Autor: Castelo, Santiago. 
   Luis Emilio Calvo-Sotelo     
 
 ABC.     Páginas: 2. Párrafos: 34. 

LUIS Emilio Calvo-Sotelo dice de sí mismo que es apolítico. «Mientras las prebendas iban en otra dirección, no me he acercado a camarillas. Sólo ahora en que parece estar en juego, una vez más, el ser o no ser de España, me he decidido a aceptar algunos requerimientos.» Hijo del estadista don José, abogado, economista, presidente de la primera sociedad creada en España contra la contaminación atmosférica, ha ejercido su vocación literaria a través del cuento, e\ drama y el ensayo. Ha obtenido grandes éxitos. Y premios, como el Quijote de Oro, de Televisión, y el Lope de Vega, de Teatro. Sus artículos, en otro tiempo razón de galardones, ahora son creadores dé polémicas. Arrancadores incluso de amenazas de los que viven medrando en las sombras.

—61: ha sido amenazado algunas veces; pero, si no interpreta mis palabras como bravuconería, la realidad es que esas amenazas me han hecho sentirme útH. Soy terriblemente aprensivo para la enfermedad, pero ese tipo de amenazas no me atemoriza.

—Usted, Luis Emilio, ¿es un idealista?

—Sí, lo soy. A falta de otros talentos. Creo que esa condición no me falta.

—Y un idealista, ¿qué piensa del momento político español?

—Pues I mire´ usted: un idealista ha de sentirse preocupado como todo el mundo.

No ya por las dificultades presentes y furas, sino por el abandonismo que impera tos diez años de edad, en 1937, fundé San Sebastián un periodicucho garrapa-aado a mano llamado «La Nueva España»... Hemos tenido una España nueva, pero entre unos y otros parece que la estamos liquidando con. pasmosa desenvoltura.

• La clase política española está en fase de desnutrición

—¿Qué piensa de la clase política española?

—Si se refiere a la que, efe alguna manera, apoyó y apoya al Régimen, está en fase de •desnutrición en beneficio de la marginada o clandestina. Eso está claro. Hay quien busca desengancharse a toda prisa jara que se le perdonen. anteriores vinculaciones. En definitiva: la oíase política del Régimen no es demasiado consecuente y, al 10 serlo, el propio Régimen se cuartea. Yo no creo que «evolucionar» signifique «Kqui-dar» y, sin embargo, dirfase que eso es lo que interesa. De la Monarquía ´se dijo que sucumbió por culpa de los monárquicos; sería triste que al Estado del 18 de Julio le die-

«VEO EN EL PRINCIPE UN FUTURO REY IDÓNEO Y CON SUFICIENTE BASE POPULAR, SI NO SE LE QUEMA EN EL FUEGO DE LOS PERSONALISMOS»

sen la puntilla los hombres del 18 de Julio.

—¿Cómo ve usted el futuro?

—Sin excesivo optimismo al comprobar la cantidad de los tránfugas, el derrotismo que impera y el alcance de las filtraciones.

—Y a su juicio, Luis Emilio, ¿cuál sería la solución?

—A nivel gubernamental, imprimir firmeza y homogeneidad; es decir, convicción. Las últimas medidas han sido como un balón de oxígeno. No hablo de marcha atrás, sino de ser flexibles en lo accesorio, pero firmes en lo fundamental. A nivel naciona!, la concurrencia de los grupos que aceptan la legitimidad del Estado del 18 de Julio con programas mínimos y concretos y plena adhesión al Príncipe y a tas instituciones. A ser posible, pocos grupos.

—¿Cree usted que tendrían adhesión popular esos grupos?

—Sí. Todavía son muchos los millones de españoles que creen en esos valores e ideales.

—¿Cuál podría ser la base de un poslbte bloque nacional?

—Tan amplia, por lo menos, corno el del Frente Popular que se está cociendo en París.

• Podemos volver a la unidad

—¿No cree usted que habría grandes di-´ficuttades para crear ese Frente?

"La vacuna de la guerra civil; de las neveras, de la mayor educación colectiva, servirá para que no se

repita un drama como el del 36, pero la cristalización en grandes bloques me parece probable, pese a los riesgos que comporta el hecho."

—Por supuesto. La idea hoy no pasa de ser una utopía. Pero, paradójicamente, podemos volver a la unidad después da haber ensayado la pluralidad.

—¿Qué opina de Fraga y su programa centrista?

—No hay duda de su envergadura personal —ha celebrado consultas como un jefe de Estado—, pero su programa no me parece atractivo ni útil. No crieo en el cen-trismo no ya porque lo defienda un hombre que vistió la camisa azul, sino porque el mundo camina —es decir, sigue caminando— hacia ta formación de grandes bloques y, los centristas acaban por ser superados o quedan escindidos, como ocurrió con Lerroux y Gil Robles. Tampoco la fórmula ha funcionado en Italia. Suponer que un programa centrista sirva de colchón puede* ser en teoría una idea sugestiva, pero dudo de su eficacia práctica. Colchón eran Beren-guer y Spínola y ya hemos visto e! final.

—¿Supone entonces que llegaremos en España a grandes alianzas antitéticas? ——No me sorprendería, de continuar la presente liquidación. La vacuna de la guerra civil, de las neveras, de ta mayor educación colectiva, servirá para que no se repita un drama como el del 36, pero la cristalización en grandes bloques me parece probable, pese a tos riesgos que comporta e) hecho. Estos bloques existen en los países vecinos —Portugal, Francia—, en las grandes democracias —Estados Unidos, Inglaterra— y también a nivel mundial: el llamado mundo ubre y el comunista. ¿Por qué íbamos a ser una excepción nosotros, siempre propicios a radicalizarnos? Tenga usted en cuenta, Gástelo, que el comunismo tenía en España en 1936 escasos afiliados, su fermento era tímido en el mundo y sólo estaba instalado en una potencia de tercer orden. Hoy esa potencia es ta primera del mundo y el sistema está instalado a escata de, Gobierno en cuatro continentes y en numerosos países.

