas?

—También debe distinguirse entre la postura de la Asociación ante una realidad tem-.poral, como es la estructura de participación política, y su actitud ante una circunstancia política. Ante la realidad, la Asociación definió su pensamiento en una reciente asamblea, marcándose una tarea fundamental, como es la de asegurar y desarrollar la convivencia en justicia y libertad. Por tanto, estimaba como inaplazable articular o estructurar cauces de participación política concebidos como vehículos estables de convivencia nacional. Otra cosa es la solución política concreta, sobre la que todavía no es posible manifestarse ´hasta tanto no se promulgue la ley. Lo que sí puedo decirte as que está fuera de sus fines la organización de una asociación política.

Abelardo Algora recuerda a miembros de la Asociación, cuyos nombres suenan en seguida. Nombres como Ibáñez Martín, Larraz, Ruiz Giménez, Castiella, Martin Artajo, Ga-ricano, Silva, Osorio, Oreja, Lavifla, entre los más recientes. Y recuerda a aquellos nombres de otras épocas, como Jiménez Fernández, Gil nobles, Aguirre, Pemán, Onésimo Redondo o Salmón, y fiabla con profunda admiración Ó5Í fundador, padre Ángel Ayala, y del otro Ángel, su primer presidente, Herrera Oria, de (os que le precedieron en la presidencia y de aquellos otros que han marcado los hitos representativos de la Asociación «porque dejaron una estela de santidad, amor y servicio».

• «No somos manejados por la Curia vaticana»

—No son pocos los que ven en los propagandistas a unos seguidores fervientes da las doctrinas del Vaticano. ¿Qué piensa usted de esto?

—La Asociación tiene a gala, y así lo expresa en lo* estatutos, ser fiel al Papa y los obispos. Y de ello ha dado abundantes pruebas y las sigue dando. Pero niego que seamos «vaticanistas» en el sentido peyorativo de la palabra. Ni recibimos consignas expresas, ríi somos manejados por fa Curia vaticana. Procuramos ser fieles a la doctrina de la Iglesia y mostramos nuestro amor al Papa y los obispos, pero tratamos también de ser auténticos y fieles a nosotros mismos.

—¿Cree usted, Algora, que hay crisis, de fs en España?

—Pienso que la búsqueda del amor misterioso de Dios no ha decrecido en España, porque esa llamada de Dios es innata en los nombres, que hoy más que nunca necesitan creer en algo trascendente. Ahora, si por fe entendemos las manifestaciones externas, no cate duda que existan dudas, contradicciones y.antagonismos que nos ofrecen una estampa de crisis, de la que estoy seguro saldremos hacia unas perspectivas más evangélicas.

• «Todavía existen personas que cultivan las grandes virtudes del alma española»

—Y esa frase, Abelardo, esa frase de que España es la reserva espiritual de Occidente...

—Me parece que la frase está algo devalada y, en su aspecto triunfalista, totalmente desechada. Ahora bien, el mundo está necesitado de que los valores del aspiíritu recobren su puesto y España puede cor buir a ello, porque frente a la sacie materialista y consumista todavía existen sonas y grupos que cultivan 1 a s grandes virtudes del alma española, quijote s c a y emprendedora, a p a -slonada y austera, que pueden prestar buenos servicios a las ideas comunitarias y de defensa de la persona humana, que tratan de abrirse camino por el mundo.

—La Asociación que usted preside fo r m a cristianamente a sus hombres. ¿Cómo ve usted Ja rellgiosi dad de los jóvenes actuales?

—Mira, si algo merece nuestra atención y respeto, con preferencia a otros aspectos de la vida española, es la juventud. No quisiéramos ni halagarla ni manipularla. Pero me parece un hecho cierto que la juventud ha tomado conciencia de todo to que supone y representa en e! futuro del mundo y hay que contar con eila. Consecuencia de esa conciencia es que ha adquirido un sentido de la responsabilidad que solamente ios adultos con nuestra conducta podemos ayudar a que se oriente por caminos cons-tnictívos. B joven religioso es hoy día mucho más profundo y consciente, tej o s de los hábitos de inercia

