Autor: Cuadra Fernández, Bonifacio de la. 
 Entrevista. 
 "Es necesario un contrapeso izquierdista" (Luis Fernando de la Sota)     
 
 Criba.    12/05/1973.  Página: 11-14. Páginas: 4. Párrafos: 32. 

"ES NECESARIO UN CONTRAPESO IZQUIERDISTA" (LUIS FERNANDO DE LA SOTA)

*A to largo de sus casi tres años de existencia, "CRIBA" ha venido ofreciendo en sus páginas las opiniones de hombres públicos de las más diferentes posiciones, dentro, desde luego, del techo común de una aceptación —más o menos entusiasta, según los casos— de la legalidad vigente. En su búsqueda de objetividad y de "fair play", nuestro semanario ha ido a preguntar puntos de vista, con frecuencia, a políticos que nada tienen que ver con la ideología fundacional que anima a la sociedad editora de la revista. Para algunos, esto ha permitido un auténtico contraste de pareceres dentro de los modestos límites de nuestra publicación; para otros, nos hemos "pasado" tal vez, en nuestra actitud de juego limpio. La verdad es que son escasas las personas entrevistadas en "CRIBA", hasta el momento, que de alguna manera pertenecen a lo que podríamos llamar el "respaldo político" de la publicación. En cierto modo, ello es obvio, puesto que no parece normal que nadie se pregunte a sí mismo, cuando tiene otros canales —el artículo, el comentario, la orientación ideológica- para hacer oir su voz en el semanario. De todas maneras, parece interesante para quienes técnicamente hacemos el semanario —concre- tamente, para los periodistas de su redacción— preguntar también, alguna vez, a quienes de algún modo orientan ideológicamente "CRIBA", esas mismas cuestiones políticas que, más o menos, venimos preguntando a personalidades de diferentes procedencias. Ello comporta el riesgo de tener seguramente que aludir a temas políticos que, no por ser de dentro de casa, dejan de tener interés público. Riesgo, en cualquier caso, de molestar la atención de algunos lectores, porque, por lo demás, en esta casa no hay misterios, y no importa aludir a nuestras propias cuestiones, cuando de ellas puede derivarse un suficiente interés general.

Dentro de esta perspectiva —y partiendo de que quienes fundaron y animan ideológicamente al semanario pertenecen, en su mayoría, a la Agrupación de Antiguos Miembros del Frente de Juventudes—, traemos hoy a nuestras páginas precisamente al presidente de la Agrupación de Madrid, Luis Fernando de la Sota Salazar, nombre no desconocido para nuestros lectores, puesto que con frecuencia ha colaborado en "CRIBA". Hoy, sin embargo, Luis Fernando no opina espontáneamente, sino que se somete a nuestro "interrogatorio",-- no de muy buen grado en principio —debido a su sentido sincero de la modestia—, pero sin rehuir, desde luego, manifestarse sobre temas en algunos casos comprometidos o molestos.

De la Sota es un pequeño industrial maderero de 40 años, casado y padre de familia numerosa, en el que es característica acusada —tal y como yo le veo— su honestidad política. Me refiero —no soy nadie para juzgar a nadie— a su talante personal. No se trata de que Luis Fernando esté en lo cierto o posea la verdad, sino que su postura parece sinceramente mantenida y coherentemente seguida. Falangista sin alharacas ni exhibicionismos, sino arraigado en el pensamiento de José Antonio, no se encuentra, desde luego, fosilizado doctrinariamente, ajeno a la realidad que ahora vivimos. Por el contrario, fiel a su generación —la que no encuentra nombre: "silencio", "puente", "tránsito"—, se encuentra más preocupado por la organización de la convivencia española cara al futuro que por la inactiva contemplación de nuestra historia reciente. En cualquier caso, Luis Fernando de la Sota no hace afirmaciones arriesgadas, gratuitamente, sin pesar cada una de las palabras, y estar seguro de lo que dice.

MOMENTO POLÍTICO CONFUSO

CRIBA.- ¿Cómo ve el actual momento político español?

