Fuego graneado contra Areilza     
 
 Blanco y Negro.     Página: 28-29. Páginas: 2. Párrafos: 13. 

FUEGO GRANEADO CONTRA AREILZA

LAS palabras del ministro de Asuntos Exteriores, don José María de Areilza, en París en relación con ei secretario general del ilegal Partido Comunista Español, Santiago Carrillo, han levantado una gran polémica en diversos sectores del país. A la pregunta de uno de los periodistas sobre la posibilidad de que Santiago Carrillo solicitara un pasaporte, el señor Areilza contestó: «El señor Carrillo es un ciudadano español como los demás y no será discriminado por razón de su ideología. Otra cosa sería si tuviese un problema judicial pendiente».

Et día 18, la Comisión de Presupuestos de las Cortes abrió la sesión con la protesta de los procuradores señores Madrid del Cacho, Peralta España, Serrats y el general Galera Paniagua.

El señor Madrid del Cacho, representante de los empresarios del Sindicato de la Madera y el Corcho, afirmó que le gustaría saber si tales declaraciones habían sido formuladas por el ministro de Asuntos Exteriores: «Me gustaría saber si hemos hecho aimo-neoa y si la hemos hecho en muchas cosas». Para finalizar, sostuvo. «Progresión, sí; integración, sí. Pero sin desintegración».

Don Luis Peralta España, todavía subsecretario de la Gobernación, expuso que había leído con profundo dolor las declaraciones atribuidas a Areilza y que hablaba como procurador familiar por Málaga y no como subsecretario de la Gobernación. Señaló que era muy aficionado a la recopilación de todo tipo de publicaciones extranjeras y mostró una fotocopia de la entrevista realizada por el semanario italiano «L´Eu-ropeo» con Santiago Carrillo, el 10 de octubre último, de la que era autora Oriana Fa-lacci. La entrevistadora preguntaba: «¿Si Franco fuese procesado como lo ha sido Papadopoulos en Grecia, querría o no que fuese condenado a muerte?». Carrillo respondía: «Sí, Franco, sí. Mientras estoy dispuesto a dejar con vida a los policías de Franco, no estoy dispuesto a dejar con vida a Franco. El e s demasiado responsable. El es mucho más culpable que los torturadores, bestias infelices que se comportan como tales. Firmaría la condena a muerte de Franco». Oriana Falacci in«iste: «¿Y si muriese antes, de viejo, se entiende7» Res-ionH.ía Ca:-r-llo: «Me desagradaría mucho. Estoy entre ios españoles que piensan que ver morir a Franco en su cama sería una injusticia histórica. Yo nunca he esperado que Franco muriese y he hecho lo posible para cazarle antes de que se muera».

Peralta España se preguntó a continuación qué se le diría a Franco al día siguiente cuando el Rey y el Gobierno fuesen al Valle de los Caídos para asistir a un funeral por su alma. Más adelante, el todavía subsecretario de Gobernación, explicó que el 16 de agosto de 1936 habían asesinado a su padre: «Hace muchos años que he perdonado, de todo corazón, a los asesinos.

Las declaraciones de Carrillo, de octubre pasado, son revanchistas y quieren el crimen y la revancha». problemas con estos señores. Además, el iniciar la sesión de las Cortes, bien con una alabanza a un nuevo nombramiento, bien con la condena de una determinada acción, viene siendo ya una práctica parlamentaria, aunque no reglamentaria. Yo no le veo la consistencia a esta postura ni creo que tengan importancia las palabras del señor Areilza.»

«Por otro lado —añade el señor Esperaba—, a mí no me da ningún miedo cruzarme con el señor Carrillo por la calle de Alcalá. El partido comunista no tiene nada que

Don Salvador Serrats Ur-quiza afirmó que todos eran partidarios de la reconciliación y no del revanchismo: «No estamos dispuestos a aceptar la presencia de personas sin castigo que tienen sobre sí crímenes, A los asesinos no hay que ignorarlos, sino colgarlos».

El teniente general Galera Paniagua expuso su indignación y planteó la conveniencia de que Areilza compareciese ante las Cortes para discutir la política que fuera a seguir su Ministerio: «Hasta ahora no entiendo esa política; mejor dicho, la voy entendiendo y me voy alarmando».