"las españoles detonas, tener clara conciencia de «.u* soto a aasotw ñas corresponde articular «I futuro, y para ello precisamos de grandes dosis de equilibrio, Imaginación y decisión, buscando el fin primordial que «s ytpaa?[ po,. encima de egoísmos y particularismos", afirma en esta entrevista Abelardo Algora, que aparece bajo estas líneas con nuestro redactor Santiago Gástelo de nuestros tiempos. También es verdad que las desviaciones tienen mayor impacto. Por ello, sólo una postura de autonomía, comprensión y ayuda puede alcanzar •le ellos su plena integración en la comu-1ad cristiana. >os han traído unas tazas de café con .tas. La calle, tranquila, se ve a través te unas cristaleras oscurecidas. Hay algunas

irafías, con sus marcos de piel, en este. En una, Algora da la mano a una audiencia. En otra aparece

en animada conversación con el Príncipe hace ya bastantes arios. Eín asta otra, más cerca, la que está sobre una mesita, Algora aparece sentado a la darecha de Dona Sofía durante una comida de homenaje.

«£n e! Príncipe tengo mi confianza como futuro del país»

—¿Qué opinión te merece el Príncipe Don Juan Carlos?

—Tengo el honor de conocer hace algún tiempo a Su Alteza; desde (os años de su primera juventud.

Siempre lo encontré responsable, inteligente, abierto a todos y con un amor apasionado por España. No se trata de hacer elogios interesados; puede qua .adolezca de defectos, como todo ser humano, pero personalmente puse en él mi confianza como futuro del país y sigo fea) a esa confianza.

—... Y el momento político... ¿Cómo ve usted el momento político español?

—Pretendo verlo con serenidad y sin apasionamiento. €1 momento político no cabe duda qus es importante. Yo diría que ,to nota dominante es la trascendencia del cambio. La sociedad española se transformó en estos últimos años; grandes mutaciones y aceleraciones se han producido en su vida. Es natural, por tanto, que trata de adecuarse a las nuevas exigencias de su actual situación y a las que inexorablemente nos influyen desde fuera. Los españoles debemos tener clara conciencia d3 que sólo a nosotros nos corresponde articular el futuro y para ello precisamos de grandes dosis de equilibrio, imaginación y decisión, buscando el fin primordial que es España, por encima de egoísmos y particularismos.

• «La frustración no debe existir para la clase política»

—¿Cree usted que la clase política española se sienta frustrada?

—A mi parecer, visto como espectador, la clase política española, o propugna el cambio, con matices más o manos evolucionistas, o prefiere un estancamiento As la situación. Naturalmente, unos y otros ss sienten tanto más defraudados en cuanto consideran que no se corre o se corre a un ritmo distinto del deseado... Pero la frustración es un concepto más hondo. Yo estimo que la frustración no debe existir para la clase política, qus tiene que ser tenaz, imaginativa y servidora, huyendo de maximalismos que sólo conducen a terrenos no deseables. Siempre hay un quehacer para el hombre político que desea servir a los demás.

• «Tácito» y sus fines

—Algora, ¿qué es Tácito y qué fines persigue?

—Hombres de la Asociación comentaron la necesidad que tenían de ser fieles a su vocación de cristianos" y propagandistas_.asi como a su específica llamada a la poLfca, y decidieron dialogar entre si y hacsr acto de presencia en los medios da comunicación social. Acordaron entonces organizar un grupo dialogante y de convergencia da posturas al que denominaron «Tácito», que viene publicando desde haca más de un año un artículo semanal en la Prensa. Otros hombres se tes unieron para esta tarea. Ahora bien, la dinámica posterior, sus finas y aspiraciones, sólo les corresponda a ellos y a los que se les hayan unido.

—Finalmente, ¿qué es lo qua más teme del futu´o de España?

—La salida a un caos; el desconocimiento y opresión de los valores y derechos humanos; ´la lucha fratricida y todo cuanto vaya contra la justicia y la verdad. En este aspecto mis temores no van solamente contra el desorden como alteración de un orden legal, sino de todo aquello qus no trate de alcanzar o impida una justicia social, una distribución equitativa de tos bienes y una participación en la cultura como postulados necesarios para una justa convivencia.

Santiago GÁSTELO

 

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