L.F. DE LA SOTA- Muy confuso. Casi todas las fuerzas que tradicionalmente se han movido en este país por espacio de muchos años, hoy aparecen desdibujadas y aparentemente divididas ante los complejos síntomas del momento político que se viene llamando transición... Y como todo el mundo intenta llegar lo más entero posible a ese momento, hay una ausencia tremenda de definiciones personales y de deteminaciones políticas. Yo creo que esto es peligrosísimo, ya que si se deja todo para después, va a producirse un trauma de inprevisibles consecuencias. En dos palabras: la expectación y el aburrimiento, al cincuenta por ciento, resumen el actual momento político español. CRIBA.- Sin embargo, ahí están los últimos treinta y tantos años. ¿Cuáles son, en su opinión.

los grandes éxitos y fracasos de casi 40 años de régimen?

L>F.S.— Esto nos llevaría a escribir casi un libro. En síntesis, le diré que el principal éxito, a mi juicio, ha sido el de conciliar, de una forma u otra, a las fuerzas que siempre han estado en pugna —Ejército, Iglesia, Sindicatos obreros y grupos políticos—, consiguiendo una paz interior y exterior de 34 años. Ni que decir tiene que han existido y existen grandes tensiones en ocasiones, pero que resultan pequeñas en comparación a lo que ha estado sucediendo en nuestro país durante siglos. El fracaso mayor creo que ha sido el de no aprovechar la situación límite de los años siguientes a la guerra civil, en los que el entusiasmo y la capacidad de sacrificio y de entrega de la mayoría de los españoles eran más manifiestos, para realizar una transformación más profunda de todas las estructuras de España. Una auténtica revolución nacional.

CRIBA.— La llamada "revolución pendiente", ¿no? Pero, vamos a ver: los falangistas, ¿seguís creyéndoos revolucionarios?

L.F.S.- La Falange, en los años treinta, denunció la necesidad de hacer una revolución en España, y adelantó los puntos en que esta debiera basarse. También aseguró que la realizaría al llegar al Poder.

Como resulta que una gran parte de las deficiencias estructurales denunciadas entonces, subsisten, e incluso algunas se han agudizado, parece estar claro que la revolución, la gran revolución española, sigue pendiente... Se ha hecho otra, que ha modificado una buena parte de la fisonomía del país, pero que nada o muy poco tiene que ver con la que se ha. venido llamando revolución "nacionalsin-dicalista" y cuya invocación, en el colmo de las paradojas, o de los sarcasmos, se ha venido utilizando hasta no hace mucho, como despedida obligada de cada uno de los escritos u oficios —por asépticos que fueran— elaborados por los organismos oficiales, junto con la invocación de Dios y de España.

CRIBA.— Pero si aquella revolución está todavía pendiente, ¿qué pasa? ¿Se va a hacer o qué?

L.F.S.— En mi reciente respuesta a la encuesta para el libro "Falange, hoy" afirmé que no creo que hoy se den en España los supuestos mínimos que hacen posible, deseable popularmente, una revolución. Esto podrá ser bueno o malo. Pero el discutirlo sería excesivo aquí. Por tanto, si la política sigue siendo el arte de lo posible, no creo viable hoy el camino revolucionario. Ya sé que es posible crear, incluso artificialmente, ese clima propicio. Pero entiendo que sería inferir un nuevo dolor, un nuevo trauma al pueblo español, al que si de verdad queremos servir, tenemos la obligación de evitárselo. La violencia imprescindible en toda revolución auténtica sólo se puede justificar cuando las situaciones de injusticia o de desoiden han llegado a cotas límites, y creo que, objetivamente, no es éste el caso de España.

CRIBA.— Entonces, ¿cuál es, ahora, el papel de los falangistas?

L.F.S.— Si los falangistas prestaron un gran servicio a España en un momento especial de descomposición y de falta de autenticidad, hoy, junto a la aportación de nuevas ideas, de soluciones, de esfuerzos y de sacrificios, creo que

"Nuestra fuente es el falangismo fundacional, aunque para algunos tengamos fama de heterodoxos".

"La Falange se ha utilizado para descubrir o disfrazar muchas cosas"

tienen otro gran servicio que prestar al país. El de no ahorrar esfuerzos por hacer irrepetible el horror de

otra guerra civil.