«CONVIENE NO INCIDIR EN EL ERROR DE CONFUNDIR EVOLUCIÓN O APERTURA

CON EL PROCESO DE LIQUIDACIÓN GRATUITA DEL RÉGIMEN»

«EL PROGRAMA DE FRAGA NO ME PARECE ATRACTIVO NI ÚTIL»

• El derecho de los muertos

—Luís Emitió: ¿usted cree en !a cvc^ción?

—Sí. pero con reservas. Una apertura que «teje a saJvo tos principios y tes instituciones. Algunos dicen que «eso» no es apertura; bien: en ese caso me parece perfecto que me Mamen inmoviiista. Estamos instalados en une democracia orgánica ^ae ha funcionado y debe perfeccionarse, pero no «ístoy conforme con que ef sistema deba liquidarse.

—¿Y la juventud?

—Hay que contar con ella, ¿cómo no? Pero ta juventud es proclive a dejarse seducir por cualquier idea de cambio, sea bueno o malo. España no es salo de la generación futura —como ahora se repite tan-:o-—, sino de ta presente, de la de nuestros ladres y, s! me apura, también de Ja de nuestros muertos. Ese bello «slogan» en desuso, el «¡presente!» de las ceremonias funerarias, significa que no les olvidarnos, que estarán, efectivamente, presentes a la hora de programar cualquier cambio, porque los muertos tienen derecho a que se tes escuche, como en Derecho positivo se escucha su testamento. Quizá esto escandalice a muchos porque les parecerá una postura retrógrada, pera significa tan sólo que un pafs es la suma de su pasado, de su presente y de su futuro y que, al proyectar éste, no se puede cortar, como con un par de tijeras, el hoy y el ayer. En una pafabra: no admito esa ruptura con el pasado que algunos desean so pretexto de que la juventud no lo vivió. Y hay quien, sin ser joven, pretende´ arrasar las instituciones afirmando representar a ta juventud. Esta actitud me parece «responsable y farisaica. A fin de cuentas la España que tenemos -no la hizo la juventud, que tiene derecho a opinar, pera a quien no se puede confiar en exclusiva el monopolio del futuro.

—Señor Calvo-Sotelo: ¿a qué político actual´ admira más?

—A Gonzalo Fernández de la Mora; es et gran intelectual de la derecha y posee el

rigor, la serenidad y el temple de los grandes jefes. Por el presidente de (as Cortes, con quien he colaborado durante años, siento devoción personal; su capacidad de maniobra y su flexibilidad son indudables. Silva es un político serio. Me seduce la inteligencia de Sánchez Bella. De los menos jóvenes admiro la entrañable perseverancia de Valdeiglesias. Emilio Romero puede ser como esos cínicos de las películas que, en la última escena, dan la sorpresa y resultan ser más idealistas de lo imagina-´ble. Con Blas Pinar coincido en casi todas las cuestiones de fondo y disiento en casi todas tas cuestiones de forma.

41 El próximo presidente del Gobierno

—¿Quién cree usted que .pueda ser el próximo presidente del Gobierno?

—Creo que el actual equipo se ha robustecido. Pero, de haber crisis, pienso,, que Rodríguez de Valcárcef tendría muchas posibilidades porque su flexibilidad, dentro de la ortodoxia de! Régimen, hace que su imagan sea aceptable para muchos sectores da la clase política.

—De las asociaciones actuales o en proyecto, ¿cual prefiere?

—A.N. E. P. A,, con quieri he mantenido contacto, está--en buena linea aunando a profesionales serlos. También posee peso y ortodoxia el nuevo grupo de consejeros nacionales. Personalmente me atrae el grupo embrionario en el que me muevo —aunqus no sé si saltará al terreno—, que suma los principios e ideales del Alzamiento con los de Acción Española. Hay en esa minoría, a mi juicio, cabezas eminentes capaces de conformar una derecha civilizada, pero inequívoca,

—¿Qué opinión te merece el Principe Don Juan Carlos?

—Cuenta, como Don Juan, con mi devoción y respeto; con ta diferencia de que et Príncipe está en La Zarzuela y, por tanto, a él debemos apoyar sin reservas que,- por respetables que sean, dividen e los españoles. Es urgente aclarar e1 «status» de! Infante Don Felipe. No dudo de la prudencia, la preparación y la buena voíuntad del Principe, 4o mismo que de la Princesa; creo que et pueblo siente por ellos una simpatía sincera porque ta pareja es seductora. Constituye, pues, un futuro Rey plenamente válido para asumir, con garantías personales y suficiente adhesión popular, el Trono. De lo que dudo es de los hombres que le rodeen en el futuro. Si al Príncipe no le queman en el fuego de los personalismos y tos espejismos liberales y no surge ningún Cara-manlis, estoy cierto de que no fallara al país; pero no faltará quien le haga la navegación difícil. Creo, pues, que no está en el Príncipe ni en el pueblo, sino en la dase política, la viabilidad de una sucesión que siempre encontrará dificultades tras el trauma de la desaparición física del Generalísimo. Esta es la gran responsabilidad de quienes rodeen al Principe y gobiernen a España en la fase de transición.

 

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