Miguel Rodríguez, Amando de;  :   
 Treinta y cinco años, sociólogo, casado, dos hijos, natural de Zamora. 
 Actualidad Económica.    12/10/1974.  Página: 51-52. Páginas: 2. Párrafos: 1. 

61. MIGUEL RODRÍGUEZ

Amando de; ireinta y cinco años, sociólogo, casado, dos hijos, natural de Zamora.

Gafas redondas, bolso al hombro, melena e indumentaria «in»... nadie sería capaz de reconocer bajo este aspecto al joven de pelo perfectamente cortado, bien vestido, afeitado y con gafas cuadradas de intelectual que deslumhraba a los alumnos de Sociología hace un par de años. Lo cierto es que su expediente resulta impecable. Terminó el Bachillerato en San Sebastián con los marianistas y, naturalmente, con premio extraordinario. Estudió la carrera de Políticas como becario y se doctoró, naturalmente, con premio extraordinario, además del Premio Nacional Fin de Carrera. Dirige brillantemente cursos y seminarios, confecciona el libro "Encuesta sobre los presupuestos mentales de la juventud española» y obtiene una beca Fuíbright para estudiar en Estados Unidos, naturalmente con el número 1. Obtiene el segundo año una beca March para seguir estudiando en la Universidad de Co´lumbia. Consigue también una beca del Research Center for Economic Development and Cultural Change de la Universidad de Chicago y realiza en estrecha colaboración con Juan J. Linz un gran número de trabajos. Entra a trabajar como director técnico de Ibero-métricar S. A., y contribuye a fundar la empresa Data, S. A., en la que es nombrado presidente. En el año 71 gana por oposición la cátedra de Sociología de la Facultad de Económicas de Valencia. Es un investigador infatigable y sus análisis sociológicos son variadísimos. Políticamente opina que ya estamos situados en el posfranquismo desde hace un par de años, basado «en el gobierno de las fuerzas que han apoyado a Franco, pero sin la legitimidad de haber ganado una guerra civil. En consecuencia, esas fuerzas tienen que gobernar necesariamente con más dureza que el propio Franco y con más éxito económico, incluso, pues de lo contra rio no serían aceptadas».

 

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