Autor: Miguel Rodríguez, Amando de. 
   Los "futuritos"     
 
 Informaciones.    28/10/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

LOS «FUTURITOS»

Por Amando DE MIGUEL

NO tengo más remedio que reincidir en el pecado de autoindulgen-cia comentando para ustedes la otra lista de «futuritos», esta vez «los 50 españoles para el futuro» político, según «Gentleman» (pronunciado, «gen-tilmán-). Estos son todavía más amigos y se van a enfadar si no les.critico.

El futurólogo reconoce con desfachatez que en la lista no va ninguna mujer, lo cual es tan arriesgado corno presuntuoso. ¿Seguiremos teniendo en el porvenir un elenco político unise-xuado? Si es así, pocos cambios nos esperan.

¿Quiénes son los 50 «male-Spa-níards» para «Gentleman»? Los de siempre, los amigúeles, se ha dicho, y no le faíta razón a quien así piense.

Los anticipados son antes que nada «madrileños». Quiero decir, no los nacidos en Madrid (aunque hay bastantes), sino los que ejercen de «madrileños» por estar vinculados a las actividades del poder o de la oposición que necesitan vitalmente el aire da la Villa y Corte. Incluso la media docena de barceloneses que salen son de los que «suben» regularmente a Madrid o invitan a los «madrileños». Fuera de las dos capitales, !a representación de las provincias es prácticamente nula. Por aquí no se vislumbran cambios demasiado revolucionarios. Incluso si hemos de confiar en estas auscultaciones, lo del centralismo es mal que se agrava.

Tan «madrileño» es el conclave aquí reunido, que hay nada menos que siete que señalan que estudiaron en el Colegio del Pilar, en el verdadero corazón del barrio de Salamanca, en el sentido ecológico y social de este madríleñísimo ensanche. Debe de haber más en la lista con este antecedente, por lo "menos otros tres. Por si fuera poco, otros dos de los seleccionados hicieron el bachillerato en el Colegio Santa María, de San Sebastián, hermano siamés de! Pilar. Me apresuro a decir, para completar estas azarosas concomitancias, que Ignacio Camuñas —que no está en la lista, pero sí detrás de ella— es un distinguido antiguo alumno de! Pilar. Así como los antiguos de Sarria se destacan por una rara mezcla de vocación empresarial e intelectual a un tiempo, los del Pilar se espacializan en rutilantes oposiciones y suelen dárseles bastante bien la pluma (los marianis-tas se preocupan mucho de eso de «redactar»).

La tabulación de las profesiones no nos revela demasiadas esperanzas de cambio: trece abogados, once empresarios y altos ejecutivos, nueve catedráticos, dos letrados del Consejo de Esíado, dos diplomáticos, dos abogados del Estado, etc. Pero, Señor, ¿es que aquí van a mandar siempre los mismos? ¿Pero es que hay algún inconveniente par» que los maestros de E. G. B., los farmacéuticos, los linotipistas, los agricultores o los comerciantes lleguen a tener «futuro político»? Por lo visto, de nada vale que se pase de un autoritarismo expreso •a un democratismo «tácito», de un «socialismo nacional» a un socialismo del otro (con o sin pactos y alianzas). Los que parten el bacalao son siempre los mismos. No es que se deje Intacta la estructura de clases, es que continúa el predominio de los distintos «cuerpos».

Me preocupa otra cosa: ia confusión entre el papel de intelectual crítico de la sociedad y la etiqueta de que esto se hace como parte de una carrera política, para tener un cargo político, como alternativa hasta la llegada al Poder. Al menos en mi caso es claro: ni en este ni en el régimen que sea me gustaría acceder a puestos de decisión política, pero en este y en cualquier sistema político que rija en mi país me sentiré obligado —hasta el punto del riesgo profesional— a colaborar con mis estudios y mis críticas a que la sociedad se transforme en un modelo en que la gente sufra menos y se repartan más equitativamente las escaseces. Esta vocación política entiendo que es muy diferente de la actitud de participar en la dirección u organización de un movimiento político y sobre todo del deseo de tener una cuota de poder decisorio.

Vaya, que no deseo ser ministro, por lo menos en las circunstancias Imaginables. Admiro a quien quiera serlo y apoyaré a algunos de esos veros solicitantes. Pero estoy en parte con Aranguren cuando dice que un intelectual será siempre de la oposición. O al menos me siento muy poco acorde con algunos intelectuales que están siempre dispuestos a ser de! Poder.

Señores confeccionadores de listas de futuros ministrables, oigan esto: Pase que elijan ustedes a sus amigos, pero procuren abrir el abanico social de sus amistades políticas. No nos vayan a hacer una xerocopia de la estructura de poder que, por un lado, tanto critican. Amplíen la base y sobre todo apuesten por los que están dispuestos a asumir el Poder. Desconfío de cualquier sistema político en que la mayoría de esas vocaciones procedan de los altos cuerpos de la Administración, del alto empresariado o de algunas profesiones liberales (¿por qué no hay médicos o arquitectos entre los candidatos?). Esos sectores sociales son reducidísimos. Ya mandan socialmente y no tienen por qué tener también el monopolio de! Poder político. En él debe haber gentes de los dos sexos y de las dos clases, de todas las regiones, civiles y militares, religiosos y agnósticos. Por supuesto que también jóvenes y viejos, pero lo de la «chance» para la nueva generación es una falacia Inmensa si sólo se cambia eso: la edad. Cualquier grupo político organizado en torno a la homogeneidad generacional es un fracaso y un incordio. Mis queridos y «tácitos» amigos: ¿por qué no nos ponemos a hacer una lista en serio?

 

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