CRIBA.- Pero usted pertenece a una generación que, por imperativos biológicos, se encuentra proyectada hacia el futuro. Partiendo del presente, ¿hacia dónde va España? O, de otra manera: ¿cómo será políticamente nuestro país en 1985, por ejemplo?

L.F.S.— No tengo vocación de futurólogo. Es imprevisible lo que será España dentro de quince años. Le podría contestar lo que yo querría que fuera. Pero eso es otra cosa. Si no hay ningún acontecimiento especial, todo hace suponer que nuestro país estará más cercano en todos los órdenes, tanto económicos como industriales, sociales, y por supuesto, políticos, a sus vecinos europeos. A su situación de ahora me refiero, pues no creo que en ese plazo logremos alcanzar la que para entonces habrán adquirido esos países.

LA AGRUPACIÓN

(Dejemos la futurología, y acerquémonos al presente político más próximo para De la Sota, que necesariamente ha de relacionarse con la Agrupación que preside a nivel provincial).

CRIBA.- ¿Qué es la Agrupación de Antiguos Miembros del Frente de Juventudes?

L.F.S.— La Agrupación ha significado un intento muy serio de buscar un camino diferente de los que se nos ofrecían desde el Movimiento a los que nos formamos en las filas de las Organiza-´ clones juveniles de la Falange. En contra del antiguo y tradicional sistema de la elección de arriba abajo, implantamos la elección, desde la base, de unas juntas de gobierno colegiadas, para regir la vida de las agrupaciones durante un mandato que oscila de dos a cuatro años.

CRIBA.- Pero, políticamente, ¿cuál es ese significado?

L.F.S.— En lo político, pienso que las agrupaciones son un poco como un árbol. Sus raíces se hunden profundamente en la ideología falangista. En la filosofía y en la ética joseantoniana. De ahí se nutre y recibe su más fuerte savia. Además, conformamos un tronco, una base de elementos comunes a todos nosotros: patriotismo, sentido de la responsabilidad, exigencia de justicia social, fuerte sentido crítico, deseo de igualdad de oportunidades... Y, por último, un amplio y frondoso ramaje. Unas ramas crecen y se orientan hacia la izquierda; otras hacia la derecha; unas se alzan erguidas, desafiantes, hacia arriba; otras aparecen algo curvadas hacia abajo, en ademán conservador. Todo un mundo, se lo aseguro, y además constituye un índice o muestreo sociológico y generacional muy interesante.

(Me cuenta De la Sota el respeto que los hombres de la Agrupación sienten por las posiciones políticas de los demás. Conviven hombres que sirven a la Administración y al Movimiento con lealtad y entusiasmo —"porque entienden que es su deber", me dice— junto a otros que "honestamente —afirma— entienden que no deben colaborar con el sistema". Para el presidente de la Agrupación de Madrid, ambas posturas las supone sinceras, y me hace hincapié en el respeto mutuo que se mantiene entre unos y otros miembros... "Y que conste —añade— que no pretendo hacer la apología de la Agrupación, que junto con estas virtudes tiene otros defectos importantes, y algunos lastres como el de su propio nombre, que la hace tan vinculada a un pasado que dificulta e incluso condiciona las opiniones, las filias y las fobias de aquellos que no pasaron por el Frente de Juventudes, e imposibilita las adscripciones militantes que, de otro modo, nos consta, serían fáciles". Uno, que no ha pasado por el Frente de Juventudes, piensa hasta qué punto esa dificultad, se debe a una imagen estereotipada —no carente de apoyo real— dé unas actividades juveniles más centradas en desfiles y disciplina cuasi militar que en un auténtico rodaje cara a una convivencia política democrática. Tal vez todo dependa de lo que en cada momento y cada mando del Frente de Juventudes entendió que era la Falange. Por eso, le pregunto a Luis Fernando de la Sota sobre la vinculación real de la Agrupación con el ideario falangista y con la propia Falange histórica.)

