Autor: Fernández-Cuesta y Merelo, Raimundo. 
 Tres promociones de españoles ante el futuro de España: 49 microartículos. 
 Paz continuada     
 
 ABC.    02/04/1964.  Páginas: 2. Párrafos: 14. 

TRES PROMOCIONES PAZ CONTINUADA

Celebra España en estos días sus veinticinco años de paz, con una serle de actos y ceremonias conmemorativos de tan fausto acontecimiento. Paz inherente a un orden armonioso, en el aue cada cosa ocupa el lugar que le corresponde por su naturaleza y finalidad/ Paz, no superficial, ni de sepulcro, sino profunda, viva, dinámica, lograda merced a una doctrina ¡política justa y humana, que Re ha ido convirtiendo en realidad, mediante la colaboración de los españoles y la dirección de un estadista excepcional al que debemos gratitud imperecedera, y cuya Intrínseca valoración no Quiero destacar con adjetivos elogiosos, para evitar pudiera confundirse la justicia con la adulación.

Precisamente porque, gracias a Dios, damos a esa paz toda la dimensión y alcance que efectivamente tiene, es por lo que nuestra máxima aspiración, como hombres y españoles, debe ser la de trabajar para que no se interrumpa, y sí sabemos el porqué de su existencia, claro es que el mejor medio de conservarla será asegurar la continuidad de las causas que la hicieron posible. Con palabras más claras y directas, trabajar por la continuidad de nuestro sistema político.

Puede ser que algunos entiendan que, justamente la garantía futura de esa paz consiste en lo contrario, en evolucionar hacia concepciones y formas distintas dé las actuales, porque éstas, en el mejor de los casos, ´han cumplido ya su misión y cerrado su ciclo. Escribimos así, porque no podemos ignorar que .personas no clasificadas en la oposición, vinculadas al Régimen, en conferencias, artículos y libros, han expuesto teorías o proyectos de organización política en los que junto a principios que nadie discute, incluyen las fórmulas de sufragio universal, régimen de mayoría y partidos políticos, con olvido >ie las declaraciones terminantes que sobre ellas contienen los principios fundamentales d«l Movimiento.

Tal actitud la considero equivocada. En primer lugar, porque se emplean para defenderla los clásicos y conocidos argumentos utilizados siempre en favor del liberalismo parlamentario y de la democracia inorgánica, a los cuales podríamos oponer los también conocidos y empleados para. combatir aquéllos y probar sus errores. Claro es que nos referimos tan sólo a los argumentos de carácter personal y en su aplicación directa a España, no a los de altísima jerarquía que, inteligentemente, se invocan en apoyo y base de los propios.

|En segundo lugar, porque significa acelerar la vuelta a situaciones, por desgracia, ya experimentadas, en vez de ser el modo de evitarlas, como ellos alegan.

Y en tercer término y principalmente, porque representa el fracaso de un sistema que, por el contrario, ha triunfado; la inutilidad de los sacrificios hechos, Ja traición. a los muertos y el tremendo error de una guerra no provocada por nosotros, y que pensábamos, por lo visto equivocadamente, tuvo por finalidad no sólo terminar con la anarquía, sino restablecer la convivencia social sobre bases de verdadera justicia y libertad.

Pero, a>W»más. y aparte la sinceridad de las convicciones, o del cambio de opinión, dignas de consideración, las compartamos o no, ¿qué razones han podido impulsar a sus partidarios a sostener la evolución que preconizan? ¿Será la mayor elevación moral de la convivencia española? ¿El bien común? ¿Los derechos de la persona? ¿Pero es que esa «moral, ese bien y esa persona no están cristianamente portegidos y amparados ahora? ¿Es que lo estaban más y mejor en los tiempos en que imperaba el sistema anterior a 1936, o van a estarlo si volviéramos de nuevo a él o a otro semejante, con las inevitables consecuencias de sufragios artificiales y corrompidos, odio de clases, separatismos, política mediatizada y demás lacras bien conocidas, que sin pecar de catastrofistas son fáciles de pronosticar?

Pudiera ser que la razón de la evolución a que venimos aludiendo fuera la de dar satisfacción a una parte de la opinión exterior y desarmar la oposición extranjera. En tal caso, no debemos olvidar que el verdadero fundamento de esa oposición se encuentra en el hecho de que la guerra mundial fue ganada por una gran parte de las mismas fuerzas que perdieron la de España, las cuales no se considerarán vengadas, por muchos cambios y evoluciones que hagamos, en tanto no desaparezca completamente cuanto representa y recuerda su derrota y se implante el sistema que les permita dominar o influir en nuestra política, sobre todo la económica. Estoy convencido de que si ahora volviéramos a los partidos y al sufragio universal, pero triunfaran personas e ideales no situados en su linea, seguirían igualmente las campañas de intriga y difamación.

(Realmente es incomprensible por qué nos empeñamos en que España -haya de estar sometida a bandazos periódicos en su Vida pública, y no pueda mantener una continuidad política perfectible.

La Constitución de las Estados Unidos de América fue promulgada, como todos sabemos, en septiembre de 1787. De entonces a hoy, para adaptarse a las exigencias de la vida, ha experimentado muchas modificaciones y enmiendas, ya sea por obra del Tribunal Supremo, del Congreso, de la Administración o de grandes personalidades como Hamilton, Jackson, Marshall y Wil-son, entre otros, pero esas modificaciones han mantenido siempre el espíritu o la línea fundacional de la Constitución, que al cabo de ciento setenta y siete años siguen siendo los mismos e invariables. Es una lección.

Cierto que el mundo cambia en todos los aspectos, entre ellos el político, pero cierto también que en éste los cambios no van hacia las estructuras y los moldes de la democracia de partidos, variedad de sindicatos -y sufragio ´universal. De Gaulle, en Francia; Ben Bella, en Argelia; Nasser, en Egipto; dejando a un lado los países comunistas, no están en esa línea. Sus ´•pginvr´*´g titnsn más puntos de analogía con el nuestro que con aquellos modos y estructuras, y, sin embargo, se les acepta sin discusión y fin ataques en el concierto de las naciones.

Naturalmente, cuanto acabo de exponer no significa que sea partidario de la petrificación y del inmovilismo política. Antes al contrario, estimo hay que marchar con rapidez. ¿Y por qué camino hemos de hacerlo? Por aquel en que actualmente nos encontramos. Eso sí, con afanes de perfección, para dar realidad, vida, eficacia, auténtica representación, posibilidad de día-lego y de fiscalización a las Instituciones ya existentes, a fin de que cumplan las funciones ipara que fueron establecidas, creando las que falten y sean necesarias y promulgando las Leyes Fundamentales que sea menester, ya se reúnan o no en un sólo texto, pues ello no es esencial y así

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lo demuestra el ejemplo de país de tan alto raneo constitucional como Inglaterra.

En definitiva, debemos preocuparnos más por las Instituciones que por las personas, perqué cuanto más fuertes y enraizadas sean aquéllas, menos nos tendrán que inquietar para el porvenir, cuáles y cómo serán éstas. Los españoles, por lo mismo que constituimos un pueblo de hombres libres y conscientes, tenemos la responsabilidad del vivir presente y futuro de nuestra patria, responsabilidad que cada uno ha de afrontar serena y constructivamente, con arreglo a sus medios y posibilidades. A contribuir al cumplimiento de tal obligación obedecen estas líneas, modesto homenaje también a la Paz que disfrutamos gracias a una doctrina, a un sistema y a un hombre: Francisco (Franco.

Raimundo FERNANDEZ CUESTA.

 

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