¿Quién gana?     
 
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¿QUIEN GANA?

QUIEN lea ÍNDICE desde hace algún tiempo sabe que los sucesos políticos de estos días nos son «ajenos», aunque nos afecten. Igual que al resto de los españoles. Y de un modo inmediato. ¿Favorable? Está por ver. Nuestra expectativa—la de quienes hacemos la Revista— no es enconada, si bien tampoco es «afín». Se sabe. Huelga insistir en ello. Esto nos deja libres las manos —la cabeza— para ver y juzgar.

Y a tenor de lo que observemos, así será nuestra palabra, o sea, nuestros actos, ninguno de los cuales, es lógico, tuvo algo que ver en la crisis de Gobierno última. En este punto nuestra conciencia sigue en paz. Incluso diría que satisfecha, pues los sucesos «políticos» a que aludo han dado la razón a bastantes tesis sostenidas aquí desde hace tiempo, y que puedo resumir en una: la ceguera de la izquierda ha facilitado, casi diría que propiciado, el éxito de la derecha, hoy patente. ¿Quién gana?

No seamos nerviosos. La calma se impone. Los hechos sucesivos nos dictarán la conducta adecuada.

¿Abrirá los ojos un pensamiento político nuevo, digno de ese nombre, no dormido—«secuestrado»— ni mudo? Confiamos en que así sea, y nos disponemos a insistir en lo ya dicho, para que no quede por ÍNDICE... (Se incluyen en las páginas que siguen algunas citas válidas, con la salvedad de que suenan a tardías. En su momento fueron oportunas. Se anticiparon, repito, a lo venido después, a la política de hoy.) Ya tenemos un Gobierno «homogéneo». Y ¿ahora? Ante todo, esa unidad de criterio y de acción —que quizá no se mantenga— ha dado pie a una toma de conciencia, todavía larvada, recelosa y escéptica. Puede que desde hoy abra los ojos, crezca y se cohesione. Sería un bien... Y compensaría la unidad funcional, mecánica de la derecha, que es metódica de suyo, y súbita cuando hace falta. La izquierda latente necesita dar señal de sí, sacar la cabeza de bajo el agua, decir «aquí estoy». Únicamente en tal eventualidad —p o c o probable— el juego político será lícito, en busca de una democracia positiva, no ilusoria. Pese a que no sea fácil dicho juego democrático, hay que intentarlo. ¿Queda algo más efectivo que hacer?

£lEMPRE he sostenido que la activi-^ dad pública del que manda no es caprichosa —en bien del propio éxito que se busca—, sino que deriva o dimana de los que obedecen, los gobernados, sus «causantes». Así me comporto, así me gobiernan. ¿Se entiende? Luego la responsabilidad de la vida pública —área de la política— es común. Nadie es libre de sentirse autónomo y no coautor.

El hecho es que las bazas están en manes de quien las tiene y es tarde para lamentos. Y quienes disponen de ellas hoy las han obtenido con «mérito» político, no gratis. Me explico: han aplicado a la realidad pública, social (económica) las leyes de la política. En cada instante han sido fríos, tenaces y racionales.

No han imaginado lo inaudito. Se han atenido a lo real. Y sólo lo real —en el dominio de la política— es verídico. (Suelo repetir, oído a no sé quién, que «lo irreal es falso». Aunque no hay que confundir lo irreal con lo ideal. Justamente un ideal lícito, solvente, es el imán del futuro, nos adentra en el mañana. A condición de que sea realizable, no un vano ensueño...)

EL poder asiste, pues, hoy a quien dispone de él. Aceptemos la evidencia, sin acatarla. No digo, entiéndase, que saltando la ley, rebasando la legalidad: no. Así nos taparían la boca. Pido que se lleven a cabo actos políticos específicos, con un tacto y talento equivalentes a los de quienes dominan ya, de un modo casi completo, que roza lo insólito, la vida del país.

En esa punta de arrogancia —de arrojo— anida su valentía y su riesgo. No les cabe dar más pasos adelante. Ya están en lo alto. Y ahora, ¿qué?

Una raya divisoria distingue, desde el 29 de octubre, a unos de otros. A este lado, la derecha, poderosísima; al otro, los «neutros» o escépticos, el centro y la izquierda naciente. ¿Ha de seguir en su inopia esta inmensa mayoría? Una nueva dificultad: los vocablos derecha e izquierda no son taxativos, nítidos. Lejos de España, también en el mundo, se ofrecen mezclados. La trama de intereses

—bajo la amenaza de guerra— es complejísima ; y los intereses deciden, «opinan», se imponen en la táctica cotidiana, A su vez deciden la estrategia global. ¿En qué polos se anudan los intereses mundanos, mundiales? He ahí las dos siglas que todos los días repite la prensa: USA-URSS. ¿Ha sido borrada una alternativa distinta? Por el momento, sí. Pero no pasado mañana. Ese después ¡pero desde hoy! importa a la izquierda española, según imagino, y la ideo, y a la que intento, desde antiguo, servir. Ante las dos siglas gigantes, USA-URSS, me asusto, aunque no me inhibo. Y tampoco me acuso de nacionalista. Mi «nacionalismo», que confieso, es internacionalista; a saber, extensivo, no limitativo: toca y abarca a las demás naciones consanguíneas que hablan español, sin que se detenga en esa linde del idioma. También alcanza a los pueblos pobres, inofensivos y, pese a ello, combatidos, del tercer mundo. Como cristiano me uno a los indigentes, dando mi pelado grito «humanista».

Y sin que se me oculte —al revés— que la tarea del desarrollo científico y técnico (económico) ha de ser acometida del brazo con otros países. Las islas o «ínsulas» históricas son inviables. Rechazo la «autarquía».

¿Qué opción que no sea la invocada le cabe a una izquierda consciente y honesta?

TT SPAÑA no se ha escindido todavía, JQ, pero aboca a ese peligro; en su cuerpo nacional—su carne y su «si-quis»— y ante el mundo. Lo digo con máxima buena fe, y en son de «voz» amistosa a los que gobiernan. ¡Cuidado con la estructura de convivencia*. Es la clave de la unidad, pero también de la equidad, del bienestar para la mayoría. Quien firma abajo, a título de director de ÍNDICE, no detenta ni intenta el poder —y lo saben algunos de los que mandan—. Mi voz es patriótica, en el sentido de que la patria es una herencia colectiva y no un dominio privado o privativo de pocos. Se trata, exactamente, de la mayoría y de la genealogía. No falsifiquemos nuestra «cédula de identidad» histórica.

J. FERNANDEZ FIGUEROA

 

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