L.F.S.— Nuestra fuente inicial ideológica proviene, sin lugar a dudas, del falangismo fundacional. Lo que ocurre, y de ahí que para algunos tengamos fama de heterodoxos, es que nos hemos negado a anclarnos en el pasado, y en la lectura ininterrumpida y exclusiva de las Obras Completas. Hemos intentado, en la medida de nuestras fuerzas y posibilidades, abrir caminos nuevos, dar respuestas concretas a los problemas concretos de hoy. Y en unos casos, estas respuestas se ajustan a los patrones tradicionales del falangismo. Pero, en otros, esas respuestas, debido a las importantes modificaciones so-ciopolíticas y socioeconómicas de España y del mundo, no se ajustan tanto a aquellos patrones. Pero eso no nos preocupa. Lo importante es andar, adivinar, imaginar. Con el riesgo, por supuesto, de equivocarse. Incluso reivindicamos ese derecho. Cualquier cosa menos pararse en la historia. Ese es un pecado que no puede cometerse en política, porque equivale a convertirse en un fósil...

LOS SIGNOS EXTERNOS FALANGISTAS

CRIBA.— Pero usted sabe que en nombre de una única Falange y cantando el "Cara al Sol", se adoptan hoy posturas integristas, involutivas, defensivas o como quiera llamársele...

L.F.S.— Precisamente por eso, en la Agrupación de Madrid, y me consta que en otras muchas, los signos exteriores se prodigan muy poco. Desde hace muchos años se ha hecho muy mal uso de ellos. La Falange se ha utilizado para encubrir o disfrazar muchas cosas. Unas muy sucias; otras, simplemente diferentes de lo que era la Falange en esencia. ¿Cómo no va a molestar ver que la ultraderecha utiliza el simbolismo falangista para encubrir su propio vacío? Pero en el fondo, ha sido más perjudicial la asimilación de muchas actitudes públicas con ese pretendido falangismo. De cualquier forma, yo no soy partidario de un esfuerzo desmesurado por reivindicar el purismo de la Falange. Ya sé que hay muchos falangistas que no comparten esta tesis, pero yo creo preferible hacer cosas y que sean los demás quienes califiquen. Para el pueblo, en general, la diferenciación de estos campos es muy difícil. Para los sectores politizados y de buena fe, creo que no lo es tanto. Se trata de saber, a la vista de los "programas", quién sé produce como falangista, y quien, a pesar de ir cubierto de flechas y de camisas azules, es imposible que lo sea, por absoluta incoherencia entre el falangismo y lo que hace y dice.

CRIBA.- Hablemos de otro asunto. Creo que no hay por qué ocultar que algunos miembros de la Agrupación opinan que el semanario "CRIBA", vinculado a ella fundacionalmente y de hecho —aunque jurídicamente lo edite una Sociedad Anónima independiente—, se ha despegado de las perspectivas ideológicas que alien

NO CREO VIABLE HOY EL CAMINO REVOLUCIONARIO

tan la Agrupación. ¿Qué opina usted, personalmente, sobre este asunto y sobre el actual momento de la revista?

L.F.S.— Este es un tema que creo han dejado ya bastante claro, tanto Nicolás Rodríguez, anterior presidente del Consejo de Administración de Prominsa como el actual, José Gárate. Efectivamente, la idea fundacional de la revista CRIBA, nació en el seno de la Agrupación, y de ella salieron las primeras aportaciones de capital, y los primeros esfuerzos. Con unos y con otros, escasos los primeros y gigantescos los segundos, se pudo poner en la calle la revista. Efectivamente, miembros de la Agrupación de Madrid son una buena parte de los que de una u otra forma hacen posible CRIBA, pero sería irreal desconocer que junto a ellos están, en primer lugar, un reducido pero excepcional equipo de profesionales, que en definitiva son (os que hacen la revista, que aunque identificados en muchas cosas, no tienen nada que ver con la Agrupación, y después, otra serie de hombres y de intereses, ajenos también al inicial planteamiento. Por todo ello, CRIBA no puede, ni debe, y si me apura no debería ser nunca el portavoz de la Agrupación. Y de hecho, en ella, y usted es testigo excepcional de ello, han opinado hombres d£ ideología muy diversa, y hemo? estado siempre muy abiertos a la diversidad de criterios siempre que se hayan producido con una elemental mesura, aunque hayan ido a contrapelo de nuestras propias ¡daas. Si como parece, la revista ahora va a realizar una auténtica escalada, superadas sus primeras dificultades, se verá cómo la participación de hombres no procedentes de la agrupación es mayor, sin que ello signifique por supuesto, al menos en lo que a mí concierne, que la línea que ha venido manteniendo nuestra revista se modifique.