Por su parte, Esperaba de Arteaga defendió al señor Areilza. «A mí me dio la sensación —nos dice el señor Es-perabé de Arteaga— de que aquello estaba instrumentado. El que el señor Peralta España llevara fotocopias de la entrevista que Santiago Carrillo concedió a la periodista italiana Oriana Falaci es bastante significativo. El señor Del Cacho tomó la palabra para decir que si el señor Areilza había hecho esas declaraciones en París tenía que rectificarse. Todo esto me olió a "tongo" y a continuación tomé la palabra, porque el día anterior también había habido hacer en España y yo no aceptaría, por tanto, que el señor Carrillo viniera con la intención de ¡dar un golpe de Estado en nombre del escaso tanto por ciento de simpatizantes que pueda tener en el país. Estamos, desgraciadamente, como en el año 36, en los inicios de la guerra, no se ha avanzado nada para algunos señores. Oue el señor Serrats dijera que había que colgar a los asesinos en vez de dejarlos entrar en el país me ¡parece sin sentido. A mi hermano le mataron y en aquel entonces no pude averiguar la identidad de ios asesinos, pero si me los encontrara ahora les perdonaría con toda seguridad.»

«El problema y lo que de verdad ha hecho daño a algunos procuradores es el "programa de Paris" del señor Areilza, el sufragio universal a que se refirió. Ese es el peligro fundamental para los que se sientan en los escaños de las Cortes. Lo de Carrillo fue un signo externo de la repulsa hacia el sufragio universal.»

«Nosotros representamos al pueblo de una forma dogmática, pero hasta que no haya sufragio no sabremos "quién es iquién". Yo, que he sido elegido masivamente, no me considero representante legí-

Areilza

V ya le piden explicaciones

timo, y mucho menos se considerarán algunos procuradores que han sido elegidos por siete votos de compromisarios. Por otra parte, en este momento hay 22 procurado-

la Prensa sobre criterios expuestos por el señor Areilza al hablar del señor Santiago Carrillo. Mi repulsa es tota! hacia esta actitud del señor Areilza, y mi deseo es que la política exterior ha de ser fiel reflejo de lo que en este orden desean España y los españoles, contenidas en nuestras Leyes Fundamentales. Mi confianza en el presidente, señor Arias, y en el Rey me hacen pensar que tomarán cartas en el asunto para que las actuaciones y actitud de los ministros del Rey respondan fielmente al juramento hecho a la Constitución de España y a España misma».

Las palabras de la señorita Plaza fueron acogidas con aplausos por parte de la Comisión. «Si

no hubiera tocares elegidos directamente por el desaparecido Jefe de Estado, que deberían haber puesto su cargo a disposición del Rey y no lo han hecho, se han contentado con visitarle en el palacio de la Zarzuela.

«Defendí —añade— al señor Areilza porque >me pareció justo y porque considero que hay que salir al reencuentro de todos los españoles, y para ello es necesario superar las consecuencias de la guerra civil.»

A! día siguiente, en la Comisión de Trabajo de las Cortes, la señorita Mónica Plaza tomó la palabra para decir: «Quiero, señor presidente, manifestar mi adhesión a las manifestaciones hechas en el día de ayer por la Comisión de Presupuestos contra la actuación del ministro de Asuntos Exteriores en relación con las declaraciones que recoge do el tema la Comisión de Presupuestos —nos dice Mónica Plaza—, mi actitud hubiera sido igual, porque considero que fia política tiene que ser un reflejo de lo que el pueblo español quiere. Yo soy realista y entiendo que la sociedad española tiene posibilidad de reformas, desarrollo, etc., pero ipara que una Constitución pase de una actitud a otra tiene que contar con el pueblo. Mi único compromiso es con el país, y en este sentido mi postura, que siempre ha sido positiva y de colaboración, puede ser también crítica.»

Posteriormente, e I señor Areilza, según ha informado la Prensa, envió una carta al presidente de las Cortes, señor Fernández Miranda, y en ¡a que incluía sus declaraciones textuales sobre el señor Carrillo.

 

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