CRIBA.- Volvamos a temas más generales. Desde su punto de

vista, en una sociedad capitalista como la nuestra, el ideario falangista, ¿qué aportación puede ofrecer?

L.F.S.— Creo que puede propiciar un cambio profundo en muchas de las estructuras actuales, modificando, cambiando, suprimiendo lo que sea necesario. Pero sin necesidad de partir de cero. Sin arrasamiento previo de lo actual. Si a esto le quiere llamar posición reformista o reformadora, hágalo así, aunque el término está muy deteriorado, debido a algunas experiencias extranjeras y a que también produce confusión.

LA IZQUIERDA, NECESARIA

CRIBA.— ¿Cree seriamente que es posible una izquierda, sin salirse de los presupuestos constitucionales de nuestro país?

L.F.S.- Más que posible, necesario. Casi diría que imprescindible. Como usted sabe, el régimen nació acogiéndose en esa materia a un postulado falangista, equidistante de la derecha y de la izquierda. Pero aquella frase estaba vinculada al tiempo un que se pronunció. Más tarde, terminada la guerra, y hecha la maniquea separación entre buenos y malos, e la izquierda le adjudicaron todas las perversidades humanas y dejaron para la derecha todas las perfecciones angélicas. A pesar de toda la orquestación en este sentido, la maniobra ha sido tan burda que nosotros nunca hemos caído en ella. Y tal vez precisamente por rebeldía, cuanto más se inclinaba el sistema hacia la derecha, más iban nuestras simpatías hacia la izquierda. Por supuesto que ya sabe lo difícil que es diferenciar los justos lindes de "la izquierda y la derecha", ya que siempre habría que referirla a un punto concreto establecido. Pero en cualquier caso para contrarrestar la clara inclinación de nuestro país hacia lo que se ha venido llamando postura derechista, conservadora, sería preciso crear un contrapeso izquierdista, o lo que es lo mismo, aperturis-ta, social izador, avanzado y creador, en consonancia con las corrientes europeas. Esa izquierda debería ser de características nacionales, "a la española", y a la vez que respetar los valores espirituales y trascendentes, habría de acometer decididamente la tarea de hacer posibles unos cauces de participación, así como unas profundas reformas en orden a una mayor participación obrera en la dirección política del país. Una izquierda que se dirigiera a la reforma de la empresa —incluida la empresa agraria—; que impidiera la especulación del suelo; frenara el monopolio de la banca privada por el camino de la nacionalización o, si esto no fuera hoy viable, por sistemas de competencia sindical. Una izquierda, en fin, que contrapesara la clara preponderancia de la derecha, sería una eficaz opción del sistema para su perfeccionamiento y corrección. En esa izquierda, junto con muchos falangistas, estarían o deberían estar otros hombres de otras procedencias, que se comprometieran a dar más valor a su coincidencia de futuro que a su origen o inicial militancia. La época délos exclusivismos creo que ha pasado, y se hace necesario compartir ideas y esfuerzos, en beneficio del bien común.

CRIBA.— Una pregunta más para perfilar su personalidad política. Está claro que usted es falangista. ¿Es, también, monárquico?

L.F.S.— Si esta pregunta me la hubiera hecho hace cinco años, por ejemplo, mi respuesta hubiera sido rotunda; NO. Si ahora le contestara de otra manera sería "más hábil", más "político". Pero no va con mi modo de ser. No he sido educado inicialmente por el régimen en monárquico, y posteriormente, ni emocional ni intelec-tualmente me atrae la monarquía. Pero con la misma sinceridad que le digo esto, le digo también que si la monarquía del 22 de julio, cuando llegue el momento, demuestra que es un instrumento válido y eficaz para España —y dado que no me mueve ninguna clase de resentimientos personales ni fobias ideológicas— serviría leal-mente a esa monarquía. Por el contrario, si así no fuese estaría enfrente con todas sus consecuencias.

(Este es el hombre. Hasta el final honesto, hasta el último momento racional y coherente, con un esforzado empeño, partiendo de su formación y de su propia "circunstancia", de hacer patria sin puños y

sin pistolas).

Bonifacio DE LA CUADRA Fotos: M. López Rodríguez

 

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